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9. DESCUBRIR LAS NUEVAS EMERGENCIAS EDUCATIVAS

Allí donde estamos presentes debemos saber descubrir las nuevas emergencias educativas, por ejemplo, en ciertos contextos, la emergencia de inmigrantes y refugiados. La obra no debe encerrarse, sino permanecer abierta al territorio y a las nuevas exigencias. Nuevas experiencias y nuevos intentos pueden conducir a la transformación de la obra y a valorar diversamente las estructuras. Esta apertura implica la disponibilidad a medirnos con los grandes temas culturales hoy: la interculturalidad, el mundo digital y de las redes sociales, las contradicciones de los procesos económicos mundiales, los desafíos del medio ambiente y del cuidado de la tierra…

Franco Zago

“Emergencia educativa” es una expresión que salió hace años en algunos países de Latinoamérica con respecto a algunas medidas educativas que los gobiernos querían implantar en zonas escasamente escolarizadas o necesitadas de programas especiales por ser pobres y marginadas. Más tarde, la expresión tomó un significado más hondo, eclipsando el que fue originado por unas cuantas medidas de tipo administrativo, implementadas en algunos países. En nuestros ambientes se divulgó sobre todo a partir de unos discursos de Benedicto XVI. El más conocido de éstos, aunque no el primero, el papa lo pronunció ante los obispos italianos en el 2010. Reflexionando sobre los desafíos que la cultura actual presenta a los educadores y padres, el papa profundizaba sobre las raíces que están creando tal emergencia para poder orientar así las respuestas adecuadas. Desde entonces esta feliz expresión fue usada y comentada en muchos ámbitos (eclesiásticos, institucionales, sociales, políticos, laicos, etc.) y por muchas categorías de personas (educadores, pedagogos, intelectuales, políticos y, obviamente, responsables de escuelas y grupos juveniles). Dependiendo del contexto tratado y del punto de vista de aquellos que hicieron uso del concepto, éste ha ido asumiendo matices diversos y específicos.
El enunciado del punto 9 de las Conclusiones del Seminario Pedagógico es un ejemplo de ello, con un enfoque específico que pretende motivar y promover aperturas en nuestra labor pastoral, para hacerla más acorde a las demandas del tiempo presente. Para acotar mejor su interpretación he preferido desarrollar la reflexión a partir de unos conceptos que me parecen clave.

Emergencia educativa
La expresión de por sí recoge un significado tanto de urgencia como de prioridad. No sugiere solamente que hay que darse prisa en hacer algo, sino también que hemos de atenderlo antes que otras cosas que tenemos entre manos, aunque sean igualmente importantes. Sin embargo, hablar de prisa en la educación o en pastoral es casi una contradicción, porque sabemos cómo éstas requieren tiempos lentos, que se miden en años. Desde luego jamás se podrá decir que la educación sea un proceso rápido, pero sí podemos entender que es algo urgente y prioritario. Entonces podemos quedarnos con esta interpretación. Y puesto que no siempre tenemos una visión de 360 grados como para captar urgencias y prioridades en nuestra labor, bienvenidas sean aquellas reflexiones o provocaciones que nos amplían los horizontes y nos motivan para entrar en acción en la dirección que los tiempos presentes demandan a nosotros y a nuestras obras.

