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23. LA PEDAGOGÍA DEL AMOR EN ACCIÓN
Experiencia en Villa Bosch

La relación entre el educador y los jóvenes es fundamental, como se puede ver en la historia de la pedagogía. Fundar en el amor la relación educativa es encontrar el corazón del otro, su interioridad más profunda, lo que constituye su identidad personal y relacional. De esta convicción, hecha propia por Murialdo, derivan algunas consecuencias para el educador “murialdino”: ejemplaridad del educador, acogida a cada joven, perspectiva humana y cristiana de la obra educativa, escucha recíproca y atención a toda la persona, aceptación de algunos valores básicos, promoción en el joven de convicciones y actitudes marcadas por la solidaridad hacia los demás.

Silvana Peña
Gabriel de Rosa

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23. LA PEDAGOGÍA DEL AMOR EN ACCIÓN
Experiencia en Villa Bosch

(Silvana Peña
Gabriel de Rosa)


“La educación es el dificilísimo e importantísimo arte de asistir a los jóvenes, de prever, de prevenir y corregir el mal, de promover y hacer crecer el bien en medio de la juventud que nos es confiada”
San Leonardo Murialdo

La pedagogía del amor es un estilo educativo que invita al docente a convertirse en amigo hermano y padre de sus alumnos y lograr de esta manera una relación pedagógica basada en la confianza, el respeto y el afecto. A partir de esta relación se desarrolla la vocación docente participando del proyecto salvífico del educando y favoreciendo su propia salvación. Nos decía Pestalozzi “Para cambiar a la persona hay que amarla. Nuestra influencia llega sólo a donde llega nuestro amor”.

Desde la antigua Grecia cobra protagonismo la figura del maestro como agente favorecedor del aprendizaje; en este período histórico el rol del docente se caracterizaba por una serie de conductas y valores. En griego, la palabra pedagogo tiene sus raíces en (paidos -niño) y (gogos -conducir): el que conduce al niño, y lo hace en todos los momentos de la vida. Para los griegos la educación se caracterizaba por la acción, se educaba para la vida. En ese tiempo no se concebía la teoría sin la práctica. Un maestro, por tanto, era también un modelo, una persona generalmente mayor que había vivido y tenía la capacidad de transmitir su experiencia, un modelo. Lograba con su alumno una relación que es lo que hoy conocemos como la empatía pedagógica, característica que poseen los docentes que sintetizan lo que denominaremos practicas exitosas. A lo largo de la historia muchos filósofos y pedagogos reflexionaron sobre la relación docente alumno. Rosseau en el Emilio hace referencia a esta relación “hay contrato pedagógico en la medida en que dos partes se comprometen a establecer y, luego, a vivir una relación educativa, es decir, un recíproco compromiso de educación”. Más adelante Pestalozzi profundiza sobre la importancia de este vínculo y afirma entre otras cosas que “el trato amoroso de los maestros es esencial para lograr la disciplina y el aprendizaje”. En la época de San Leonardo Murialdo cobran, sobre todo para los educadores cristianos, mucha significatividad las ideas de algunos franceses como Monseñor Félix Dupanloup o de Marcelino Champagnat para quien el maestro “…es padre. Ciertamente, es un segundo padre, cuya vocación no supera, claro está, a la del primero; pero su entrega es tal vez más generosa, por ser más libre y desinteresada; su inclinación es menos natural, pero viene inspirada de más arriba; su capacidad, finalmente, es a menudo mayor y más perfecta”, también Montessori diseña un método pedagógico basado en el amor al alumno. Ya en el siglo XX Vigotsky, Brunery, Maturana y Gadner entre otros también analizan la importancia de los vínculos y las emociones en las relaciones educativas.

En la pedagogía del amor el elemento fundamental es el amor. El amor es un concepto universal, aplicable a cualquier relación incluida la pedagógica, y es la base fundamental sobre la que se construye este estilo educativo.

Jesús nos invita a vivir un mandamiento nuevo, que nos amemos unos a otros, y coloca este sentimiento en el centro de su mensaje de salvación. Es por ello que en toda tarea educativa evangelizadora se debe reconocer al amor como el medio esencial en el que se desarrolla la relación educativa.

