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6. JESÚS: AMOR EDUCATIVO QUE NOS INVITA A UNA VIDA AMOROSA

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Nos dejamos inspirar por Jesús educador y por la pedagogía de Dios. El Evangelio es para nosotros, educadores, fuente de inspiración y alimento de nuestra espiritualidad educativa. Orando y realizando la Palabra interceptamos y nos hacemos signos de la acción educativa de Jesús. Incluso en el Evangelio, la contribución especial de la praxis educativa de Jesús es ante todo una cuestión de estilo.

El Evangelio de Jesús: fuente de inspiración para nuestra acción educativa
En las diversas ocasiones de encuentro, narradas por los Evangelios, Jesús aparece como alguien con extraordinarias dotes educativas: capaz de captar el potencial de las personas, de lograr arrancar a muchos hombres de una existencia mediocre, de acompañar el reconocimiento tanto de los límites como de los inmensos recursos que cada uno tiene. El Maestro educa así, haciéndose próximo a todo hombre encontrado en su camino. Aceptación incondicional de los demás, apertura a la diversidad, creatividad y transparencia en la comunicación, son algunos de los rasgos característicos de su proximidad educativa. Haciéndose compañero de viaje, él asume también una dinámica co-educativa, que empuje a una vida amorosa en la que se pueda poner en círculo y compartir, en clave comunitaria, el amor experimentado concretamente en su “escuela”.
Jesús, expresión concreta de Dios que ama con un amor personal e inesperado, tierno y misericordioso, se convierte para cada uno de nosotros en un signo y una invitación a reconsiderar, en perspectiva de una plena y sensata humanidad, la propia existencia y la de los demás.
Su estilo sostiene el compromiso educativo y humanizador de quien, imitando su ejemplo y siguiéndolo, quiere ser aún hoy, en tiempos de crisis y vulnerabilidad, su testigo y “levadura en la masa”.

Jesús educador: huellas de una metodología implícita
Jesús no fue ni actuó como un educador profesional, así como hoy se lo entiende; pero no se puede negar que su vida y su enfoque relacional tuvieron muchas connotaciones educativas. Fue, en otras palabras, un educador de hecho.
A partir de esta consideración, podemos, sin embargo, descubrir en el actuar de Jesús una especie de metodología implícita, es decir, aquellas formas de hacer y/o aquellas estrategias que, si bien no intencionalmente puestas o pedagógicamente fundadas, contienen un fuerte carácter educativo y nos dan indicaciones de proceso sobre cómo organizar dinámicas formativas al servicio del crecimiento de la persona, desde la perspectiva cristiana.

Declinaciones educativas.
Un enfoque especial de la enseñanza de Jesús se encuentra en el movimiento, en la salida, en la movilización de las energías vitales de sus interlocutores. Él, de hecho, propone y promueve procesos de cambio entendidos como activación de “movimiento”. El verbo latino que expresa este núcleo conceptual, es decir, el del cambio como movimiento es “ducere”, es decir: tirar, llevar, guiar. La constelación semántica que tiene en su centro este verbo incluye muchas de las modalidades del proceso educativo puestas en acto por Jesús en sus interacciones con las personas, sean quienes sean. El suyo, se puede configurar, de hecho, como un múltiple y polivalente rol de seducción, conducción, inducción, abducción, traducción, deducción, producción . Veamos en detalle las implicaciones:

1. Seducción (se-ducere) es la capacidad de sacar afuera, de separar, de desviar de un camino anterior. A menudo se concreta llevando a la persona fuera de su realidad cotidiana y haciéndole vislumbrar nuevas perspectivas, cambiando los marcos de referencia, cognitivos y emocionales.
Jesús adoptó una dinámica educativa seductora especialmente en relación a los apóstoles; pero también en otros casos, como en el encuentro con el joven rico. En todas estas ocasiones, él logró hacerles desviar de la normalidad, ofreciéndoles perspectivas de separación de la vida rutinaria y obvia, para inducir en cada uno al descubrimiento de su propia originalidad. Jesús saca a fuera, pero no en una óptica de aislamiento o alienación de la realidad, sino en la perspectiva de resignificar la existencia .