Iglesia en salida
Para poder “descubrir realmente las nuevas emergencias educativas” no veo otro camino que la actitud sugerida por el papa Francisco en la Evangelii Gaudium (23 y 24): ser “Iglesia en salida”. A la mayoría nos gusta el estilo de Francisco, su sencillez y su cercanía con la gente, su preocupación para orientar a la Iglesia hacia nuevos rumbos; nos gustan hasta sus provocaciones y su nuevo lenguaje. Pero, hemos de reconocer que no es fácil ponerse en marcha concretamente en la dirección que él propone. Porque, en definitiva, se trata de moverse de la posición en que nos encontramos cómodos, instalados y seguros para ir hacia algo nuevo y diverso. Porque cuesta el cambio, la conversión, el salir de los úteros religiosos y tradicionales, de aquello que siempre hemos hecho. Nos hace falta despojamiento de ciertas comodidades y desapego afectivo; dones éstos que hemos de pedir al Señor, porque los buenos propósitos no bastan. La reforma de la Iglesia que espera insistentemente el papa, no atañe solamente al Vaticano y a las Curias, sino a todos los niveles donde operan los discípulos de Cristo: obras, colegios, parroquias, actividades, grupos, iniciativas… La Iglesia-en-salida es la obra/comunidad/persona que, con los ojos bien abiertos sobre la realidad del entorno (las personas), se entrega, por fidelidad al carisma, a favor de los seres humanos más vulnerables. Para ser Iglesia-en-salida, yendo realmente al encuentro de las personas, nos hará falta no sólo cambiar nuestras actitudes y nuestra mirada, sino también nuestro lenguaje, porque la gente, en particular los jóvenes que hemos de encontrar, no entiende las cosas que decimos y, menos todavía, entiende determinadas expresiones o conceptos teológicos, complicados, poco comprensibles en la cultura actual. El mejor lenguaje, entonces, estará hecho no tanto de palabras, sino de gestos, de puertas abiertas, de encuentros y de tiempos a disposición.

Miedo
Entre las varias resistencias que ponemos para asumir una actitud activa de compromiso para ser Iglesia-en-salida está ciertamente la comodidad y la inclinación al statu quo, etc. Pero, quizás el obstáculo más fuerte sea el miedo. Cito otra vez el papa Francisco: «El miedo es una actitud que nos hace daño. Nos debilita, nos empequeñece. También nos paraliza… Hay comunidades miedosas, que van siempre a lo seguro: ‘No, no, no hagamos esto, no, no, esto no se puede, esto no se puede …’. Parece que en la puerta de entrada hayan escrito ‘prohibido’: todo está prohibido, por miedo. Y entras en esa comunidad y el aire está viciado, porque es una comunidad enferma. El miedo enferma a una comunidad. La falta de valor enferma a una comunidad» (15/05/15). Y en la EG dice «Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» (49). Es que todos somos un poco víctimas de la “pedagogía” del miedo, inculcada por los Media, que ponen en evidencia casi siempre noticias malas, amenazas, peligros. Necesitamos meternos en un proceso de sanación del miedo. La buena voluntad no basta, por eso «hay que pedir la gracia del valor, del valor del Espíritu Santo que nos envía» (15/05/15).

Falta de tiempo
Otro obstáculo lo encontramos en la falta de tiempo. ‘Las responsabilidades y tareas que tengo en mi jornada no me dejan espacio para hacer otra cosa’. Estamos tan convencidos de ello que no nos cansamos de repetirlo por doquier. Sin embargo, cabe preguntarse cuánto hay de excusa en este pensamiento y cuánto de objetividad. En el despacho de un político argentino leía en un poster: “No existe la falta de tiempo para las cosas importantes, existe la falta de motivación y de interés”. Sabemos que el tiempo es un recurso escaso, pero lo es para todos y no sólo para los que se quejan que les falta. Hay que admitir, en cambio, que probablemente no hemos aprendido estructurar la distribución del tiempo, porque no hemos aprendido a planificar y/o no sabemos delegar. Es un hábito que se aprende poco a poco y a costa de errores; basta encontrar buenos motivos. Depende también del hábito de establecer un orden de prioridades y de revisar periódicamente si las asignamos de forma correcta. Y sólo cuando uno logra saber cómo utiliza su tiempo, puede juzgar si lo emplea en lo que corresponde. Cuando realmente creemos en algo, porque nos sentimos interpelados o llamados a ello, entonces sabemos también encontrar el tiempo, ya que lo vemos como una oportunidad que nos ofrece el Señor.

