PREGHIERA PER L’ANNO MURIALDINO

O Padre buono, noi ti benediciamo
perché hai posto sul nostro cammino di vita cristiana
come compagno di viaggio, san Leonardo Murialdo,
e ti preghiamo per tutti coloro che si ispirano al suo carisma
perché siano gioiosi operatori della tua misericordia.
Per intercessione di san Leonardo,
rafforza il nostro impegno ad accompagnare i giovani sulla via del bene,
a stare accanto ai poveri,
a confortare chi è solo e provato dalle difficoltà,
a promuovere la pace e l’unità nelle famiglie.
Animati dall’esortazione di san Leonardo
a “farsi santi e presto santi”
sostienici con la tua grazia, o Padre,
perché la nostra vita testimoni la gioia del Vangelo.
Amen.

“HÁGANSE SANTOS Y HÁGANLO PRONTO” PARA EL COMIENZO DEL AÑO MURIALDINO

Circ. n. 5.
Roma, 30 marzo 2019

Muy queridos hermanos.
Muy queridos miembros de la Familia de San Leonardo Murialdo.

Hoy, 30 de marzo de 2019, comienza el Año Murialdino, con el recuerdo de los 120 años de la muerte del San Leonardo Murialdo y con los 50 años de su canonización. Es una oportunidad que no hay que perder para reflexionar sobre nuestro camino de santidad. Una reflexión personal, comunitaria, de congregación y de Familia de San Leonardo Murialdo. Con esta carta circular quiero estar cerca de cada uno de ustedes, de sus comunidades, invitadas a vivir esta jornada en la oración y en la reflexión. El comienzo oficial es celebrado en Villa Bosch, Buenos Aires, a la presencia de un consistente número de hermanos pertenecientes a muchos organismos de la congregación. La conclusión es prevista para el 3 de mayo de 2020 en Turín, Italia.
A todos deseo un buen camino.

1. Los Santos de la puerta de al lado

Papa Francisco en la exhortación apostólica “Gaudete et exsultate” habla de los “santos de la puerta de al lado” (nn. 6-9). Creyentes que viven su vida en la ordinariez de la existencia, que no se hacen notar por gestos o hechos clamorosos, que están al lado y casi no nos damos cuenta. Su santidad se manifiesta en los pequeños y grandes gestos que la vida requiere a todos: en ocasión de opciones fundamentales, en el gestionar la vida según sus etapas diversas y siguientes, en el aceptar la existencia también en aquello que ella ofrece de difícil y de sufrido. Son santos porque plenamente humanos, totalmente adentro de la vida como hombres y mujeres del propio tiempo. Su estado de vida (sacerdote, religioso, laico, casado, joven o anciano) no es un obstáculo para realizar el camino de la común vocación a la santidad, en cambio colora el “tipo” de santidad, la calidad del mensaje, el estilo propio. Los santos no son jamás iguales el uno como el otro.
Estas consideraciones de papa Francisco me hicieron recordar cuanto escribe padre Eugenio Reffo, primer biógrafo de nuestro santo: «Cuando se habla de la santidad del Teólogo Murialdo, esta no se tiene que entender en cosas extraordinarias, no hubo nada o casi nada en él de extraordinario en el sentido común de la palabra; sino en su vivir ordinario fue tan irreprensible y perfecto y por tan largo período de años, que esta misma perfección y irreprensibilidad se tienen que considerar como algo de extraordinario. Nosotros que hemos conversado familiarmente con él por más de treinta años, y que hemos frecuentado su cercanía, fuimos comensales, lo vimos muchas veces en oración, lo asistimos enfermo, lo vimos morir, nosotros podemos constatar la singularidad de sus virtudes, porque por largo tiempo y en tan variado suceder de circunstancias, de condiciones, de lugares, nunca lo hemos sorprendido en cometer un error de algún relieve que fuera voluntario» (REFFO, Vita, 1920, pp. 207-208).
En la misma perspectiva, el Papa Paolo VI en el día de la beatificación (3 de noviembre de 1963) habló así de Leonardo Murialdo, respondiendo a la pregunta: “¿Quién es Leonardo Murialdo?”: «Su historia es sencilla, no tiene misterios, no tiene aventuras extraordinarias; se desarrolla en un itinerario relativamente tranquilo, en medio de lugares, de personas, de hechos muy conocidos. (…) Este nuevo beato no es un hombre lejano y difícil, no es un santo secuestrado por nuestra conversación; es un nuestro hermano, es un nuestro sacerdote, es un nuestro compañero de viaje» (Texto citado de REFFO, Vita, pp. 369-370).
Me parece que antes que nada Leonardo Murialdo nos transmite un “estilo”, un determinado modo de vivir el propio camino de santidad; nosotros de la Familia de Murialdo, queremos captar de la vida de nuestro fundador una primera y ejemplar interpretación del “hacer y callar”, que dice como “humildad y caridad” pueden y deben ser vividas juntas.

