Italiano onWhite

5. Experiencia educativa en Santo Domingo: “Soñando por el cambio”

En Santo Domingo (Ecuador) se trata de responder de una manera nueva a las necesidades educativas de los niños, en base a dos puntos de referencia: el fundamento carismático de Murialdo y el partir del joven mismo. Se intenta ir más allá de lo institucional y formal para crear un ambiente en el que todos sean actores, protagonistas, las 24 horas del día; porque educar no es algo que se hace por unas horas al día, sino algo que se vive juntos, en un ambiente concreto y de acuerdo con ciertos modos.
“Soñando por el Cambio” ha encontrado en el deporte un potencial importante y un recurso capaz de poner a los niños en condiciones de hacer frente a otros desafíos: el de la cultura, de la profesión, de mirar hacia el futuro con esperanza de que podemos hacerlo. También la escuela aquí es importante, siempre que se sepa adaptar la situación de partida que cada niño propone; no tiene sentido una escuela de elite y selectiva.
Se necesita tanta paciencia y comprensión. Ciertamente, esto es un verdadero desafío para nosotros, los adultos. Pero si lo intentamos juntos, adolescentes y adultos, podemos lograrlo.

Fr. Sereno Cozza

ped_amore_cozza

Si quieres profundizar

5. Experiência educacional em Santo Domingo: “Soñando por el cambio”

(P. Sereno Cozza)


Reflexiones de un iluso sacerdote josefino soñador que quisiera hacer revivir hoy a San Leonardo Murialdo

Mis proyectos (“Su cambio” -Quito-, “Centro Preventivo U. Bonucelli” -Tena-, “Soñando por el Cambio” -Santo Domingo-) no han nacido de un método elaborado a priori, ni de una pedagogía escrita o predefinida, sino simplemente del “corazón” un josefino que quería “revivir” la extraordinaria aventura de Murialdo actualizándola.

Cuando estaba en el seminario, ya desde Montecchio, me había impactado la imagen de Murialdo que con la “campanita” andaba por las calles de Turín para “buscar” a los chicos. Me impresionaban especialmente su pasión por el deporte, en aquella época: gimnasia acrobática, y las victorias logradas por los “artesanitos” en el Reino de Saboya. Me quedaba sorprendido por el hecho de que, a pesar de las crecientes deudas y la cantidad de chicos que ayudaban, continuaban a acoger más jóvenes confiando en la Providencia (pero también comprometiéndose en primera persona, mendigando de puerta en puerta). Me impactaba su tenacidad, su no rendirse a pesar de los “consejos” de los que le instaban a cerrar su obra.

Durante mi formación en Montecchio, mis queridos “maestros”, me hicieron tomar una decisión que siempre ha estado en la base de mis proyectos: “construir una escuela al revés”, es decir, una escuela que acogiera ante todo aquellos adolescentes que soñaban “jugar” más que ir a la escuela. Me dije: “Cuando sea “grande” (eran entonces los años 61 – 64) voy a construir una escuela donde el deporte sea tan importante como las materias escolares y donde los chicos más “vivaces” sean acogidos como los mejores alumnos”.

Cuando llegué a Ecuador participé en varios festivales organizados en el escolasticado en honor a las “Madres Apostólicas” que siempre revivían en forma teatral la obra de Murialdo, el que con una campanita “buscaba” los niños de la calle. En una ocasión, no recuerdo el año, salí del salón rezongando y enojado porque una vez más repetían aquella escena, y me dije: “Hay que dejar de hacer teatro, es hora de hacer algo en serio también aquí: ¡ir en busca de los chicos de la calle con la “campanita”! Tenemos que hacer lo que hizo Murialdo, si queremos ser “Josefinos como él”. A partir de ese momento empecé a pensar seriamente acerca de qué hacer.

Antes que se hablara de “Familia de Murialdo” y “Laicos de Murialdo”, yo he tenido la suerte de tener a mi lado a una persona que se merece la medalla de “Murialdina”; hablo de la señora Ruth Rivadeneira. La había conocido cuando trabajaba en el colegio “San José”, y le hablaba de mi proyecto que, hasta entonces, era todo imaginario. Vi que se entusiasmaba cada día más; ella conocía desde hacía muchos años las obras de los Josefinos y la vida de Murialdo y, compartiendo mis proyectos y motivaciones, aceptó acompañarme.

