4. Pedagogía de San Leonardo Murialdo: Internacionalidad – interculturalidad

Es necesario pensarnos en un mundo y en una iglesia que no razonan más desde una perspectiva local (idioma, país, cultura, historia …), sino mundial y que allí busca comprenderse, dialogar, participar.
El diálogo intercultural no cancela nuestra identidad, al contrario por una parte la purifica porque plantea la cuestión de qué es lo fundamental y por otra la valoriza porque nos ayuda a entender qué es lo que podemos ofrecer. Debemos ir más allá de los prejuicios, de la poca cultura, de los lugares comunes, para conocernos mejor y más profundamente.
En este mundo globalizado, el carisma de Murialdo propone: atención y valorización de cada persona, estar atentos a los más pobres, estar abiertos al mundo entero… porque el Espíritu nos lleva allí, donde están los jóvenes.

P. Mario Parati

Si quieres profundizar

4. Pedagogía de San Leonardo Murialdo: Internacionalidad – interculturalidad (P. Mario Parati)


En primer lugar: ¡Un gran saludo desde la India a todos los miembros y amigos de la familia de San Leonardo Murialdo!
En el mundo, en la Iglesia, y también en nuestra Familia de Murialdo, la gente está hablando mucho acerca de la internacionalidad y la interculturalidad. A partir de una rápida búsqueda, parece claro que la bibliografía y la elaboración intelectual sobre estos temas es todavía muy limitada, tanto por su novedad como por el hecho de que no es fácil de expresar nuevas ideas al respecto, ni escribir sobre ellas o trazar caminos comunes. Y no hay duda de que ambas, si bien son un desafío y un camino ya iniciado -junto a algunas contradicciones-, contienen también tantas nuevas indicaciones, innovadoras y alentadoras. Teniendo en cuenta las limitaciones de espacio permitido para esta evaluación, y que esta pretende ser una herramienta para profundizar nuestra Pedagogía del Amor, dejaré a un lado las cuestiones más generales (bíblicas, teológicas, eclesiales, sociales…) con el fin de centrarnos en algunos aspectos ligados más directamente a nosotros mismos y a nuestro estilo carismático. Lo hago también en vista de lo que ya se ha dicho o escrito sobre la materia y que, tal vez, es aún poco conocido. Ofrezco aquí algunas consideraciones que pueden ayudar a la reflexión personal y al diálogo comunitario.
Encontrarán algunas preguntas examinando el texto.

1) Tenemos el desafío de dar una nueva mirada a lo que el Espíritu está creando el mundo y en la Iglesia. Hoy en día, muchos aspectos de nuestra vida deben verse en un contexto intercultural, apuntando a una aceptación más profunda de las diferencias. La internacionalidad debe examinarse en relación constante con el siempre presente aspecto de la universalidad de la Iglesia y del misterio de la comunión eclesial. La internacionalidad es hoy uno de los mayores desafíos que tenemos por delante. Estamos atravesando un proceso inevitable, vamos en una dirección casi irreversible, con enormes desafíos, tanto en todo el mundo y cuanto en la Iglesia: la globalización, las migraciones, la inculturación, la integración, la interculturalidad… ¿Qué está pasando en sus comunidades, en sus instituciones o en el entorno que les rodea, en relación con estas cuestiones mencionadas anteriormente?