2. Una doble inmersión

¿Hay un secreto que hizo posible este camino de santidad? ¿Cuál ha sido el “corazón” de donde el ser y el actuar de San Leonardo Murialdo toman el empuje? ¿Cuál es el “focus” de su existencia?
Leonardo Murialdo siempre habló mucho de su bautismo, lo ha recordado a menudo a sí mismo y a sus hermanos. En su “Testamento espiritual” recuerda con emoción el baptisterio de la Iglesia de San Dalmazzo, en Turín, donde fue bautizado el 27 de octubre de 1828, el día después del nacimiento. Escribe Leonardo Murialdo: «Entro en tu templo, mi Dios. ¡Qué impresión de paz y de amor! Pues aquí todo me habla de amor: de aquel amor que tuviste y que todavía tienes para mí, y de aquel amor que yo te debo. Está la sagrada pila donde tu amor me donó la inocencia y me adoptó como hijo tuyo por medio del santo bautismo» (MURIALDO, Testamento Espiritual, 2010, p. 201). A los hermanos en una plática recordaba: “El Bautismo nos llama a ser santos” (MURIALDO, Scritti, IV, p. 358).
Leonardo Murialdo nos hace saber que gracias al bautismo desde el comienzo de su vida ha sido sumergido en el amor de Dios, realizando aquella primera e irrevocable inmersión de la cual el mismo significado del término bautismo nos recuerda. Es gracias a esta inmersión que desde el comienzo de nuestra vida somos depositarios de la vocación a la santidad.
En su vida el Teólogo Murialdo ha vivido una “segunda inmersión”, cuando aceptó ser el Rector del Colegio de los Artesanitos: 13 de noviembre de 1866. Padre Giuseppe Vercellono escribe: «En la vida de este humilde Siervo de Dios se buscarían inútilmente hechos extraordinarios y grandiosos, como se hallan en aquellas de otros fundadores de institutos religiosos. De extraordinario hay esto: que siendo él de distinguida y acomodada familia ha escogido vivir pobre en medio de la juventud pobre, perseveró en su vocación no obstante las mil y una dificultades que encontró, no obstante las contrariedades y las humillaciones de personas también queridas y con esta perseverancia él cumplió su santificación» (VERCELLONO, Vita…, pp. 163-164).
¿Qué significó para el Teólogo Murialdo sumergirse en aquel mundo de jóvenes pobres? «Su miseria moral debe conmovernos más que la material: en lugar de indignarnos, o de hacernos demasiado pronto perder la paciencia y esperanza, debe animarnos para trabajar entusiastas y llenos de conmiseración alrededor de estos infelices, verdaderamente no raramente más infelices que culpables, y tales cuales probablemente seríamos nosotros, si como ellos hubiéramos sido abandonados (MURIALDO, Scritti, I, p. 90).
En la tradición josefina asumimos definitivamente la expresión que encontramos en el texto de la Regla: «Los hermanos aman vivir entre los jóvenes como amigos, hermanos y padres, participando en su vida, compartiendo sus alegrías y sus sufrimientos y creando con ellos un clima de confianza y optimismo» (REGLA, Const. 50).
El Teólogo Murialdo que se sabe sumergido en el amor de Dios, es el mismo Murialdo sumergido entre los jóvenes para ser un testigo del mismo amor; dicho en otro modo: las tonalidades del amor por parte de Dios que Leonardo Murialdo subraya para consigo mismo, especialmente la característica de la misericordia, fundan su estilo de estar entre los jóvenes.
Acoge porque acogido, ama porque amado, perdona porque perdonado, tiene misericordia porque tiene conciencia de haber recibido misericordia…

En fin: es padre para los jóvenes porque es fortalecido por la experiencia rica y profunda de la paternidad de Dios. Nosotros (educadores) religiosos/as, laicos/laicas, padres, maestros, etc., estamos llamados a asumir el carisma murialdino en su integridad espiritual y apostólica. Es un camino específico de santidad que Leonardo Murialdo vivió él primero y que hoy nos es ofrecido a nosotros en su ejemplaridad.

