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18. LA EDUCACIÓN DEL CORAZÓN DESDE TRES PERSPECTIVAS

Prestar atención en primer lugar al desarrollo de la sensibilidad, sabiendo que cambia con el crecimiento de la persona y que tiene diferentes manifestaciones dependiendo de las situaciones. En segundo lugar, educar el corazón en la perspectiva de la apertura a los demás, esto es mucho más fácil para el joven que ha vivido en una situación de dificultad y de lucha, que para aquel que ha vivido siempre muy protegido. Por tanto, a partir de motivaciones internas se debe pasar a comportamientos que sean el resultado de decisiones personales. Existe la convicción de que la educación de la sensibilidad, del corazón abierto a los demás, del tomar decisiones, si es bien realizada en la adolescencia puede ser el fundamento para la madurez juvenil y adulta.

Gilberto Da Câmara

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Si quieres profundizar

18. LA EDUCACIÓN DEL CORAZÓN DESDE TRES PERSPECTIVAS
la sensibilidad, la apertura y la decisión


1-. La perspectiva de la sensibilidad

La perspectiva de sensibilidad es una manera de analizar y describir el fenómeno de la sensibilidad en la persona. En el caso de niños y adolescentes, esta perspectiva quiere analizar la parte sensible que hay en cada uno y que se manifiesta a través de sus actitudes.
Desde un principio hay que decir que todos los niños son sensibles. Nacidos con una sensibilidad a flor de piel. Los niños en sus primeros años de vida tienen una profunda sensibilidad; por eso nadie se sorprende cuando lloran fácilmente.
Al pasar esta primera etapa de la sensibilidad, viene un segundo momento el que ya no es tan profunda y pierde algo de su fuerza, porque el niño ha crecido y madurado. Durante este proceso se pierde mucha sensibilidad porque no es estimulada. También por una influencia negativa en la familia ella puede disminuir.
En los primeros tiempos, la sensibilidad es vivida por todos los sentidos del niño. Algunas sentidos pueden ser más receptivos que otros, como es el caso del oído y la vista. El niño escucha mucho en los primeros meses, está atento a todo lo que le rodea. Al mismo tiempo, la visión va asimilando el mundo en el que vive y va teniendo cada vez mejor percepción sensible. El hecho de que la persona nazca sensible a la realidad y a su mundo interior no garantiza que va a ser una persona sensible en el futuro. Cuando la sensibilidad se pierde o se deja de lado, en parte, este niño o adolescente se distancia del mundo exterior. Podría no importarle o ser indiferente a lo que sucede externamente.
La sensibilidad del niño es observable, y aún cuando no todos expresan esta sensibilidad en la vida cotidiana, se pueden ver sus huellas en la escuela y en la casa. La observación puede ser hecha por cualquier educador que se ocupa de los niños y, obviamente, por los padres, a través de observaciones y preguntas realizadas en su entorno. Preguntas tales como:¿El niño interactúa con más de una persona? ¿Invita a otros niños para jugar? ¿Comparte la merienda? ¿Presta juguetes? ¿Pide perdón cuando cree que se equivocó? Estas preguntas nos pueden dar un resultado positivo o negativo acerca de cómo está la sensibilidad del niño. El niño será muy sensible a los demás y al mundo lo rodea, o bien no manifestará suficiente sensibilidad en su ambiente para poder ser detectada u observada.
La educación del corazón se produce desde un primer momento de la infancia, donde el niño es sensible a su mundo, incluso si no expresa tal sensibilidad. Podemos decir que todo niño con un desarrollo adecuado de la razón y la emoción tiene el corazón predispuesto a la sensibilidad. La cuestión se complica un poco en la adolescencia, porque es una etapa llena de cambios psíquicos, físicos y espirituales. Al enfrentarse a tantos cambios, el adolescente se siente perdido en sus razonamientos, emociones y disposiciones frente a su mundo.
En la adolescencia la sensibilidad no tiene la misma fuerza que en el niño, pero aún así continúa ser sensible. La ventaja en la etapa de la adolescencia es la presencia de la creatividad y de la imaginación. Habiendo adultos que despierten la sensibilidad en los adolescentes pueden darse muchas respuestas de donación, entrega, amor a Dios y al prójimo.