Fronteras morales
La apertura que invoca el enunciado para “medirnos con los grandes temas culturales de hoy” reivindica la aceptación de todas las personas, sin importar su pertenencia religiosa o su estado ideológico o su estado moral, etc. Sin embargo, en lo concreto, cuando nos encontramos con gente de otras culturas, distantes de la nuestra, podríamos enfrentarnos a una dificultad: sus creencias valóricas y su práctica moral. Nos va a costar aceptar no tanto a creyentes de otras religiones o personas sin religión, sino a quienes tienen criterios valóricos y morales lejanos, incluso, contrarios a los nuestros. Nosotros, en cuanto personas de fe y de iglesia, estamos muy arraigados en nuestro sistema moral. Nos presentamos como maestros en doctrinas y normas, y nos cuesta despojarnos de esto. Si alguien está afuera de nuestra visión moral, lo consideramos en función de atraerlo, tarde o temprano, dentro de nuestra esfera. Pero así construimos lamentablemente fronteras morales. No se pide aguar nuestros códigos morales para acomodarse al otro; tampoco se pide tener una postura indiferente hacia su moralidad. Se pide estar atentos a no interponer filtros morales. Nuestra fidelidad es a Jesús y su Evangelio, y desde esta fidelidad estamos invitados a creer en las personas, tal como son, porque son sujetos con derechos y, sobre todo, hijos del mismo Padre, más allá de sus prácticas morales. Será importante, entonces, reconocer las necesidades de las personas que no están de acuerdo con nosotros y legitimarlas. Aquí puede medirse la verdadera acogida.

Entusiasmo
La invitación del papa a ser Iglesia-en-salida está devolviendo oportunidades a los cristianos, junto con la esperanza; estamos reconquistando el sentimiento de ser un hogar espiritual que acoge a todos; hogar donde las periferias existenciales están ganando centralidad. Es una Iglesia pionera que toma iniciativas, incluso en pedir perdón, porque se reconoce también pecadora. Es bueno, por lo tanto, aprovechar esta oleada de entusiasmo para revisar nuestra pastoral. En pastoral no podemos decir que tenemos algo consolidado como para continuar haciendo lo de siempre sin cuestionarnos. Si bien la experiencia acumulada nos ayuda a discernir y a tomar decisiones, podemos decir también que en pastoral estamos siempre empezando. Vamos caminando de comienzo en comienzo. Al mismo tiempo hemos de tener claro que nosotros poseemos una fuente inagotable de seguridad y entusiasmo: nuestro carisma, que es nuestro GPS, un GPS que se actualiza constantemente.

Para reflexionar y trabajar
1. ¿En nuestra obra, en nuestra actividad o misión qué consideramos urgente y prioritario? ¿Cuáles emergencias hemos descubierto alrededor nuestro?
2. ¿Cómo compaginar la continuidad de la actividad pastoral actual con el apelo del papa a ser Iglesia-en-salida? ¿Hemos experimentado en nuestra vida el despojamiento y el desapego?
3. A veces nos presentamos como personas equidistantes de los sistemas políticos, económicos, ideológicos, etc. Si, por una parte, es bueno no “casarse” con nadie, por otra, ¿cuánto nos influye en esto el miedo de tomar partido a favor de los vulnerables de nuestro entorno y de llamar por su nombre a los causantes de las injusticias? ¿Nos hemos planteado en comunidad, grupo o equipo una reflexión sobre las rémoras que produce el miedo?
4. Estaría bien analizar de vez en cuando el porcentaje que dedicamos a estas dos situaciones: a) ¿Cuánto tiempo dedicamos a hablar de pobres, vulnerables, necesitados, etc.? vs b) ¿Cuánto tiempo hemos estado realmente con ellos, hemos conversado, escuchados, los hemos abrazado o defendido?
5. ¿Cómo compaginar nuestra fidelidad al Evangelio con la acogida de personas que viven otra práctica moral? ¿Puede ser la moral un muro que, sin darnos cuenta, estamos levantando alrededor nuestro?
6. ¿Es el carisma una recarga de entusiasmo y coraje para responder a nuevas emergencias?

Franco Zago

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