3. Ejemplaridad de Leonardo Murialdo

¿Se puede hablar de ejemplaridad? Murialdo ha muerto en el 1900, 120 años atrás, ha vivido en un tiempo para nosotros lejano bajo todo punto de vista: cultural, eclesial, civil, social, etc.
¡No sólo! Papa Francisco escribe en la “Gaudete et exsultate”: «”Cada uno por su camino”, dice el Concilio. Entonces, no se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables. Hay testimonios que son útiles para estimularnos y motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos, porque eso hasta podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para nosotros. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él (cf. 1 Cor 12, 7), y no que se desgaste intentando imitar algo que no ha sido pensado para él» (GE, 11).
¿A nosotros, de la experiencia espiritual y apostólica del Murialdo, qué puede todavía interesar, para que sea también hoy para nosotros un modelo y una referencia en un camino de santidad? El mismo fundador ofrece la respuesta.
a) Padre Reffo escribe: “Nuestro venerado Fundador, quería la santidad para sí mismo, y la quería para sus hijos; ningún otro intento él tenía para sus obras y en sus ministerios cumpliendo perfectamente el programa que debería ser propio para cada sacerdote: hacerse santo y santificar a los demás” (REFFO, Vita, p. 216). Un programa claro y preciso. No habría que añadir otro porque luego, como dice el papa, el camino de santidad se va realizando en el respeto de los tiempos y las situaciones de cada uno. De su parte papa Francisco escribe: «El Señor nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así el Señor se lo proponía a Abraham: «Camina en mi presencia y sé perfecto”» (Gn 1).
b) «La educación es también un medio de santificación. Quien santifica es santificado. Has salvado un alma, has predestinado tu alma. Cuanto es querida por Dios esta misión» (MURIALDO, Scritti, IV, p. 423). Quizás hemos reflexionado poco sobre el hecho que la misión es el camino de santificación, aunque el primer artículo de nuestra Regla diga que los Josefinos «se consagran a Dios, dedicándose a los jóvenes pobres» (REGLA, Const. 1). Consagración y misión no se pueden separar y, juntas, son camino di santidad.
Además en la misión estamos a servicio de la vocación de los jóvenes para que puedan descubrir el plan de Dios hacia ellos. La educación, entonces, es propuesta humana y cristiana juntas, ofrenda de camino de santidad para los jóvenes. Escribe papa Francisco: «Nosotros debemos ser santos para poder invitar a los jóvenes a que lo sean» (Sínodo 2018, Documento final, n. 166).
c) Padre Reffo atestigua: «Nuestro venerado Fundador fue un hombre de acción y de oración, y más todavía de oración que de acción» (REFFO, Vita, p. 255). Nosotros hoy hablamos más fácilmente de Lectio divina, de concelebración, de desierto, etc. Pero la invitación tiene siempre valor porque no se refiere a los contenidos y a las modalidades de las oraciones, dependientes del tiempo y de la cultura, sino al orar en cuanto tal, en cuanto relación explícita y profunda con Dios. Papa Francisco nos ayuda para comprender qué significa nutrir nuestra vida de oración. Lo escuchamos: «Finalmente, aunque parezca obvio, recordemos que la santidad está hecha de una apertura habitual a la trascendencia, que se expresa en la oración y en la adoración. El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo, y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor. No creo en la santidad sin oración, aunque no se trate necesariamente de largos momentos o de sentimientos intensos» (GE 147).
d) En el septiembre de 1898 Leonardo Murialdo se halla en Pinerolo para hacer los ejercicios espirituales. Escribe una serie de apuntes en francés, en general la lengua escogida para expresar los pensamientos más íntimos y personales. Piensa que aquellos pudieran ser sus últimos ejercicios espirituales, tanto que las reflexiones insisten continuamente en la convicción de no haber correspondido a la misericordia del Dios, a pesar de los muchos llamados y las muchas ocasiones que la gracia le ha puesto a disposición. ¿Y ahora qué hacer? Ésta es la pregunta. Leonardo Murialdo hace suyo el versículo 11 del salmo 76: “Nunc coepi”; “Ahora comienzo”. En el texto “Dios a mí”, en el “Testamento espiritual”, Murialdo expresa el mismo concepto. Él imagina que Dios le habla y que le enumera todos los beneficios con los cuales ha enriquecido su vida. Por otra parte Murialdo reconoce su poca correspondencia, hecha ante todo de rechazo y de tibieza. Vuelve por lo tanto la pregunta: ¿qué hacer? “Nunc coepi”; “Ahora comienzo”. Esta es la respuesta, la determinación, expresión de confianza y de esperanza de que los propósitos se conviertan en realidad y de que el deseo de santidad no quede sólo un… piadoso deseo. ¿Y nosotros? Se necesita una risposta.
e) En fin. Afirma papa Francisco: «La santificación es un camino comunitario, de dos en dos. […] La comunidad está llamada a crear ese «espacio teologal en el que se puede experimentar la presencia mística del Señor resucitado» (GE, 141, 142). Leonardo Murialdo asumió una antigua expresión conformándola con el mundo de la vida religiosa, pero no vale sólo para los religiosos, bastaría con pensar en la familia. “Los Religiosos aut sint ut unum sint, aut non sint” (MURIALDO, Scritti, IV, p. 351).
f) Los religiosos o son una cosa sola (una unidad profunda), o no son. Si la comunión pertenece al ADN de la vida religiosa, como de la vida familiar, sin ella no se puede dar un camino de santidad. En este sentido todos son llamados para crear aquel “espacio teologal” que es la fraternidad, en la cual cada uno realiza aquella reciprocidad en la caridad, apoyo y fuente del propio camino de cristiano, de religioso.
g) Si imaginamos entrar en el Colegio de los Artesanitos en el tiempo del Murialdo podemos encontrar a algunos sacerdotes, religiosos y seculares, y sin duda encontraríamos a muchos laicos. Son maestros, responsables de talleres y laboratorios, guías, voluntarios. Un pequeño-grande mundo que colabora para dar vida juntos cada día a un proyecto educativo, humano y religioso. Los imagino alrededor de una mesa en escucha de Murialdo que les dice: “Nosotros servimos directamente a Dios, sirviendo a las almas”; “Es un gusto reunirnos; con la condición que sean lo que deben ser: encuentros amigables, fraternos, caritativos para hacer el bien y bien”; “Es Dios que hace el bien, y exige como condición que nosotros trabajemos, que sembremos, que hagamos cuanto podamos, y luego oremos, oremos» (MURIALDO, Scritti, V, pp. 22, 36, 65). Inaugurando la Casa-Familia en el año 1879 dijo a los presentes: «Quiten, Señores, el espíritu religioso de este cuerpo que han formado, ¿y qué logrará su obra?» (MURIALDO, Scritti, IV, p. 253).

