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 57. La relación educativa murialdina – Un enfoque generativo

El problema que hoy se plantea la Familia de Murialdo es en verdad el mismo de siempre, de Comenio a Kant, de Murialdo a Don Milani: cuando se busca la educación de la persona y de las personas, ¿qué actitud intelectual nos debe guiar frente a las radicales cuestiones planteadas hoy por la educación y la formación, y en perspectiva de futuro? Aquí se ofrecen algunas pistas para actuar una educación que sea del espíritu y de la mente, de la persona en su totalidad, gracias a educadores capaces de acompañar y sostener aquel proceso que en los jóvenes lleva a responder a las preguntas fundamentales de la vida y a realizar los deseos más profundos. También Murialdo puede iluminarnos cuando habla de educar el núcleo del joven, que su corazón.

Nadia Dario

Nadia

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57.    LA RELACIÓN EDUCATIVA MURIALDINA – Un enfoque generativo          

          (Nadia Dario)


A pesar de tantos años de debate y de intervenciones pedagógicas y escolares, en los que emergieron los principales errores de la educación contemporánea (Maritain, 1965), la exigencia de las jóvenes generaciones permanece siempre: la del sentido y del valor y la de la necesidad de que la relación educativa se modifique profundamente encarnando de modo nuevo nuestra necesidad de Esperanza. Entonces, ¿cuáles serán aquellos factores cruciales de la relación educativa que parecen ser necesarios?

El primer factor es el hecho que el joven quiere que, de sí, el adulto capte la mente y no sólo la inteligencia, es decir toda su personalidad en desarrollo. Es, por tanto, con la mente del espíritu que el arte de la relación debe conjugarse e íntimamente correlacionarse (Margiotta, 2015). Obviamente, esto invierte la situación, porque todo el aprendizaje no está en aquel que enseña, sino en aquel que aprende y, por lo tanto, en la necesidad de hacer de tal modo que el sujeto perciba y aprenda a apreciar su potencial educativo que se está desarrollando en cuanto mente, unión de razón y sentimiento. El aspecto intelectual pierde sentido por su tendencia a separar y parcializar en tantos sub-aspectos la personalidad, mientras que asume valor la formación integral. Las neurociencias nos demuestran que somos sujetos prevalentemente dotados de sentimiento. Son las emociones (miedo, rabia, alegría, tristeza, disgusto, sorpresa, etc.) transformadas en sentimientos las que construyen el proto-Yo del sujeto (Damasio, 1997, 2001, 2013). El individuo construye su conciencia a partir del corazón. Esto es hoy evidente y es por eso que Murialdo, con la Pedagogía del Amor, ha entendido profundamente el significado más hondo de la vida. Él escribía: “El sistema propuesto está fundado en el principio de Dupanloup: el educador toma a su cuidado […] lo que hay de más preciado en los niños, el corazón. No tanto lo exterior, la conducta, el trabajo, la escuela, sino lo interior, el corazón. Religión y educación de los sentimientos” (Escritos, IV, p.326).

La espiritualidad, por tanto, no era para él algo separado del sujeto sino algo que lo completa, ya que era parte integrante de ellos mismos. Es “forma cordis” que sostiene la voluntad y anima el sentimiento (Dotta, 2003). En aquellas “tres S: salud, ciencia[1], santidad” se resumen estos aspectos de interés por la globalidad de la persona humana, la que se combina con el nivel de la formación como un: “dar forma a la acción”, es decir, como un interesarse no sólo por la representación abstracta, sino también por el know-how que el estudiante desarrolla, por el rendimiento del individuo. De este modo, no se separa el plano de la instrucción con aquel de la educación y de la formación, la promoción humana con la evangelización. Escribe Dotta (2003): “No se trata de dos carriles paralelos, sino de senderos que se entrecruzan continuamente; no son dos escalones para subir sucesivamente, sino dos piedras, ambas fundamentales, sobre las cuales construir el hombre en su totalidad. Murialdo, que se siente amado por Dios en las circunstancias concretas, en las mismas concretas situaciones ama y sirve a sus jóvenes. La promoción humana aislada no es automáticamente evangelización, pero esta última no puede prescindir de la primera, al menos en la metodología murialdina, la cual, ciertamente, no pretende ser la única factible y válida. Por otra parte, un padre y una madre cristiana no hacen estas distinciones: transmiten todo de sí mismos, los principios morales y los religiosos, las virtudes humanas y las espirituales, la educación cívica y las buenas costumbres cristianas” (p.9).

El segundo aspecto está dado por la capacidad de crear, es decir, de desarrollar su potencial educativo como persona. Para el educador murialdino esto significa un ir al encuentro del joven, del estudiante, dejándole la responsabilidad de equivocarse, pero pidiéndole también que no se mienta a sí mismo; escuchándolo y haciéndole percibir ayuda y apoyo para su crecimiento, sin crearle ilusiones, sin caer en fáciles psicologismos diagnósticos. Hay que hacerle descubrir aquel proceso de conocimiento que es también un proceso de irse disciplinando interiormente. El educador le permite ser generativo, que no es un dejarlo libre de expresarse, de crear, sino un hacerle comprender que la generatividad es una necesidad madurada por la continua experiencia formativa de la autonomía, de la iniciativa y de la crítica, del error y de la evaluación, de la escucha y de la invención. Es por eso que los chicos, especialmente los más frágiles, eran insertados por Murialdo como encargados, jefes de grupos, ayudantes en las actividades.