2. Conducción (con-ducere) no entendido como dar dirección o manejar, como a menudo el sentido y el uso habitual indican, sino según su acepción latina original: “reunir y conectar”.
En los procesos educativos, el cansancio, los miedos o las vacilaciones por la separación y la desviación que arrastra la estrategia de la seducción, son atenuadas por la proximidad y la compañía del grupo de personas que viajan por el mismo camino. La experiencia de la comunidad de los Doce y de aquellos que siguieron a Jesús más de cerca es uno de los ejemplos más evidentes de esto.
En la práctica, Jesús, actuando procesos de “conducción”, nos dice que la educación nunca es un viaje solitario o una mera dinámica que se agota en una relación de dos (por ejemplo: maestro-discípulo). Ella es, en cambio, una práctica comunitaria que hace del grupo no un simple instrumento o un lugar educativo, sino un verdadero sujeto protagonista del crecimiento, donde cada uno, asegurado por el educador y por el grupo de compañeros de viaje, no es anulado o aplastado, sino instado a una presencia y a una acción personal e interdependiente al mismo tiempo.

3. Inducción (in-ducere) que significa introducir, pero también de suscitar y entusiasmar. Quien educa introduce a la persona en el mundo inexplorado de los posibles, despertando la curiosidad por lo desconocido y/o por aquello que pudiera nacer.
Pues bien, Jesús asume a menudo, en relación a sus interlocutores, sean ocasionales o estables, una función de “revelador” de nuevas perspectivas, proponiendo la superación de visiones habituales y obvias. Lo vemos, por ejemplo, en caso de la invitación dirigida a Pedro a echar las redes:
“(Jesús) educa su pasión, entrena su mirada a un horizonte proyectual al que nadie lo había llamado hasta ese momento. Y la confianza de este hombre alcanza una medida inesperada, precisamente porque no oculta su límite, sus incertidumbres y derrotas: “hemos trabajado, no pescamos nada” (Lc 5,4-5), pero se entrega al Otro en quien ha vislumbrado una capacidad totalmente nueva para estar con la gente, para amarlas y para buscarlas” .
Jesús invita, por tanto, a mirar más allá; pero al mismo tiempo acompaña para tener una nueva visión de las cosas, de los hechos y, sobre todo, de las personas: mirar la religión, mirar la tradición, mirar las relaciones sociales desde la óptica de las potencialidades, de las posibilidades de vida plena y auténtica y no según una perspectiva de fidelidad a las tradiciones o de correspondencia a las leyes.

4. Abducción (ab-ducere) indica un cambio de estado o condición, pero ya en el sentido original de la palabra latina tenía también el significado de “destacar, alejar, apartar”, incluso para Cicerón significaba: “antagonizar”.
También con respecto a este sentido, podemos detectar varios episodios narrados en los Evangelios en los que Jesús efectúa personalmente, o invita a realizar, acciones de desprendimiento de falsas certezas, de alejarse de las costas protegidas por una normalidad tranquilizadora y segura. En cierto modo, él quiere decir que quien se puso en un dinamismo de crecimiento educativo debe tener en cuenta el “antagonizar”, es decir: estar dispuesto a pagar el precio de la separación del rebaño, del pensamiento de: “así hacen todos”, lo que en última instancia, es asumir la soledad que a menudo esta separación comporta.

5. Traducción (tra-ducere) es la función de hacer pasar adelante, de llevar más allá, de conducir hacia adelante. Traducir implica la capacidad de acompañar, requiere el conocimiento y la experiencia de las tierras a cruzar y/o a alcanzar. Es un trabajo que a menudo se lleva a cabo en las fronteras y requiere el arte del que ayuda a atravesar de una orilla a otra (cfr. Conclusiones y perspectivas educativas de este texto), es decir, la capacidad no sólo de prever nuevos horizontes de crecimiento, sino también de sostener el esfuerzo de la transición y el miedo a lo desconocido. También aquí tenemos una función de movimiento, más allá de los límites y de las defensas, más allá del miedo y de las costumbres, andando hacia el futuro a construir más bien que hacia el pasado a replicar.
Vemos esta capacidad “traductora” de Jesús especialmente en el servicio de acompañamiento e interpretación de los significados de la existencia a la luz de un Proyecto de Alianza amorosa (cf. el episodio de los discípulos de Emaús, o el de la tormenta en el lago).
En varias ocasiones reportadas por los Evangelios, Jesús utiliza la expresión “no teman”, no para tranquilizar y consolar superficialmente, sino para confirmar su presencia empática, emancipadora, tendiente a hacer crecer en una relación dialógica y abierta; ayudando a asumir la propia responsabilidad.