4. En camino

Leonardo Murialdo siempre se sintió en camino. En la cama enfermo, poco antes de la muerte, al médico que le preguntaba cómo se sentía, contestó: “Estoy esperando”. En su docilidad a la voluntad de Dios, vivió con esta actitud de “espera” el encuentro con su Señor, aquel Señor por cuya misericordia se sintió envuelto en toda su vida y en la que abandonó totalmente a sí mismo. Quizás en esto está el secreto de todo: entregarse a la misericordia de Dios porque Murialdo dijo: «Dejemos hacer a Dios; nos quiere más de lo que nosotros nos queremos y nuestra suerte está mejor en sus manos que en nuestras mismas manos» (MURIALDO, Epistolario, III, 1222).
Y papa Francisco escribe: «No tengas miedo de apuntar más alto, de dejarte amar y liberar por Dios. No tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. La santidad no te hace menos humano, porque es el encuentro de tu debilidad con la fuerza de la gracia. En el fondo, como decía León Bloy, en la vida «existe una sola tristeza, (…) la de no ser santos”» (EG 34).
Además, en la misión estamos al servicio de la vocación de los jóvenes para que puedan descubrir el plan de Dios para ellos. La educación, entonces, es una propuesta humana y cristiana, un camino de santidad para los jóvenes. El Papa Francisco escribe: “Debemos ser santos para poder invitar a los jóvenes a serlo” (Sínodo 2018, Documento final, No. 166).
Buen camino a todos en este año “Año Murialdino”.
Pidamos a nuestros santos patrones para que este “Año Murialdino” pueda llevar fruto en el vivir nuestra consagración y nuestra misión en el nombre del San Leonardo Murialdo.

Pe. Tullio Locatelli

APERTURA

30 marzo 2019

cornicetta_media

This post is also available in: Italiano Inglés Portugués, Brasil