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24. ESTILO EDUCATIVO DE MURIALDO, EDUCACIÓN DEL CORAZÓN,
PEDAGOGÍA DEL AMOR…
¿Una cuestión terminológica?

El tema de esta ficha se refiere a las diversas formas en que hablamos de nuestro estilo pedagógico. Las definiciones no son todo, pero son importantes para tener un lenguaje común, un comprenderse incluso en los diversos modos de indicar la misma realidad, la de ser educadores en el nombre de Murialdo y de acuerdo a lo que él nos ha enseñado, también a través de la historia que nos ha trasmitido su mensaje y el de los primeros Josefinos. Cada definición tiene aspectos positivos y algunos límites, por lo que aquí no elige una definición respecto a las otras; más bien se trata de ver sus nexos, incluso si esto podría parecer sólo un sincretismo. Pero, si lo pensamos bien, podría ser una buena y justa solución para todos, o, al menos, para casi todos.

Alejandro Bazán

Se você quiser aprofundar

24. STILE EDUCATIVO MURIALDINO, EDUCAZIONE DEL CUORE,
PEDAGOGIA DELL’AMORE …
Una semplice questione di terminologia?

(Alejandro Bazán)


Cuando intentamos dar un nombre a nuestra manera de educar y de pensar el proceso formativo en la Familia de Murialdo, nos encontramos con una variedad de términos que, si bien se complementan y explicitan mutuamente, no pocas veces crean dificultad de comprensión, especialmente entre las diversas áreas geográficas donde nuestra familia carismática se extiende.
Normalmente, cada región usa una determinada nomenclatura para referirse a ella. En Italia y parte de Europa se usa generalmente: “estilo educativo de Murialdo” o “estilo educativo murialdino”, en Brasil se acostumbra a llamarla: “educación del corazón”, en los demás países de América Latina se suele usar: “Pedagogía del Amor”, en otras regiones se utilizan indistintamente uno u otro término… Incluso, hay quienes insisten en que debería denominarse “estilo educativo josefino”…
No pretendo, y no sería justo, dar una definición acerca del nombre con el cual llamar a nuestro estilo educativo, pero sí ofrecer un pequeño aporte para la comprensión de cada uno de estos términos y, ojalá, abrir un debate que nos ayude a conocerlo con mayor profundidad, a asumirlo como estilo de praxis educativa y de reflexión pedagógica, a iluminar nuestra “espiritualidad pedagógica murialdina” y a mejorar la calidad de nuestro servicio educativo. Un anhelo demasiado grande para estas pocas y pobres reflexiones… pero, en fin… al menos intenta aportar un granito de arena…
Jamás un nombre podrá describir acabadamente la realidad a la que se refiere, especialmente cuando esta realidad está en relación con la vida, en su riqueza infinita. Pero sí puede ayudarnos a orientar nuestra mente en el descubrimiento de esa realidad, sobre todo cuando ese nombre señala alguna de sus características fundamentales, su misión o finalidad, su origen o manera de ser… Quienes sostienen uno u otro nombre lo hacen porque consideran que dicho término describe mejor la realidad, destacando tal o cual elemento fundamental… o porque consideran que los otros términos son insuficientes o dejan en la sombra otros aspectos importantes.

Tratemos ahora de explicitar lo que cada término quiere expresar:

“Estilo educativo de Murialdo” – “Estilo educativo murialdino”:

Sabemos que San Leonardo Murialdo no fue un pedagogo, fue un educador. No se preocupó por elaborar una teoría sobre el proceso educativo, sino que entregó toda su vida a la educación cristiana de sus jóvenes, los más pobres. Lo hizo con su estilo propio, según su manera de ser, su experiencia de vida, la que, sin duda, estuvo totalmente caracterizada por la experiencia del amor misericordioso y tierno del Padre revelado en Jesucristo y por el encuentro con los jóvenes más pobres y necesitados. Un estilo educativo que siguió las orientaciones de los grandes educadores cristianos de su tiempo, donde su mayor genialidad no estuvo tanto en crear una metodología original, sino en realizar una armoniosa síntesis de aquellas novedades y propuestas educativas de su tiempo que sintonizaban con su experiencia interior de sentirse educado (transformado/convertido) por el amor de Dios.
Podemos decir, entonces, que no se puede hablar de nuestra manera de formar a los jóvenes, sin hablar necesariamente del “estilo educativo de Murialdo”, del que brota toda nuestra praxis y reflexión. Es este un punto de partida indispensable.