Omito parte de la historia que dio lugar al nacimiento de mi proyecto, pero no puedo olvidar el día en que con una vieja y destartalada furgoneta con altavoces, acompañado por Ruth, que había escrito más de 200 hojas de invitación, fuimos por las zonas más pobres de Quito llamando a gritos a los niños de la calle: “¿Quieren jugar y comer gratis? ¡Vengan a Fundeporte!”.
Ruth transcribía en sus hojas los datos de todos los chicos que se acercaron. En sólo una semana se inscribieron más de ciento cincuenta jóvenes. En aquellos días, llegaba a casa muy feliz sintiéndome verdaderamente como Murialdo que con la “campanita” buscaba a los niños de la calle. El 31 de enero de 1995, la fiesta de San Juan Bosco, amigo de Murialdo, comenzamos con 40 niños, 40 pelotas, 4 entrenadores de fútbol … ¡la aventura había iniciado! El resto de la historia la escribirá luego quien tenga ganas…

¿Qué pedagogía, metodología, etc. etc., he utilizado? Simplemente la de Murialdo: “ser padre-hermano-amigo de los niños de la calle”. Con muchachos de la calle, fuera del sistema escolar, hiperactivos, desconfiados, que vienen de situaciones de extrema pobreza, violentados en todos los sentidos y destruidos en su “soñar” la vida, la única pedagogía que se puede usar es la pedagogía del “Corazón”.

Padre (corazón de) de quien la autoridad es sin duda importante, pero la paternidad lo es aún más. Se debe ante todo ser “padre”, se debe ser capaz de re-generar estos jóvenes con la mente y con el corazón. Tienen necesidad de una autoridad, pero de una autoridad “misericordiosa”, que sepa comprender y perdonar, y que al mismo tiempo nunca cierra sus puertas y esté pronta para dar confianza una vez más.

Hermano (corazón de) que camina con ellos, que está a su lado, que se sienta con ellos cuando están cansados, pero que es también un punto de referencia fuerte y que está cerca cuando tienen miedo de este mundo duro que ya han conocido desde pequeños. Un hermano que les ayude a soñar un mundo diferente, que les ayude a ver también que los “otros” no son “todos malos”.

Amigo (corazón de) que sepa escucharlos, que juegue y haga bromas con ellos, que ría y llore con ellos y que sepa darles cariño y comprensión. Un amigo de corazón, de quien se puedan fiar, incluso cuando los otros con sus prejuicios los juzguen “malos”. Un amigo con quien se pueda contar, no porque se hayan portado bien con él, sino simplemente porque él, el amigo, los ama como son, sin juzgarlos, dejando que encuentren a Dios, a aquel que ha trazado para cada uno de ellos un camino, el que a veces es tan difícil de captar y de ser entendido por nosotros, tan “estructurados” como somos.

Trabajar con los adolescentes (una edad que siempre me fascinó) es la cosa más bella, pero también el trabajo más duro. La mayoría de ellos ni siquiera te da las gracias, pero a veces su gratitud y su dulzura única te hacen recobrar las fuerzas gastadas para educarlos. A veces los encuentras después de tantos años y se te acercan como si hubieran reencontrado a su “padre, hermano y amigo perdido”, y esto te recompensa para siempre. A veces, estos mismos chicos fueron los que en el pasado te habían hecho sufrir más .

Trabajando con los adolescentes se debe ser capaz de soñar que ellos serán el futuro, y el futuro mejor, aún cuando en la actualidad estén llenos de defectos, debilidades y vicios. Podría citar casos de jóvenes que eran adictos a las drogas, ladrones, asaltantes en pandillas juveniles y que hoy son muy buenos padres de familia, terminaron sus estudios y tienen importantes y merecidas responsabilidades laborales.

Uno de mis lemas es que “en el proyecto todo es escuela”, todos los empleados son profesores, educadores, que deben enseñar a “vivir la vida”: desde el portero que les da la bienvenida cuando llegan por la mañana, a la cocinera que prepara las comidas, a los profesores, técnicos. Todo el mundo debe “educar para la vida”. Toda la jornada transcurrida en el proyecto es una escuela, cada proyecto debe ser “una escuela para la vida”, y no para un informe de la escuela o para las notas. ¡La promoción la da la vida y no el ministro de Educación y … menos aún los padres Josefinos!

Debemos tener confianza en ellos, creer firmemente que pueden cambiar, y si nos hacen desesperar, no sólo debemos perdonarlos, sino estar preparados para darles nuevamente confianza, y no solamente una vez, sino …. 70 veces 7.

La base de todo esto: creer que San Leonardo Murialdo “resucitó” en cada uno de nosotros, josefinos, y que como él podemos ser un don que facilite el encuentro de los adolescentes con el Dios Amor. El resto lo hará Él, y será Él quien los guiará por el camino de la salvación, es decir, por aquel camino que los llevará a encontrarse con Él como Dios: Padre, Hermano, Amigo.
¿Se resume aquí todo mi “pobre” pedagogía-metodología? Deporte y escuela profesional…

P. Sereno Cozza

This post is also available in: Italiano Inglés Portugués, Brasil