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30. PARA CONSTRUIR UN MAPA – II –

Al término de esta segunda serie de reflexiones, queremos poner en común algunos puntos firmes de nuestro razonar sobre la pedagogía murialdina-josefina, pero también poner de relieve algunos aspectos peculiares de los diferentes ámbitos en los que se expresa esta pedagogía: escuela, centros socio-educativos, oratorios, parroquias, etc. Lo más importante, y también lo más lindo, es descubrir en estas obras la pasión y la tensión que se expresan en cada acción, señal de que ante todo los educadores se “han insertado y hecho parte” del carisma, de la vocación y de la entrega al servicio de la educación a favor de tantos adolescentes y jóvenes. Parafraseando una frase de Papa Francisco, podemos decir: “¡No nos dejemos robar la alegría de ser educadores en nombre de Murialdo!”.

Tullio Locatelli

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30. PARA CONSTRUIR UN MAPA – II –

(Tullio Locatelli)


Algunas convicciones en común

Me parece que se están manifestando algunas importantes, diría fundamentales, convicciones en común en el discurso pedagógico; no debemos olvidar que todo esto es expresado e indicado por diversos autores, cada uno con sus características peculiares ligadas a la propia experiencia y a la reflexión de quien escribe.

Trato de poner de relieve algunos de ellos:

a. La educación abraza la vida; la vida personal y comunitaria, la vida entera y universal, la vida en sus etapas y en sus dimensiones, la vida en su crecimiento interior y en su relacionarse con los demás y con el mundo.

b. El término educación indica una ayuda-servicio a la formación del ser humano en su complejidad, en el desarrollo de sus fuerzas y de su potencial; cada uno está llamado a ser plenamente él mismo de una manera auténtica, en la plenitud de su naturaleza humana, con y para los demás, y en la plenitud de su individualidad, única e irrepetible.

c. Educa quien vive con autenticidad personal su experiencia humana y cristiana; no se improvisan los educadores; no basta ni siquiera el estudio; hace falta vivir para sí mismo y para los demás lo que el educador está llamado a transmitir; ser educadores es ponerse al servicio de un sujeto dotado de libertad y destinatario de un proyecto que debe descubrir, realizar, vivir.

d. Cuerpo, razón, espíritu; corporal, racional, espiritual: son los tres niveles del ser humano que se deben hacer madurar en su especificidad y en su relacionalidad, para un crecimiento armonioso, sinfónico de la persona.

e. Se debe pasar del fenómeno al fundamento; no basta hacer experiencias si, gracias a ellas, no se madura el discernimiento, llegando a ser capaces de tener una mirada tan profunda cuanto de largo alcance, capaces de entender el presente y de proyectar el futuro.

f. “Él que nunca encontró una persona digna de amor, nunca podrá experimentar las profundidades en las que tiene sus raíces el amor” (Edith Stein, La empatía). En términos educativos: en la medida en que educar es educación del corazón, esta sabrá tocar las profundidades de la persona, gracias a un educador capaz de amar y de hacerse amar, sabiendo que lo que educa es una relación de “amigo, hermano y padre”.

g. El carisma de Murialdo es naturalmente moderno y actual porque se dirige al corazón de la gente; más allá de las cambiantes circunstancias y de las modalidades educativas, el mensaje sigue siendo: “Nosotros educamos a la parte más importante del joven: el corazón”.

h. La espiritualidad murialdina, rica de la experiencia del amor de Dios, primero recibido y luego donado, ayuda al educador y al joven a captar en la pedagogía divina (sobre todo en la Biblia, pero también, como lo hizo Murialdo, en la propia experiencia personal) una fuente para la pedagogía humana, cuya característica básica es la misericordia que indica respeto, atención, aceptación, perdón…

i. La relación Dios-hombre, Padre-hijo, se convierte en un paradigma de la relación educador-joven; la relación Padre-pueblo, Comunidad Trinitaria-comunidad humana se convierte en un paradigma de la relación educador-comunidad, comunidad educadora-comunidad educanda.

j. Por último, las soluciones organizativas son importantes, pero no pueden carecer de un alma carismática, de lo contrario sólo serán aplicaciones profesionales de un sistema ideológico, tal vez muy subjetivo y poco abierto al diálogo.