Como límites de este término podríamos señalar que al centrarse exclusivamente en la persona de San Leonardo Murialdo deja en un cono de sombra la fuerte influencia de la renovación educativa de su tiempo, los otros educadores del colegio Artigianelli que colaboraron a la caracterización de este estilo educativo, la figura de San José como modelo de educador, si bien el propio Murialdo procuró asumir sus características como educador e incentivó a sus colaboradores a hacer lo mismo… y corre el riesgo de describirlo como un “paquete cerrado” que debería trasmitirse tal cual a lo largo de la historia…

“Educación del corazón”:

Si en vez de referirnos al origen de este estilo educativo, nos referimos a sus objetivos principales, uno de los modos más usados para describirlo es el de “educación del corazón”. El mismo Murialdo, recordando que el sistema educativo por él propuesto estaba fundado sobre una idea del obispo francés Felix Dupanloup (1802-1878), nos decía: “El sistema propuesto está fundado en el principio de Dupanloup: a la tarea del educador se le confía lo que hay de más precioso en la sociedad, o sea los niños; aquello que hay de más precioso en los niños, el corazón. No tanto lo externo, el comportamiento visible, el trabajo, la escuela, sino lo interno, el corazón, la religión y la educación de los sentimientos” (Scritti, IV, p. 326).
Probablemente, Murialdo no quiso con esto dar una definición acerca de su sistema educativo, pero es evidente que él se sentía enraizado en esta tradición educativa que veía en el corazón de los jóvenes el núcleo más profundo a educar/evangelizar. Fundados en las palabras del mismo Leonardo, podemos ciertamente llamar a nuestra propuesta formativa: ”educación del corazón”. Con esta expresión hacemos referencia a la educación en valores, a formar la capacidad de amar, a una educación integral…
Como aspecto negativo a la conveniencia de usar este término se podría señalar que, en la cultura actual, la expresión “corazón” está muy ligada a la sola dimensión emotivo-afectiva… Pero, cuando nosotros hablamos de corazón lo vemos en su significado bíblico, como el lugar más profundo de nuestra conciencia humana, el lugar de nuestra libertad y de nuestras opciones fundamentales de vida, el lugar del encuentro con los demás, con el mundo, con Dios y consigo mismo.

“Estilo educativo josefino”:

No cabe duda que tanto Murialdo cuanto los primeros hermanos que acompañaron su tarea educativa en el colegio “Artigianelli” inspiraron su acción educativa entre los jóvenes en la persona de San José. Él, óptimo educador, hombre justo que hizo siempre la Voluntad de Dios, trabajador y formador de Jesús, aquel que con su testimonio de vida nos enseña a vivir para Jesús y con Jesús y María, fue siempre propuesto como el modelo del educador josefino. Ideal que se desarrolló inicialmente en la tradición de la congregación josefina y que se difunde hoy también en toda la Familia de Murialdo.
Nosotros, que como familia carismática murialdina estamos llamados a ser educadores cristianos de los jóvenes, debemos, como nos enseña Murialdo, mirar a San José para aprender a vivir al servicio de Jesús que nos espera en cada joven que nos es confiado y entregar toda nuestra vida para ayudarlo a crecer y madurar hasta su plenitud humana en Cristo. Lo positivo de esta terminología, además de su sintonía con nuestra tradición, es el identificarnos con San José como educadores, especialmente en la humildad, la caridad y la laboriosidad, y el descubrir, desde sus ojos, a Jesús en cada chico.
Los posibles aspectos negativos podrían estar el peligro de una mirada casi cosificada de la dimensión educativa del carisma, fijada en sus inicios históricos, y en la sensación, seguramente equivocada, pero bastante difundida, de que tal terminología hace relación más al estilo y la tarea de los josefinos que a toda la Familia de Murialdo.

