14. El diálogo educativo y las nuevas tecnologías

Televisión, internet, videojuegos, están al alcance de todos nuestros chicos, pero ¿hasta qué punto nosotros, educadores, tomamos en cuenta su aspecto educativo, para bien o para mal? La Iglesia ha intervenido en diversas formas en este tema; es necesario conocer lo que ha dicho para saber cómo tejer un diálogo pedagógico con nuestros adolescentes, usuarios apasionados de estos nuevos mass-media. Libertad, distancia crítica, discernimiento de lo que es bueno y verdadero, son caminos que se deben tomar para no convertirse en “adictos”. Sin angustia, así como Murialdo en su momento creyó en el poderoso medio de la imprenta, el beato Alberione fundó una congregación para difundir la “buena prensa”. Cada uno puede profundizar el tema gracias también a la bibliografía aquí indicada.
Eleonora Ciliberti

Si quieres profundizar

14. El diálogo educativo y las nuevas tecnologías (Eleonora Ciliberti)



Premisa
Dada la compleja sociedad en la que vivimos, estas dos realidades están muy unidas entre ellas. Éstos son algunos aspectos.
Con la llegada de los mass media se ha producido una verdadera revolución pedagógica. Ellos son verdaderos educadores informales, ocultos, preponderantes, que se han vuelto extremadamente potentes, especialmente el medio televisivo que revoluciona la percepción y la conceptualización y que actúa en profundidad desde y, especialmente, en la infancia, dejando su huella en la mentalidad colectiva.

La primera formación del imaginario está dominada, como se dijo al principio, por la televisión. De hecho, actuando sobre él, ella penetra con su alimento y su veneno en toda la personalidad infantil, adolescencial y, especialmente, juvenil, determinando condicionamientos de diversa índole.

La segunda está dominada por el Internet. La constante y cada vez más fácil accesibilidad a la red y a sus contenidos libres por parte de un público/usuario menor de edad, y cada vez más joven, plantea la cuestión de su protección frente a los peligros y riesgos que el anonimato y la cantidad de los contenidos que la red puede ofrecerles (por ej.: pedofilia, pornografía, acoso cibernético, etc.). Herramientas de filtrado de contenidos, oportunamente establecidos (por ej.: firewall), están sin embargo disponibles desde hace tiempo en los diversos sistemas informáticos conectados, como una posible solución al problema.

La tercera está dominada por los videojuegos. Aunque si, por lo general, se los juzga negativamente a través de los mass media, existe también un tipo de videojuegos, llamado “videojuego educativo” que trata intencionalmente temas educativos. Videojuegos de este tipo se utilizan a veces con fines educativos y con métodos modernos de enseñanza. En una encuesta reciente, algunos profesores y algunos estudiantes se habían manifestado tanto a favor como en contra de este tipo de juegos; sobre todo estos últimos están convencidos de que el entretenimiento video lúdico puede alimentar a una actitud agresiva y violenta.

Volviendo al discurso inicial, con los mass media nos enfrentamos a un problema educativo muy grande, ya que se ha asignado un lugar cada vez más central a la imagen o al sonido, respecto al lenguaje verbal y a sus vínculos más complejos y sofisticados, más articulados y plurales. Por tanto, estos se presentan, para bien o para mal, como los primeros educadores de los niños y jóvenes y plantean cuestiones que necesitan ser abordadas tanto por los educadores, cuanto por los productores de los programas, pero también por la sociedad en su conjunto (y en ella, los intelectuales y los políticos).

En este punto la Iglesia nos es de gran ayuda, ya que, consultando los n. 2496 y 2512 del Catecismo de la Iglesia Católica, nos dicen que las personas que trabajan en los medios de comunicación debe ser siempre conscientes del hecho que sus productos poseen una valencia educativa. Los jóvenes deben examinarse constantemente para saber si son capaces de utilizar los medios de comunicación en modo libre y con distancia crítica, o bien si han desarrollado cierta dependencia de ellos. Cada hombre es responsable de su propia vida; quien, a través de los medios de comunicación, se transforma en consumidor de representaciones de violencia, odio y pornografía, se vuelve espiritualmente insensible y está expuesto a sufrir daños.

S. Leonardo Murialdo y el beato Santiago Alberione

Es conveniente una comparación entre estos dos pioneros de la fe, ya que ambos trataron el concepto de la “buena prensa”:
1) S. Leonardo Murialdo era muy favorable a estos instrumentos de comunicación, instando a mantenerse al ritmo de los tiempos y comprometiéndose a capacitar y educar para el uso correcto y responsable de los medios de comunicación. El 19 de abril 1883 fue nombrado presidente de la Asociación de la buena prensa. En enero del 1884 creó la revista mensual La Buona Stampa, un boletín de comunicación de la “Liga de la Buona Stampa”. Y así, gracias a este medio de comunicación social, él se hizo sentir en temas tan importantes como la dignidad de las condiciones de trabajo, la explotación laboral de las mujeres, la libertad de enseñanza religiosa.

2) El Beato Santiago Alberione, fundador de la Sociedad de San Pablo el 20 de agosto 1914, recordaba así su primera profesión religiosa, en forma privada, en 1917: “… A menudo hablamos de la necesidad de promover la buena prensa; ahora muchos están trabajando para la prensa, ellos dedican allí una buena parte de su tiempo y de sus energías, algunos por el honor, otros por ganancias y otros por gusto. Nosotros no queremos trabajar ni por el gusto, ni por amor, ni por ganancias, ni queremos la prensa por sí misma, sino que buscamos a Dios a través de la buena prensa …”.

Conclusión

Concluimos este análisis amplio y exigente con algunos documentos del Magisterio de la Iglesia, oportunamente seleccionados:
1) El decreto conciliar sobre los medios de comunicación social “Inter Mirifica” explica que “los usuarios, especialmente los jóvenes, deben aprender a utilizar con moderación y disciplina estas herramientas; traten, además, de profundizar lo que ven, oyen y leen; lo dialoguen con sus maestros y con las personas competentes, y aprendan a formarse un juicio recto …” (cf. n. 10);
2) El Pontificio Consejo para la Comunicación Social, en el documento “Ética en las Comunicaciones Sociales” aclara que “los medios de comunicación social son instrumentos importantes de educación en numerosos contextos, de la escuela al trabajo, y en diferentes etapas de la vida: los niños en edad preescolar, que son introducidos en lectura y matemáticas, los jóvenes que reciben formación vocacional o diplomas …” (Cf. n. 10);
3) El Beato Juan Pablo II, en su carta apostólica a los responsables de las comunicaciones sociales “El rápido desarrollo”, señaló que “por último, no hay que olvidar las grandes potencialidades que los medios de comunicación tienen en la promoción del diálogo, convirtiéndose en vehículos de conocimiento recíproco, de solidaridad, de paz. Son un recurso positivo poderoso si se ponen al servicio del entendimiento entre los pueblos; un “arma” destructiva, si se utilizan para alimentar injusticias y conflictos. De manera profética, mi venerado predecesor, el Beato Juan XXIII, en su encíclica Pacem in terris, ya había advertido a la humanidad de tales riesgos potenciales” (cf. n. 11);
4) Por último, el Papa emérito Benedicto XVI, en la encíclica Caritas in Veritate, señaló que “los medios de comunicación pueden ofrecer una importante contribución al aumento de la comunión de la familia humana y al ethos de la sociedad, cuando son instrumentos de promoción de la universal participación en la búsqueda común de lo que es justo” (cf. n. 73).

Eleonora Ciliberti

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