51. Murialdo y los jóvenes del Colégio Artigianelli

El autor de esta reflexión tiene como documento de referencia el “Registro de Matrículas” del Colegio Artigianelli, es decir, el registro en el que se encuentran los nombres de los chicos acogidos, con algunas informaciones muy importantes: número de inscripción, nombre y apellido del muchacho, nombre de los padres, fecha de nacimiento, país de origen, fecha de entrada en el colegio, curso escolar o actividad que lleva a cabo, notas de comportamiento, fecha de egreso del colegio, observaciones varias. La lectura de estos datos permite una comparación entre los períodos de los diferentes rectores del Artigianelli, antes de Murialdo y durante su período; pero sobre todo nos dice quiénes eran los muchachos de Murialdo, a quienes él dedicó su vida y para quienes quiso ser su “padre”. Estos datos son, en su conjunto, un documento que nos lleva dentro de la realidad ordinaria y cotidiana del colegio; más allá de toda retórica, nos ponen en contacto con la vida real, con sus recursos y con sus límites.

Dhian Paulo Paiz

DSC02043

Para saber mas...

51.    Murialdo y los jóvenes del Colégio Artigianelli          (Dhian Paulo Paiz)


 

No podemos hablar de la dimensión pedagógica de Murialdo sin una referencia explícita al Colegio Artigianelli, al cuerpo docente que le acompañó en su rectoría de 33 años y especialmente a los niños y jóvenes que formaban parte de su vida cotidiana. De hecho, para nosotros, estos últimos tienen una importancia particular, ya que es precisamente en la experiencia educativa del colegio que Murialdo madura, consolida y escribe acerca del actuar pedagógico y de la pedagogía del amor con la que el corazón de los niños alcanza una especial atención.

Muchas ideas originales de aquella época se basan en la experiencia: nacen de la profunda espiritualidad de Murialdo, de la sana tensión de vivir cada día de una manera extraordinaria, tratando siempre de hacer el bien de la mejor manera posible, viendo en los últimos el compromiso cristiano, estando atento a los signos de los tiempos… Eso era el Colegio Artigianelli, que nació como respuesta a la degradante situación de los jóvenes por la grave escasez de instituciones para la educación de los niños pobres, tanto a nivel civil cuanto eclesial.

El P. Cocchi, creador y fundador del Colegio, se dio cuenta que los oratorios no eran suficientes; se necesitaba una casa que acogiera, asistiera y educara a los jóvenes cristianamente y que los preparara para el trabajo profesional. Se necesitaba un colegio (que en aquel tiempo era un privilegio de familias ricas), y que fuera de artesanos, reafirmando que el ejercicio de una profesión es lo que podría permitir a estos menores salir de la situación difícil y marginada en la que se encontraban. Así, el Colegio Artigianelli inició actividades en el año 1849. La rectoría fue ejercida por el P. Cocchi (1849-1852), por el Teol. Giacinto Tasca (1852-1860). Entre los años 1861-1863 fueron simultáneamente rectores el Teol. Tasca y el Teol. Pier Giuseppe Berizzi; en los años 1863-1866 el Teol. Berizzi fue el único rector. Murialdo entró como rector a finales de 1866, es decir, sólo 17 años después del inicio de las actividades, y permaneció como rector durante 33 años, hasta el 1900, año de su muerte.

Si, en cambio, fijamos la mirada en los destinatarios que por mil razones golpearon a la puerta del colegio, descubrimos inmediatamente que se reservaba para cada interno un renglón en el llamado Registro de Matrículas. Este documento registraba la entrada de niños y jóvenes en el Artigianelli y proporcionaba informaciones importantes sobre la realidad de los estudiantes aceptados en el instituto. El renglón destinado a cada interno se dividía en 11 espacios para registrar las siguientes informaciones: número de inscripción, apellido y nombre, nombre del padre, nombre y apellido de la madre, fecha de nacimiento, nacionalidad, fecha de ingreso, carrera técnica o actividad elegida, comportamiento, fecha de egreso, observaciones.

Si hojeamos y analizamos el primer volumen del Registro de Matrículas (que incluye 1.102 niños y jóvenes registrados entre los años 1849 a 1883), podemos ver esta peculiaridad: además de conocer a fondo a los primeros asistidos en el instituto, podemos hacer un paralelo entre: “antes de Murialdo como rector” (1849-1866) que comprende 451 niños registrados y “con Murialdo en la dirección” (1867 en adelante), con 651 menores registrados.

Podemos concretar este análisis sociológico de los internos del Artigianelli en 4 puntos.

  1. La situación familiar de los alumnos

En general, lo que aparece en los datos, es una situación familiar problemática. De hecho, el Reglamento de 1850 de la Asociación de Caridad, organismo por el cual el Colegio Artigianelli era sostenido, afirmaba: “Tenemos que ayudar a tantos jóvenes pobres que andan vagando por las calles o causando desorden en las plazas […] huérfanos o abandonados, escasamente acompañados por sus padres; y proporcionarles lo que necesitan, sea para el alma que para el cuerpo” (Reglamento la Asociación de Caridad, art. 2, citado en: Marengo, Murialdo educatore, p.10).