“Pedagogía del Amor”:

En nuestra Familia de Murialdo, este término hace referencia a la praxis y a la reflexión desarrollada acerca del servicio educativo que ofrecemos a partir del estilo educativo de San Leonardo Murialdo. Siguiendo y profundizando su testimonio de educador, se descubre que el motor de toda educación es el amor. Un amor que es, ante todo, reflejo y aplicación educativa del amor infinito que Dios tiene por cada uno de nosotros. Un amor que transformó (educó) la vida de Murialdo y que lo impulsó a trasmitir esta experiencia para que cada joven pueda descubrir este amor, creer en él, dejarse modelar por su fuerte ternura y desarrollar plenamente sus potencialidades en Jesucristo. En este sentido, la Pedagogía del Amor no es tan sólo un educar con amor, ni al amor, sino, sobre todo, un prolongar y actualizar, con nuestra mediación, la obra liberadora/redentora del amor de Dios entre nosotros para hacernos honestos ciudadanos y buenos cristianos, llevándonos a la comunión con él (ne perdantur – educar para el paraíso). Con P. Icard, antiguo director espiritual de Murialdo, podemos decir: “¡Usted puede hacer mucho bien, porque ama y es amado!”.
Como aspecto positivo de esta terminología podemos señalar que indica el núcleo de su estilo educativo: el amor. Un amor que se hace acogida, presencia, escucha y afecto, que sana heridas y acompaña paciente y gradualmente el crecimiento hacia la madurez, en la que el mismo joven es protagonista. Un termino que, en nuestro ambiente, indica no sólo el amor que nosotros podemos brindar, sino, sobre todo, el amor de Dios que educa a través de nosotros.
Como elemento negativo se podría decir que tal vez este término pone de relieve tan sólo una de las dimensiones de nuestro estilo educativo, la relacional, pero no resalta otros aspectos también importantes. Por otra parte, la nomenclatura “Pedagogía del Amor” es muy abierta y hay varias corrientes pedagógicas, sobre todo cristianas, que la sostienen. En este caso, para describirla más exactamente deberíamos hablar de: “Pedagogía murialdina del Amor”.

Concluyendo…

No creo que se deba optar por un nombre “oficial” para denominar a nuestro modo propio de formar en el carisma de Murialdo. Pienso, más bien, que todos los términos arriba mencionados son válidos y aportan la riqueza de una perspectiva original para acercarnos a nuestra reflexión y praxis pedagógica, y que ninguno, por sí solo, abarca la totalidad de sentidos de nuestro estilo pedagógico.
En síntesis, a partir del “estilo educativo de Murialdo” nace lo que hoy llamamos “Pedagogía del amor”, centrada en la “educación del corazón”, que contempla a “San José como modelo de todo educador”…
Se podría pensar que esta frase anterior es un “sincretismo” que trata de “quedar bien con todos”!!! Tal vez… pero, en realidad, creo que cada uno de los cuatro términos abordados ilumina, enriquece y complementa la descripción de esta realidad.
Personalmente, por lo general, opto por hablar de “Pedagogía del Amor” porque creo que es la definición más amplia y completa, pero respeto y valoro positivamente las otras denominaciones. Seguramente, mucho más importante que lograr una buena definición teórica, es vivirla como forma de nuestra espiritualidad y compartirla con nuestros jóvenes en el servicio educativo -evangelizador, para que todos (¡los jóvenes y nosotros!) tengamos vida, y vida en abundancia!!!

Alejandro Bazán

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