6. Deducción (de-ducere). La partícula “de” indica origen, fuente, proveniencia. A este respecto, la referencia y el reclamo del de-ducere es a la propia historia. Insta para que afloren en la conciencia los valores fundamentales, los modelos de referencia, las concepciones de persona y sociedad de las que se es hijo y heredero. De-ducere exige, según esta acepción, considerar las raíces de diversos tipos en las que se está injertado y sin las cuales no es posible hoy en día pensarse como ramas y frutos.
El prefijo “de”, sin embargo, connota también la educación de un carácter sustractivo: reclama la eliminación y/o el desprendimiento de un modelo de referencia; es un arrancar, un erradicar como un sustraer a la tierra o hacer salir .
En esta segunda perspectiva, Jesús se propone como un “iniciador”, como el que se encarga de botar un barco al mar o bien del crecimiento y del desarrollo. Ejercitándose a observar juntos la realidad; aprendiendo a leerla metiéndose en los contextos de acción y de vida, generando continuos cotejos entre lo que se es y lo que se podría ser, él ayuda a detectar lo que permanece y lo que ha cambiado, aquello en lo que en todos se reconocen y aquello que crea discrepancia, aquello que confirma y aquello que contradice, a nivel personal y comunitario.
El ejercicio de una dinámica relacional de tipo deductiva se convierte de este modo para cada uno de los que se encuentran con Jesús, en una oportunidad para evaluarse, para retomar los rasgos de identidad y/o de contexto donde intervenir para modificarlos o confirmarlos; para elegir quién ser; para explorar los mundos posibles, para intentar liberar el potencial presente en cada uno… en última instancia, para crecer .

7. Producción (pro-ducere) indica llevar adelante, pero también presentar, exponer, hacer aparecer y hacer crecer. Producir, aquí, no se refiere a una fabricación de objetos, sino al nacimiento, al dar a luz, a la revelación de lo que estaba en la oscuridad. Como un verdadero educador, Jesús facilita en las personas el paso desde las sombras del anonimato y de la insignificancia a la luz llamativa de una existencia auténtica y sensata. Acompaña el florecimiento de la personalidad de cada uno sabiendo dejar andar, favoreciendo el manejo de lo que se ha comprendido y/o interiorizado o bien su puesta en práctica, su desplegarse en el proceso existencial de lo que se capaz de hacer, de lo que se está dispuesto a dar para contribuir al crecimiento y a la mejora de la vida del mundo.

Metáforas para re-imaginarse adultos educadores según el estilo de Jesús
¿Cómo volverse a pensar educadores josefinos teniendo en cuenta por un lado los rasgos de inspiración y de referencia que nos vienen de la vida de Jesús y por el otro los reclamos y retos procedentes de la modernidad?
La invitación es volver a conjugar una presencia y una compañía de nosotros, adultos, con los jóvenes según formas menos tradicionales, liberadas de aquel súper-heroísmo que a menudo caracteriza la asunción del rol educativo según el cual todo depende de nosotros y debemos hacernos cargo de todo.
Nos puede ser útil, a tal efecto, recurrir al uso de dos metáforas que parecen particularmente eficaces: la del peregrino y la del acompañador que ayuda a pasar a la otra orilla.

1. Estar con los jóvenes… como peregrinos caminantes
La del peregrino, incluso más que la del maestro o del guía, es la imagen que mejor resume el rol al que está llamado el adulto educador actual. El peregrino, de hecho, es un andante, uno en camino, expuesto a todos los riesgos e imprevistos de un viaje, pero consciente de la dirección a tomar. Totalmente diferente es el vagabundo, que vive de artimañas, se siente autónomo frente a toda institución y autoridad para elaborar el sentido de la propia vida o su propio código ético. El proyecto existencial del vagabundo tiene el aliento de un día, su acción se agota en el acto, mientras que el del peregrino se extiende a lo largo de los senderos de las estaciones, se enriquece de los encuentros y del camino hecho con otros, encuentra sentido en la meta a alcanzar .
“Todo adulto está llamada a hacerse cargo de las nuevas generaciones. Se convertirá en educador cuando asuma las tareas relativas con la debida preparación y con sentido de responsabilidad. El educador es un testigo de la verdad, de la belleza y del bien, consciente de que su propia humanidad es tanto riqueza cuanto límite. Esto lo hace humilde y en búsqueda constante. Educa quien es capaz de dar razón de la esperanza que lo anima y es impulsado por el deseo de transmitirla. La pasión educativa es una vocación, que se manifiesta como un arte sapiencial adquirido en el tiempo a través de una experiencia madurada en la escuela de otros maestros” .