De los 451 acogidos entre los años 1849 a 1866, es decir, antes del rectorado de Murialdo, sólo 129 tenían los padres con vida, mientras que 160 niños tenían ambos padres fallecidos o desconocidos. Se especifica también que 116 eran huérfanos de padre y 42 huérfanos de madre. De 4 menores no consta la situación familiar.

De los 651 acogidos por Murialdo como rector, entre los años 1867 a 1883, podemos distribuir la situación familiar de la siguiente manera: 330 tenían el padre y la madre con vida, de 84 consta que tenían padres fallecidos o desconocidos, 178 eran huérfanos de padre y 59 huérfanos de madre.

Lo que se nota en los años Murialdo como rector es un aumento constante y progresivo de menores con ambos padres vivos, en cuanto tiende a disminuir la cantidad de niños sin ambos padres. Se observa un aumento de alumnos carentes de figura paterna. Podemos concluir que en el rectorado de Murialdo la mitad de los alumnos (321 de 651) tenía una estructura de familia insuficiente, porque faltaban uno o ambos padres, mientras que la otra mitad (330 de 651) tenía una familia, al menos en teoría, tradicional.

  1. Edad con que entraban

En el período anterior al rectorado de Murialdo fueron recibidos: 48 niños entre 5-9 años; 330 niños de entre 10 a 14 años; 48 adolescentes con 15 años o más; de 25 menores no consta la edad de entrada.

Durante el rectorado de Murialdo se tiende a aceptar niños de menor edad. Entre los 5 y 9 años el número se eleva a 175 internos; de 10-14 años son 408 y de 15 años o más son 47 adolescentes; de 21 internos no consta la edad de entrada.

Llama la atención que el Artigianelli albergaba a niños y jóvenes con una gran diferencia de edad: los más pequeños que el registro atestigua entraron con cinco años, los más grandes con 18 años; por tanto, hay 13 años de diferencia entre ellos. De hecho, según fuentes de las reuniones del instituto, esta diversidad de edad causó problemas y fue necesario hacer algunos cambios, como la división en dos grupos: pequeños y grandes; mas tarde se decidió dividirlos en tres grupos: pequeños, medianos y grandes. Estos grupos tenían horarios y actividades diferenciadas. Por ejemplo: los pequeños estudiaban mientras que aquellos con 14 años o más comenzaban el curso profesional. Con la división en grupos disminuyó el problema de las influencias negativas de los más grandes hacia los menores, pero no resolvió del todo el problema; por esto, bien pronto se pensó en la apertura de otros institutos vinculados al Artigianelli para acoger grupos de jóvenes con edades y necesidades específicas (colonia agrícola, Instituto de Volvera…) y así ofrecer una estructura material y educativa más adecuada para cada estudiante.

Durante el tiempo del rectorado de Murialdo, el número de acogidos giraba en torno a los 150 internos.

Otro factor que debemos tener en cuenta al analizar la edad de ingreso de los menores es la finalidad del colegio, es decir, si un menor, pobre o abandonado, golpeaba a la puerta, era acogido, independientemente de su edad, y la institución se convertía para él en un hogar, una escuela, un centro de formación profesional, una iglesia, una ciudad de referencias positivas para su crecimiento.

  1. El comportamiento

Esta es la única columna del registro que describe cómo actuaba el niño dentro del colegio. Ciertamente, era compilada cuando el chico salía del instituto y nos permite conocer, al menos en forma general, el comportamiento del joven en los años que estuvo en el instituto.

El comportamiento era calificado con una sola palabra, difícil de interpretar de forma coherente. Se usaban varios adjetivos; podemos clasificar la información en tres grupos:

– Óptimo: comprendiendo a los jóvenes que recibían como evaluación: óptimo, ejemplar, muy bueno…

– Bueno: comprendiendo a los jóvenes que recibían como evaluación: bueno, regular, mediocre…

– Malo: comprendiendo a los jóvenes que recibían como evaluación: pésimo, malo, no bueno…

De los 451 acogidos antes de Murialdo fueron evaluados con comportamiento óptimo: 40 estudiantes, con comportamiento bueno: 236 y con comportamiento malo: 169 estudiantes. De 6 estudiantes no consta el comportamiento.

De los 651 acogidos por Murialdo, fueron evaluados con comportamiento óptimo: 48 estudiantes, con comportamiento bueno: 465 y con comportamiento malo: 122 estudiantes. De 16 estudiantes no consta el comportamiento.

Si tenemos en cuenta el origen y la condición en la que los menores estaban antes de entrar en el colegio, podemos concluir que la conducta no era tan negativa y que el instituto lograba influir de manera efectiva en sus vidas. Tal vez podemos ver una pequeña perla pedagógica, si nos fijamos en los números de los años de Murialdo como rector: una acentuada disminución de los menores con mal comportamiento.