Del mismo modo, sin embargo, se necesitan adultos capaces de reinventarse a sí mismos, de aprender de los jóvenes para estar con los jóvenes. El enfoque consiste en ser un amigo y no un superior; un hermano y un padre que ama a sus hijos como adoptivos, porque se los ha dado la Providencia.

El tercer factor está en la necesidad de acompañarlos a soñar, a imaginar, a proyectarse hacia el futuro; es aquella posibilidad que les permite innovar, reinventarse y dislocarse continuamente como personas. A los jóvenes se les debe crear lugares donde puedan imaginar “qué pasaría si…”. Darles esta posibilidad, con reales espacios de encuentro, es la verdadera revolución, es la generatividad que pertenece a la Familia de Murialdo. En un entorno protegido, como el de la escuela y del oratorio, imaginar significa “proyectarse hacia el futuro sin hacerse daño”. Esto está relacionado, aunque sólo sea parcialmente, con el método preventivo del que habla Don Bosco y que Murialdo hará suyo. Descubrir y pensar el impacto de las propias acciones es lo más importante que podemos ofrecer a los jóvenes en desarrollo.

Una vez más las neurociencias (Schacter, D.L., y Addis, D.R., 2007; Corballis, M.C., 2012; Mulligan, K., 2013, Graveline, Y.M. y Wamsley, E.J., 2015) nos vienen en ayuda al mostrarnos cómo la pedagogía de Murialdo sigue siendo actual. El reciente descubrimiento de las áreas de “default” nos dice la forma en que estas están conectadas con nuestra capacidad de viajar con la mente (imaginar) y que allí hay una sobreposición de las mismas con aquellas de la empatía y de la memoria episódica. Incentivar la imaginación, por tanto, ayuda a pensar en el otro, sin olvidar la propia experiencia.

El cuarto factor está en la necesidad de encontrar aquellos educadores y formadores capaces de valorar, es decir, de “ver la bellota que dará origen a la encina” y, por tanto, capaces de prestar atención y reconocimiento a los jóvenes. Erikson (1950; 1982), como Murialdo, amplía el concepto de generatividad, desde la paternidad/maternidad por la que se habla de tener con los jóvenes “la autoridad del padre y la ternura de la madre”, al cuidado, que es una forma de compromiso en constante expansión que se expresa en el cuidado de las personas, de los productos y de las ideas que nos hemos comprometido a curar. Él escribe: “Todas las fuerzas que desde los primeros desarrollos en el orden ascendente que va desde la infancia a la juventud […] se demuestran ahora, y a un examen más atento, como elementos esenciales para la realización de la tarea generacional: aquella de saber aumentar la fuerza de la nueva generación” (Erikson, 1987; Pág. 85).

Murialdo habla de jóvenes confiados al cuidado de sus educadores y lucha, por tanto, contra cualquier estancamiento, es decir, contra aquel replegarse en sí mismos carente de toda utilidad para los demás y para la sociedad, contra el aburrimiento, la decadencia cultural, el narcisismo, la falta de crecimiento psicológico, la esterilidad, la no creatividad (Amietta, P.L., Fabbri, D., Munari, A., Trupia, P., 2011). La generatividad en el educador murialdino consiste en “crear cosas dejando en herencia nuevas formas de significado y de valor, para hacer el futuro y nuestro mundo mejor, a través de una activa preocupación intergeneracional y de cuidado” (Erickson, 1950; 1982). Esto significa “reconsiderar cuanto interactúa con la vida de cada uno de nosotros y con las vidas de aquellos que pertenecen a la nueva generación” (Prigogine, 1979). Así, las categorías de “amigo, hermano, padre” expresan la experiencia más auténtica de cercanía y son las más deseadas por los jóvenes. En particular, el concepto de generatividad aquí se entiende como una asunción duradera de responsabilidad por la que el educador acoge y piensa al joven de hoy, pero también al del futuro, haciéndose cargo de toda su vida. En síntesis, el educador es el ángel de la guarda de sus jóvenes.

Nadia Dario

Bibliografía

 

Erikson, E. H. (1950). Childhood and society. New York: Norton.

Erikson, E. H. (1982). The life cycle completed. New York: Norton.

Damasio, A. (2000). Emozione e coscienza. Milano: Adelphi

Damasio, A. (2003). Alla ricerca di Spinoza. Emozione, sentimenti e cervello. Milano: Adelphi

Damasio, A. (2012). Il sé che viene alla mente. La costruzione del cervello cosciente. Milano: Adelphi

Dotta, G. (2003). La Pedagogia del Murialdo. Sintesi dei lavori del Seminario di studio delle Famiglia del Murialdo, Roma, 22-23 aprile 2003

Graveline, Y. M. & Wamsley, E. J. (2015). Dreaming and Walking Cognition. Traslational Issue in Psychological Science, 1 (1), 97-105

Maritain, J. (1965). L’educazione al bivio, La scuola. Brescia.

Margiotta, U. (2010). Le reserche en formation. Welfare, competences, appretissage adult, Paris: IERFA.

Margiotta, U. (2015). Teoria della Formazione. Roma: Carocci Editore.

Mulligan, K. (2013). Immaginazione, default thinking e incorporamento in Tagliafico, D. (a cura di) Rivista di Estetica, Torino: Rosemberg & Sellier.

Prigogine, Y. (1979). La Nouvelle alliance. Métamorphose de la science, Paris: Gallimard

Schacter, D. L., and Addis, D. R. (2007). The cognitive neuroscience of constructive memory: remembering the past and imagining the future. Philos. Trans. R. Soc. B Biol. Sci. 362, 773–786.

[1] Nota del traductor: en italiano la palabra “ciencia” inicia con “s”: “scienza”.

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