Algunas acentuaciones particulares

1. En el área bíblica: el descubrimiento del Dios que me busca me abre a dimensiones insospechadas, pero verdaderas, y en el pasaje del yo al aquí estoy, nace un diálogo capaz de orientar mi vida.

2. En el área antropológica – pedagógica: educar es ayudar a la gente a acoger los mensajes de su propia sensibilidad como un espacio de apertura hacia los demás y hacia el mundo, en la perspectiva de una decisión; convertirse en adulto no significa perder la maravilla del niño frente a lo nuevo y lo bello, más bien es acogerlo más profundamente y hacerlo parte de la propia experiencia; se siente la necesidad de un educar a más interactivo, no unidireccional, capaz de educar haciendo espacio a la imaginación creativa de los niños y jóvenes; si educar es dar confianza, el mundo de la desadaptación, el malestar y la marginalidad pueden ser un banco de prueba de esta convicción, que expresa el punto de partida de toda acción educativa: toda persona es educable.

3. En el área josefina-murialdina: “formarse para formar, formar para formarse”, una dinámica que crea una relación profunda en la relación entre el educador y el joven, porque educar es una experiencia de vida; un nombre común podría ser: “Pedagogía del Amor” nacida del estilo educativo de Murialdo, centrada en la “educación del corazón”, que contempla a San José como modelo de todo educador; tener claros algunos términos del educar en el estilo de Murialdo, tales como: presencia, acogida, relaciones personales, compartir caminos, comunidad; basándonos en la tradición de los primeros josefinos, podemos también señalar que el educar comienza con la escucha, sabiendo que cada joven es un alma que hay salvar y que merece todo nuestro respeto y nuestro compromiso.

4. En el área del compartir las buenas prácticas: Una pedagogía creativa, atenta a los signos de los tiempos, capaz de hablar de innovación social, de ponerse en red, de inventar para y con los jóvenes tiempos y espacios nuevos; educar es hacer vivir en lo concreto de la vida ordinaria la experiencia de ser amados, que llega a ser un camino y una puerta abierta para descubrirnos amados en primer lugar por Dios; en tierra de “misión”, el educar parte de la confianza de poder realizar la Palabra que dice: “Les daré un corazón nuevo” … sabiendo que ahora es el momento de preparar el terreno para que esté listo para ser sembrado; en una obra josefina el joven debe sentirse acogido, estimado, ayudado a ponerse en camino hacia la madurez humana y cristiana, allí los valores que fundan la solidaridad hacia los demás tienen un lugar especial; por último, se habla de una “familia educativa” atenta a las necesidades del joven, puesto al centro de la comunidad educativa, en la perspectiva de que educar es generar.

El discurso continúa

Hay un amplio espacio para continuar el diálogo sobre el educar, incluso cuando lo que ya se ha dicho y compartido es mucho. Por otro lado, el carisma no es una frase o un concepto, sino una surgente que alimenta y que al mismo tiempo debe ser siempre mejor conocida y profundizada. Hablar sobre esto desde diferentes puntos de vista, a partir de la diversidad cultural y ambiental, es como iluminar una herencia común con muchas luces, que resaltan sus características y peculiaridades.

Creo importante que, además del discurso que presenta algunos términos “teóricos” del actuar pedagógico josefino, esté también la presentación de las “buenas prácticas”, es decir: de la pedagogía en acción, porque se convierte en testimonio de la encarnación del carisma. Tal vez hablamos poco de las limitaciones de nuestro actuar, ya que estamos más atentos a resaltar las motivaciones y los principios; por otra parte son los jóvenes los primeros en conocer y poner de relieve nuestras fragilidades como educadores. Por eso, una escucha atenta de sus observaciones, de sus evaluaciones, es siempre un acto de sabiduría y de prudencia pedagógica.

Por último, en las distintas intervenciones me parece descubrir una tensión hacia lo mejor, que habla de: pasión, compromiso, participación. Estas son las primeras “señales” de quien hace de la educación una opción de vida y no sólo una profesión.


Tullio Locatelli

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