El comportamiento era el elemento decisivo para que el menor permanezca en el colegio y finalizara el curso. El Registro confirma que la gran mayoría de los internos con óptima conducta lograban completar el curso y muchos se convirtieron en educadores, algunos incluso en religiosos y sacerdotes. En cuanto a los jóvenes con peor comportamiento, a menudo eran expulsados, escapaban o eran enviados al reformatorio o a la prisión juvenil, porque el Artigianelli no funciona con carácter correctivo, sino con una pedagogía centrada en la prevención.

  1. Modalidades y motivos de egreso del Colegio Artigianelli

Podemos distribuir las modalidades de salida del colegio en 4 grupos:

Grupo 1: reúne a jóvenes que tuvieron una trayectoria en el colegio considerada como positiva o por lo menos normal. Son aquellos que tienen como motivo de salida: el final del curso, el retiro por parte de los padres, la salida espontánea, el encontrar trabajo, el llamado al servicio militar. De estos chicos se puede decir que el colegio fue capaz de encaminarlos en la vida o que los mismos jóvenes lograron hacer su itinerario formativo.

Este grupo estaba formado por 239 jóvenes, de los 451 acogidos antes del rectorado de Murialdo. En cambio, alcanzaba a 379 internos, de los 651 acogidos en tiempos de Murialdo.

Grupo 2: reúne a los chicos con los que el colegio no pudo obtener un resultado positivo en su formación; el motivo de su salida fue: expulsión, fuga, envío a la cárcel de menores o a instituciones similares, aconsejado que se fuera.

De los 451 acogidos antes del rectorado de Murialdo, 148 terminaron en este grupo. De los 651 acogidos durante el rectorado de Murialdo, 136 terminaron en este grupo.

Después de la entrada de Murialdo como rector, lo que vemos es una disminución en este grupo.

Si analizamos en profundidad el grupo 2, teniendo en cuenta sólo la cantidad de expulsiones (el factor más crítico de todos), podemos ver otra perla de la acción educativa de Murialdo. En el rectorado de nuestro santo se redujo a más de la mitad el porcentaje promedio de expulsiones: de los 451 entrados antes de Murialdo fueron expulsados ​​72 jóvenes; de los 651 entrados con Murialdo como rector fueron expulsados ​​37 jóvenes.

Grupo 3: reúne a los jóvenes que no sabemos cómo y cuándo salieron, porque fueron transferidos a otras obras que colaboraban con el Artigianelli (colonia agrícola, Instituto de Volvera, casa familia…) dada la edad o el itinerario específico del joven.

De los 451 acogidos antes del rectorado de Murialdo, hubieron 22 casos. En tiempos de Murialdo, de los 651 acogidos, hubieron 88 casos.

Después de la entrada de Murialdo como rector se percibe un considerable aumento de muchachos en el grupo 3.

Grupo 4: se forma teniendo en cuenta dos grupos de chicos:

Los que no tenían condiciones físicas o mentales para estar en el colegio (las enfermedades más frecuentes eran sordera, ceguera…).

Los que, asociados a diversas enfermedades de la época, murieron estando internos en el colegio.

De los 451 acogidos antes del rectorado de Murialdo, encontramos 42 casos. De los 651 acogidos en tiempos de Murialdo, hubieron 58.

Conclusión

Los datos estadísticos son breves y sintéticos, no reflejan toda la riqueza de información que el registro guarda, pero nos ayudan a descubrir, y tal vez a crear una mentalidad, acerca de quiénes eran los jóvenes atendidos por Murialdo y qué significaba cuando él repetía: “pobres y abandonados: estos son los dos requisitos que constituyen a un joven como uno de los nuestros, y cuanto más pobre y abandonado, tanto más es de los nuestros” (S. Leonardo Murialdo, Scritti, vol. V – Centro Storico Giuseppini del Murialdo, Fonti e Studi. , 5, Libreria Editrice Murialdo, Roma 1995-2009, p. 6.)

Lo que se ve en el Colegio Artigianelli, después de la entrada de Murialdo, es exactamente a un santo que hizo de la vida ordinaria una extraordinaria entrega a Dios. Sin grandes milagros ni prodigios, pero con acciones concretas y consistentes; estando atento al clamor de su tiempo y eligiendo el camino de la ayuda a los demás (a los niños y jóvenes pobres), un proyecto de vida que lo santificó. Me parece justo citar las mismas palabras del discurso del Papa Pablo VI, el 03/11/1963, en ocasión de la beatificación de Murialdo: “Su historia es simple, no tiene misterio, no tiene aventuras extraordinarias; se desarrolla de una manera relativamente tranquila, en medio de lugares, de personas, de hechos bien conocidos. […] No es un hombre distante y difícil, no es un santo secuestrado de nuestra conversación; es nuestro hermano, es nuestro sacerdote, es nuestro compañero de viaje…” (San Leonardo Murialdo. La Congregazione dei Giuseppini e i Sommi Pontefici (1858-2010), organizado por Giuseppe Fossati, Libreria Editrice Murialdo, Roma, 2013 ).

Dhian Paulo Paiz

This post is also available in: Italiano Inglés Portugués, Brasil