26 Marzo

“Un día me quedé mirando la Cruz y me pareció al fin entender toda la extensión del amor de mi Dios; pero cuando contemplé el Tabernáculo sagrado, donde para mí el mismo Dios sigue siendo prisionero de amor, vi que entonces yo había descubierto la perfección del amor, o más bien el exceso del amor de mi Dios”.

(S. Leonardo Murialdo, Escritos VII, p. 437)

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