Maturana en sus estudios sobre las bases biológicas del entendimiento humano nos dice que los seres humanos somos seres biológicamente amorosos, que este es un rasgo de nuestra historia evolutiva, y agrega que “El amor es una emoción, es un modo de vivir juntos, un tipo de conductas relacionales en los sistemas humanos. El amor se produce cuando en nuestra vida e interacción con otros, el otro, no importa quién o qué sea, surge como otro legítimo en coexistencia con nosotros. El amor (el amar) es la emoción que constituye y conserva la vida social”.

Por tanto observamos que el amor es inherente al ser humano tanto en su dimensión individual como en el plano social y entendemos que nuestro compromiso como educadores cristianos es construir espacios de afecto que actúen como canales de comunicación por los cuales transite la formación integral de nuestros alumnos. El amor se constituye por lo tanto en el elemento indispensable del acto educativo. Es el elemento en el cual se desarrollaran las relaciones interpersonales que permitirán a los alumnos su crecimiento personal en un ambiente propicio para formarse e iniciar su camino de preparación a la vida eterna.

Pero como podemos como docentes poner en acción este estilo educativo?.
La experiencia de la práctica concreta de este modelo didáctico en nuestra escuela nos ha llevado a realizar un estudio sobre lo que denominamos practicas exitosas de distintos docentes. Estas prácticas se caracterizan por obtener altos resultados académicos con un profundo grado de satisfacción de los alumnos. Los resultados de estas investigaciones nos llevan a afirmar que el vinculo entre docente y alumno es el elemento fundamental en la transposición didáctica. En base a dicho estudio hemos elaborado una serie de consejos que deseamos compartir con todos los docentes para que a partir de la reflexión sobre su propia práctica logren optimizar su tarea educativa.

Consejos para el docente Murialdino

• Sea cual fuese tu función docente, eres un “maestro de vida”, y debes tener plena conciencia del poder que ejerce tu propio ejemplo en el accionar de tus alumnos.

• Acepta a cada uno de tus alumnos tal cual es, y no como te gustaría que fuera; pues sólo conociendo y aceptando sus valores y sus defectos, sus aptitudes y sus carencias, podrás ayudarlo a potenciar y desarrollar los primeros y a corregir y a atenuar los segundos. La aceptación constituye el punto de partida del proceso educativo.

• Que tu horizonte como docente, no sea el de formar jóvenes sólo inteligentes y trabajadores, menos aún sabelotodos orgullosos; sino honrados y virtuosos ciudadanos, y sinceros y abiertos cristianos. No solo educamos la mente, sino también, el corazón.

• Brinda a tus alumnos constante estímulo, aliento y motivación para seguir adelante; así estarás colaborando al desarrollo de su autoestima. Es más constructivo premiar que castigar.

• Procura tener una constante actitud de atención y disponibilidad para escuchar y ayudar a tus alumnos a resolver sus problemas y dificultades no sólo del ámbito escolar, sobre todo hacia aquellos que más lo necesiten.

• No vaciles a la hora de tomar decisiones y ejecutarlas con firmeza, si éstas han sido fruto de una meditación serena y se corresponden con una línea de acción coherente. En ciertas ocasiones, se torna necesario el ejercicio de la autoridad, a través de una severidad amorosa y racional, y de una verdadera piedad cristiana.

• Ten presente que la educación tiene como objetivo fundamental el desarrollo integral de la personalidad del educando y, por ello, es necesario que docentes y padres, escuela y familia aúnen sus esfuerzos, en una línea de coherencia y diálogo permanente.

• Que los valores sean una premisa permanente en tu aula. Trata de acordar, con cada grupo de alumnos, un número mínimo de valores, que emanen de la convivencia democrática entre ellos; que pueden ser: el respeto, la tolerancia, la aceptación, la solidaridad, y un largo de etcéteras posibles… Será un compromiso colectivo, bregar por su cumplimiento.

• La sencillez, la cordialidad, el respeto recíproco, el buen humor y la afectuosidad son actitudes que facilitarán tu personal construcción hacia la figura del educador como “amigo, hermano y padre”.

• Reconoce en tus alumnos la presencia de Jesús y aporta a su formación integral, en el carisma murialdino.

• Promueve en tus alumnos una constante actitud humilde y solidaria de verdadera caridad cristiana hacia las personas que los rodean.


Silvana Peña
Gabriel de Rosa

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