P. Vladimiro Rossi

P. VLADIMIRO ROSSI

* Centrale (VI) 26 de Enero de 1923

† Mendoza (Argentina) 16 de Septiembre de 2012

 

En la madrugada del 16 de septiembre, mientras se celebraban las fiestas patronales de la Virgen de los Dolores, en nuestra parroquia de Mendoza, la Madre amada acompañaba al encuentro con el Señor al P. Vladimiro Rossi de 89 años.

Nació en Centrale (Vicenza) el 26 de enero de 1923. Ingresa a Montecchio Maggiore, hace el noviciado en Vigone donde emite la primera profesión en 1938. Estudia filosofía en Sommariva y Ponte di Piave. Realiza el magisterio en Modena, donde hace la profesión perpetua en 1944. Empieza los estudios de teología en Viterbo, y los finaliza en Buenos Aires donde llega en el año 1947. Allí se reencuentra con su padre, quien años antes, luego del fallecimiento de su madre, cuando Vladimiro tenía sólo tres años, había emigrado en busca de trabajo. El 18 de septiembre de 1948 es ordenado sacerdote en Buenos Aires y en la Argentina será donde P. Vladimiro dedicará de forma generosa toda su vida sacerdotal.

Maestro y párroco en Villa Bosch, Villa Soldati (Bs. As.). Desde 1955 a 1961 se desempeña como Director en Villa Nueva (Mendoza) en el Hogar del Niño Obrero, desde donde viaja a Europa el año 1959 acompañando a los Niños cantores de Murialdo que celebran aplaudidos conciertos. Desde 1962 a 1964 es formador en el Seminario de Mórrison (Córdoba), y posteriormente en 1965 es nuevamente nombrado director y párroco en Villa Bosch (Bs. As.), para finalmente volver en 1976 a Mendoza a la Parroquia Ntra. Sra. de los Dolores. En 1982 la obediencia lo llama al cargo de Superior Provincial. Pero su sede será siempre la amada Mendoza, donde se quedará como párroco por más de 20 años, hasta 2001 y como Asesor del Movimiento Juvenil Peregrinos por casi 40 años, acompañando los OASIS (retiros espirituales) entregado a miles de jóvenes con el corazón apasionado de Jesús, el buen pastor.

A la entrada de la Iglesia donde se vela el cuerpo del P. Vladimiro, hay un cuaderno que en pocas horas se llena de testimonios. Las palabras más repetidas son: “gracias, P. Vlady, (asi le decían con cariño), compañero de ruta, cura amigo, querido por todos, te has gastado por entero por nosotros, nos guiaste en la vida del amor a Jesús, siempre animoso, comprensivo, alegre, contagiando a tu alrededor ganas de vivir, padre de la sonrisa …”. Los testimonios no terminan. Y la mayoría son palabras de jóvenes a los que se entregó de lleno. Todos lo quieren, lo recuerdan por los pequeños gestos: la llamada por teléfono por el aniversario de cumpleaños, la guiñadita, el beso en la frente, el maranatha susurrado, las bromas con las llaves o el bastón. Tres son los lugares donde encontramos frecuentemente al P. Vladimiro.

La calle, que durante años recorrió con su bicicleta, pero que siempre fue lugar de encuentro, de saludo, de las puertas que se le abren para dar una palabra de aliento a un enfermo, a un pobre, a ése que sufre en el alma, y… ¿por qué no? del encuentro amistoso detrás del clásico “capuchino”. Es también el lugar donde encuentra al niño pobre, y aquí le salía espontáneamente la frase de Murialdo, “pobres y abandonados, cuanto más pobres y abandonados, tanto más…”.

El confesionario. La Iglesia, pero dentro de la Iglesia, ese lugar especial, que cuando el P. Vladimiro entraba, se formaban filas de gente, jóvenes sobre todo, en busca del perdón y de una palabra de consuelo, con esa “mirada transparente, tierna y sincera que intuia los problemas antes que se los contaran”. Era casi instintivo para él, entrar en la Iglesia y ocupar ese lugar, – y recordamos de nuevo ese escrito de Murialdo, “entro en el Templo…, avanzo unos pasos y veo el tribunal sagrado donde me devolviste por primera vez la pureza y la paz del corazón, en mi infancia…”. P. Vladimiro vivía esta experiencia cada vez que un joven se acercaba para encontrar el perdón del Señor.

El patio. A pocos pasos de la Iglesia está el patio del Colegio lleno de chicos. Es irresistible para el P. Vlady. Los gritos, el recreo, los juegos. Y él se acerca con su bastón, amenazando una zancadilla, sonríe, los chicos dejan sus juegos y corren a besarle en la frente. No hacen falta palabras, los gestos valen más. Es feliz.

La vida del P. Vladimiro en Mendoza, que desde que lleg6 fue su tierra amada, está unida particularmente a un amplísimo número de jóvenes del Movimiento Juvenil Peregrinos fundado por el Josefino P. José Manzano y el Franciscano P. Alberto Amerí, sin embargo al P. Vlady le tocó darle forma y consolidarlo; ellos, los Peregrinos, están allí en la Iglesia donde se vela su cuerpo y elevan cantos: los mismos que usan en los Oasis, lugar que ha servido de encuentro con Dios para millares de jóvenes, siempre animados hasta lo último por P. Vlady. Ahora se acercan a la comunidad llorando su ausencia y buscando el lugar donde vivió el que fue un padre para todos.

Como fruto de su labor pastoral y educativa recibió distintos reconocimientos que manifiestan el empeño de su servicio y entrega a la comunidad. La Legislatura Provincial de Mendoza lo distinguió como “Educador Ilustre”, por su amplia labor educativa a favor de niños y jóvenes, en el año 2006. Además en el 2010 recibió la distinción “Domingo Faustino Sarmiento” de parte del Senado de la nación por su obra destinada a mejorar la calidad de vida de sus semejantes.

El Obispo auxiliar de Mendoza que presidió los funerales, dice en su homilía: “Damos graciaspor tu persona, por tu sacerdocio, por el modo como viviste el carisma de San Leonardo Murialdo, por tu amor puro y sincero a tantos jóvenes muchos de ellos hoy hombres y mujeres adultos, que siguen reconociéndote como padre, amigo, compañero de la vida”. Otros sacerdotes, de los muchos que participaron en su funeral, manifiestan que le deben a él haber despertado su vocación, con su estilo, con la palabra justa, con el acompañamiento.

El secreto del P. Vlady: la atención personalizada, predicar con el testimonio de la vida, con el ejemplo. A quien le pregunta si es feliz con su vocación, contesta: “soy el hombre más feliz del mundo porque pude seguir mi vocación”.

Los diarios locales y las redes sociales explotan en historias y anécdotas del P. Vlady. La palabra “santo”, se escucha en baja voz, referida a P. Vladimiro. Voces autori- zadas sugieren prestar atención, porque nunca se sabe si un día la Iglesia… Ahora la palabra “gracias”, sale de todos nosotros hacia el Señor por el don que nos ha hecho con el P. Vladimiro.

 

P. Pablo Cestonaro, csj

Superior Provincial