cornicetta_media

1. EL CARISMA ES MEMORIA VIVIENTE ABIERTA AL FUTURO

foto-carisma-memoria-vivente

El carisma es memoria viviente abierta al futuro. Teniendo viva la memoria, nos abrimos a los grandes desafíos educativos de hoy. Al mismo tiempo, viviendo los desafíos, sentimos la vivacidad y la fuerza profética del carisma. Los temas propuestos por el Papa Francisco (periferias, cultura del encuentro, misericordia, Iglesia en salida…) nos encuentran en sintonía y nos hacen sentir la actualidad del carisma y las posibilidades a las que nos abre. Advertimos que el carisma es ante todo una cuestión de estilo y de animación de procesos; más que algo para definir, es un don para acompañar.

Vivimos en un entorno cultural claramente dominado por la complejidad, la pluralidad y la interdependencia. Hoy en día, tomar en serio el crecimiento espiritual, la formación y la educación de los jóvenes quiere decir no sólo desarrollar nuevos modelos, sino también comprometerse con un cambio radical de perspectiva y de lugar. El desafío no es sólo para los destinatarios, sino también para nosotros. Nosotros, de hecho, estamos involucrados en el mismo reto y no podemos atravesarlo sin volvernos, también, sujetos de un cambio, de un crecimiento.

Actualmente los retos educativos son tantos y nos llegan de lugares diferentes, pero no nos piden ser interpretados, ni menos aún resueltos; nos piden ser vividos en su contradicción, ser vividos sin querer dominarlos. A veces, lo que requieren los jóvenes no es tanto la resolución de un problema o el sustituirlos cualificadamente en las decisiones, cuanto estar a su lado, cercanos y compartiendo la contradicción de lo que sucede.

Es necesario que todos comencemos a remodelar los esquemas de relaciones, sólo de esta manera podremos compartir fructuosamente los desafíos que hoy los jóvenes y la sociedad viven. Nuestra pequeña Familia de Murialdo sigue siendo, y siempre lo será, el lugar donde cada uno está llamado a poner al centro el cuidado de las relaciones. La complejidad del mundo que nos rodea nos obliga a un cambio, que ante todo es nuestro, de nuestros laicos, de los religiosos, de los sacerdotes que han elegido, respondiendo a la propia vocación, acompañar a los jóvenes, especialmente a los pobres, en su propia búsqueda de vida. Hoy, la cuestión fundamental no es la crisis de valores, no es sólo la crisis de la familia, no es ni siquiera la certeza de que los jóvenes cambian sus perspectivas en un instante. La cuestión no es lo que ocurre al alrededor, ni lo que está sucediendo a nuestros jóvenes, sino dónde nos situamos y cómo nos ponemos ante lo que sucede. A menudo, nuestras intervenciones educativas están ligadas a una tradición, a un método, a un tipo de abordaje demasiado ligado al pasado, al “así siempre se hizo”. Normalmente nuestra acción educativa y de acompañamiento todavía se lleva a cabo en nuestros lugares, cuidadosamente construidos de acuerdo con estructuras y organizaciones que hoy ya no tienen el mismo significado. Será necesario salir de nuestras estructuras físicas y también mentales para compartir realmente el cambio. El verdadero reto educativo actual se realiza no en el definirse guías, sino compañeros de viaje. Un viaje en el que nosotros también somos protagonistas del crecimiento y del cambio: si camino con el otro recogiendo realmente la riqueza del encuentro tengo la posibilidad de redescubrir mi vocación y así ayudar al otro a vivirla; si gracias a ese redescubrimiento yo me salvo, ayudo al otro a vivir su propia salvación.

La relación no puede ser vivida de una manera instrumental, sino que debe vivirse en la verdad y en la presencia. Al centro debe estar el gusto por la relación, que tiene valor en sí misma. No me relaciono contigo por una función instrumental: para formarte, para ayudarte, para salvarte, para convertirte, para educarte en la fe. Yo me relaciono contigo para encontrarte, para caminar contigo, porque en la relación yo vivo y realizo mi vocación y en esto los dos podremos descubrir el proyecto de amor de Dios. El verdadero desafío educativo es caminar juntos testimoniando la confianza y la esperanza en una la realidad que, en cambio, vive desilusión y desconfianza.

Siempre he pensado que la mejor imagen para representar a un formador, a un educador de hoy, no sea la del constructor, sino la del “non finito” (“no acabado”) de Miguel Ángel, o sea la del descubrimiento de que la obra maravillosa no nace de la idea de dar forma a un pedazo de mármol, sino del ir ayudando a la forma aprisionada, ya presente en el mismo mármol, para que salga a la luz.

Salir, ir al encuentro del otro, del joven, especialmente del pobre, no debe ser una cuestión instrumental ligada a la pastoral, a nuestras actividades, debe ser un cambio necesario para redescubrir la fuerza viva y actual del carisma. No podemos encerrarlo en estructuras hermosas pero vacías. Nos hemos creado realidades protegidas, estructuras organizadas y seguras. Tenemos necesidad de salir, de ir al encuentro de los demás, no tanto porque estos se hayan movido, se hayan ido a otro lugar, sino porque fuimos nosotros los que nos alejamos. Como Iglesia tenemos que salir, porque nosotros fuimos los que hemos construido muros en nuestro apostolado, en nuestra misión. Los otros, de los que nos hemos alejado, siempre “vivieron” en otro lugar.

Como Familia de Murialdo tenemos, por tanto, una misión clara: encontrar al otro animados por un carisma que nos sostiene, que nos inspira y que por esto debe ser compartido y puesto al servicio. El carisma es un don, y como tal debe ser custodiado. Pero no podemos correr el riesgo de custodiar cenizas, tenemos que estar juntos laicos y religiosos, miembros de la misma familia, alrededor del mismo fuego para llevar ese calor al mundo y a nuestras vidas.


Para nuestra reflexión:

1. ¿Qué significa abrirse a los “Desafíos Educativos”, como Iglesia, como congregación, como realidad local, como Familia de Murialdo?

2. ¿Cómo hacer realidad concretamente la invitación de Papa Francisco a habitar las periferias, a cultivar la cultura del encuentro y a no permitir que nuestras estructuras (físicas y mentales) se conviertan en espacios amurallados?

3. El carisma murialdino hoy en día es cada vez más actual y profético. ¿Cómo podemos ser testigos hoy y dar a conocer el amor, la misericordia de Dios, como quería Murialdo?

4. ¿Qué procesos, qué caminos, imaginamos para redescubrir la fuerza actual e inspiradora del carisma murialdino?

Nunzia Boccia

This post is also available in: Italiano Inglés Portugués, Brasil