24 Diciembre

Sólo cuando se llevó a cabo el misterio de la Encarnación, la bondad y el amor de Dios por nosotros fluyeron por así decirlo a raudales sobre la tierra, brillaron en toda su grandeza y magnificencia, y se hizo claro que son realmente infinitos”.

(S. Leonardo Murialdo. Escritos VIII, p. 345)

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