2. Estar con los jóvenes… ejerciendo con ellos el arte del acompañador que ayuda a pasar a la otra orilla
Muchas veces los jóvenes viven la experiencia de la traición del adulto que los retiene para sí, no les dejar ir, no les deja ser. O bien están “desorientados” o bloqueados porque las direcciones a tomar ya están pre-definidas por los adultos, que a menudo les indican el sentido obligado y el prohibido. No pocas veces, por último, los contextos vitales que las jóvenes generaciones anhelan explorar y habitar han sido “acondicionados” previamente por el adulto que, al hacerlo, cree conservar, defender, tutelar y proteger a los jóvenes a él encomendados.
Pero ¿será realmente esta la función que se requiere hoy de nosotros, adultos educadores?
En nuestra opinión, es posible asumir una presencia diferente, y ejercitar una nueva función educativa: la del acompañador que ayuda a pasar a la otra orilla:
«Arte Preciosa es aquella de dejar andar, de acompañar y de invitar a ir más allá. El arte del acompañador. La generación adulta en tiempos de incertidumbre tiene que volver a aprender el arte del acompañador que escolta hasta el confín y que indica la nueva frontera, mientras avanza por el difícil camino junto con aquellos que buscan y a los que van a entrar en la nueva tierra. Y por el sendero va mostrando que se puede soportar el riesgo de las caídas, de la fatiga de insistir, de la atención y la belleza de interpretar los signos y de ver los nuevos paisajes que se van abriendo. Luego, en la frontera, envía más allá. Los acompañadores adultos son cultivadores de esperanza, porque son mujeres y hombres de palabra, que no te abandonan, que te acompañan y luego te dejan andar. Ellos han madurado la esencia del siervo inútil” .
En la escuela de Jesús aprendemos, entonces, cómo una verdadera educación – que no se reduzca a una técnica, sino que se haga cargo de la vida del otro – se da sólo cuando el educador no hace de sí mismo el horizonte de la otra persona, cuando empuja a mirar y desear una realidad que está más allá de los estrechos confines de sí mismos.
Jesús, como un verdadero acompañador, nos educa invitándonos y acompañándonos a ir hacia un “más allá” constituido por la “Tierra Nueva” o por aquel espacio de humanización que cada uno de nosotros puede habitar haciéndose cargo del otro y abriéndose a la reciprocidad fraterna.

Pistas de reflexión y profundización
1) ¿En qué episodios, de los narrados en los Evangelios, emerge, con mayor claridad y eficacia, el estilo educativo adoptado por Jesús? ¿Qué le dice al educador josefino de hoy?
2) ¿Qué significa hoy asumir, como educadores, un estilo de “peregrinos” y ejercer el arte de “acompañar”?

Actividades para seguir reflexionando y creciendo juntos como educadores
Tanto a nivel personal como grupal, los equipos educativos de las obras pueden realizar evaluaciones periódicas comparando sus prácticas con la especificidad metodológica del estilo educativo de Jesús, tal como se presenta en el texto anterior (ver párrafo: “Declinaciones educativas”).
Cuanto emergerá de la reflexión y del análisis será útil para re-significar motivaciones e impulso educativo, para re-animar las relaciones, para re-orientar la acción.
Puede ser útil para la actividad sugerida el siguiente esquema:

Rasgos característicos del  estilo educativo de Jesús Referencia con nuestra experiencia

de educadores

Perspectivas de mejoramiento

acciones, iniciativas a realizar para crecer como educadores en escuela de Jesús

Convergencias

con el estilo de Jesús

Divergencias

con el estilo de Jesús

Se-ducción
Con-ducción
In-ducción
Ab-ducción
Tra-ducción
De-ducción
Pro-ducción

[1] Le varie coniugazioni deducibili dal verbo “Ducere” sono state prese in prestito da g. contessa, L’animazione. Manuale per animatori professionali e volontari, ed. CittàStudi, Milano 1996, 71-73.

[2] G. Pirozzi, «Le relazioni educative nello stile della centralità della persona», in aa.vv., Cammini Formativi per educatori e operatori nell’accoglienza», ed. lem, Roma 2007, 68.

[3] L. Diliberto, L’arte dell’incontro. Essere educatori alla scuola di Gesù, ed. AVE, Roma 2011, 53.

[4] G. Pirozzi, «Le relazioni educative nello stile della centralità della persona», cit., 66.

[5] G. Pirozzi, Declinazioni formative per la scuola che vogliamo. Riflessioni sul senso ed il valore della formazione scolastica per re-immaginare responsabilità educative inedite in un tempo di crisi e di vulnerabilità sociale, in Nuova Secondaria Ricerca, Ed. La Scuola, Brescia 2014, n°2/ott.,16.

[6] Le immagini del vagabondo e del pellegrino sono state prese a prestito da: G. Notari, «Quali sfide per una narrazione efficace della buona notizia?», Relazione tenuta al convegno regionale  delle équipes degli uffici diocesani della Sicilia nel gennaio 2009.

[7] Conferenza Episcopale Italiana, Educare alla vita buona del vangelo, 29.

[8] I. Lizzola, «Sei appigli per farsi esperti in un tempo di incertezza», Animazione Sociale 2013 (271), 77.

Genoveffo Pirozzi

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