2 -. La educación del corazón en perspectiva de apertura

Continuando ese primer momento de la sensibilidad infantil. Si hay sensibilidad en los niños, y ya vimos que en todos existe, es importante saber cómo es que esta sensibilidad logra abrirse a Dios. La perspectiva de la apertura es una forma de análisis, de observación de un periodo de la vida, desde la infancia a la adolescencia, tratando de percibir en este período la existencia de apertura a lo divino.
Un corazón educado debe estar abierto a las realidades divinas y humanas. Apertura que ha ido creciendo y madurando desde la infancia y que ahora en la adolescencia se hace más intensa. Esta apertura no se da de un momento a otro, necesita de continuidad en el desarrollo de la sensibilidad hasta el auge de la adolescencia.
Podemos tomar como ejemplo un niño que fue educado en la fe por los padres, que fue bautizado, que aprendió las oraciones en familia, que fue llevado a las Misas y fue asimilando la fe hasta su adolescencia. En su pequeño mundo de idas y venidas de la casa a la iglesia, de la casa a la escuela, escuchará expresiones de sensibilidad, de captación y comprensión de esta sensibilidad. Al caminar por las calles, conociendo y viendo gente de su edad y de todas las edades, escuchará, captará y desarrollará su sensibilidad. Conversará con los padres acerca de la vida y de sus dificultades. Quienes viven en lugares difíciles, como villas y zonas fronterizas, donde los padres salen a trabajar y sólo regresan por la noche, tendrán una mayor sensibilidad, una mayor apertura a la realidad humana.
El sufrimiento suele ser más frecuente en las familias ubicadas en lugares donde la vida es una lucha diaria y llena de preocupaciones. Pero, al mismo tiempo, esos son los lugares de la fe, de la lucha por la vida. Son, en definitiva, lugares de apertura a Dios, ya que a menudo esa gente puede contar solamente con él. Además, son también lugares de ayuda mutua y solidaridad.
Un corazón educado en la perspectiva de la apertura llevará al adolescente a encontrarse consigo mismo y con la realidad que lo rodea; a querer participar más en las cosas de Dios, sea en grupos de jóvenes, de confirmación, de voluntarios para alguna entidad, o en las diversas pastorales que existen en la parroquia. Lo que él experimentó en la infancia seguirá creciendo hasta el momento de tomar una decisión concreta y fundamental. Esta decisión será el resultado de la apertura y de la conciencia de la presencia de Dios en su vida.

3.- Perspectiva de la decisión

La educación del corazón pasa a través de una sensibilidad que se va desarrollando, madurando, hasta llegar a abrirse a lo divino y esto, a su vez, lleva a una decisión. Tal decisión será fruto de una actitud personal impulsada por valores internos que se traducirán en acciones concretas. Pero además debe ser una decisión interior ya que el gesto realizado comprometerá toda la vida. Puede ser una decisión como la de hacerse sacerdote, religioso, religiosa, o la de una profesión que se ocupe de problemas humanitarios o simplemente la de una vida dedicada a una causa que pocos están dispuestos a hacer.
Mientras tanto, puede suceder que la decisión sea temporal, no permanente, si es que hay algo que sea definitivo, como ayudar a una iglesia, un asilo, una guardería, o participar en un grupo de voluntarios durante algún tiempo. Decisiones simples o comprometedoras que se hacen posibles gracias a una educación de la sensibilidad que culmina con la apertura. ¿Cuántas personas han decidido dar sentido a su vida en la adolescencia, en la juventud, y tal decisión continua hoy en día? Una decisión que marca toda la vida y la vida entera.
Sabemos que las personas viven tomando decisiones en su vida, no hay nada nuevo en esto. Sin embargo, aquellas decisiones que fueron tomadas en la adolescencia, marcadas por la sensibilidad, duran toda la vida. Cuanto mayor sensibilidad hayan tenido en la adolescencia, tanta mayor posibilidad de tomar decisiones fuertes y definitivas en sus vidas.
Recordemos la decisión de San Leonardo Murialdo cuando era adolescente, en el Colegio de Savona. Una decisión seria: abandonar esa escuela en virtud de una vida mejor, coherente y cristiana. Poco tiempo después tomó otra decisión llena de sentimientos, de sensibilidad, la decisión de ser sacerdote.
Esta última decisión marcó toda su vida. Esto prueba que un corazón educado a la sensibilidad se abre a Dios y esta apertura le da la libertad para tomar decisiones profundas.
¿Cuántos adolescentes, en la escuela donde Nadino estudiaba, tenían su corazón educado? Tal vez unos pocos. El hecho es que Nadino había sido educado por su madre, que era sensible y abierta a Dios. La decisión de Nadino fue consecuencia de esta educación.

Gilberto Da Câmara

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