2) Los últimos Capítulos Generales de los Josefinos han hablado de “un carisma que piensa en grande para actuar positivamente en lo pequeño, y que abraza el mundo en un continuo proceso de interculturalidad e internacionalidad, (…) abierto más allá de toda frontera (…) Nosotros educamos la mente y el corazón al altruismo y tenemos que promover el conocimiento y la aceptación serena de las diferencias para fomentar una mayor integración”. En un mundo marcado por el miedo y la intolerancia, por divisiones y difusas desigualdades sociales, se espera de los miembros de la Familia de Murialdo un papel “profético y comprometido”. Soñamos con un mundo donde las fronteras sean irrelevantes (¡aquellos límites que, por el contrario, nos afectan tanto con documentos y visas!), donde los colores de la piel y las culturas creen un arco iris de hermandad. Queremos pasar del miedo a acoger la diversidad de los que son diferentes, a aceptar las diferencias, no como una amenaza sino como un recurso y una oportunidad para unir a la gente, después de liberarnos de la arrogancia o de la presunción en relación a nosotros mismos y a la propia cultura o pertenencia; libres ya de prejuicios e innatos sentidos de superioridad. No queremos mirar el mundo desde nuestro territorio personal, que muy a menudo es sólo un pequeño ángulo, lleno de egoísmo, sino por el contrario, queremos ver y comprender nuestro territorio desde el punto de vista del mundo.

3) ¿Qué podemos decir acerca de nuestra identidad? Esta no se ha perdido, al contrario, ¡se ha reforzado! Por otra parte, el vivir en un ambiente multicultural exige una identidad sólida. La internacionalidad realza los valores, ya que requiere, entre otras cosas, la sensibilidad, la disponibilidad, la voluntad de aprender. A veces, estará acompañada por la renuncia a los poderes y privilegios, exigirá en cambio la apertura, el diálogo, la tolerancia, la aceptación de diferencias, la participación, la voluntad de perdonarnos unos a otros y de caminar al lado de aquellos que son diferentes a nosotros, pero que son hermanos y compañeros de vocación y de vida. Es, por tanto, una nueva actitud, un nuevo modo de ver la realidad, una nueva manera de encontrarse con las personas, y, en consecuencia, un camino de conversión. Aparece una nueva visión del cristianismo (¡aunque este punto de vista ya tiene sus raíces en el Evangelio!): Soy un cristiano para el Señor, para Su Reino, para la Iglesia universal y para su misión en el mundo. Esto pone de relieve el carisma y muestra cómo vivirlo plenamente. Es una llamada a una visión más completa de nuestro mundo pluralista y en constante cambio. Esto nos impulsa a ir adelante hacia los jóvenes que tienen necesidad de nuestro carisma, sean quienes sean y estén donde estén.

4) El redescubrimiento de nuestra identidad en diálogo con tantas culturas y pueblos diferentes nos lleva a distinguir lo esencial de nuestro carisma de lo contingente, cambiante y sujeto a variaciones de cultura en cultura. ¿Qué piensas de eso?

5) Es evidente que la internacionalidad, en la Iglesia y en nuestra familia carismática, no es un fenómeno reciente, se podría decir que el centro geográfico y cultural del mundo está cambiando, y que la misma geografía se ha ampliado. Esto podría ser visto como un reto, pero también nos hace agradecidos con Dios y nos llena de alegría. Obviamente, no sólo cada cristiano y miembro de nuestra familia carismática sino también las comunidades, instituciones, grupos, movimientos, parroquias, escuelas, etc., no deben encerrarse en sí mismos con sus pequeños o grandes problemas. Tienen que abrirse con valentía a esta visión del internacionalidad. De hecho, cada vez que oímos hablar de un nuevo desarrollo y presencia del carisma de nuestro fundador con su estilo pedagógico en un nuevo país, nos sentimos con el corazón lleno de alegría: ¿Por qué?

6) Cuando tantos jóvenes voluntarios que iban a África, Asia o América me preguntaban qué podían hacer una vez que regresen, solía responderles con: “¡Conozcan!”. El desconocimiento de las culturas, de los pueblos, de la vida de la Iglesia en varias partes de este mundo es realmente enorme. Sólo permanecen los prejuicios y las malas noticias elegidas por los medios de comunicación. Una cierta dosis de ignorancia, a veces no culpable, y un equivocado sentido de superioridad, confundido con una simple diversidad, llevan a muchos a juzgar a los pueblos y culturas del mundo de acuerdo a las últimas noticias sentidas en la televisión, a prejuicios totalmente infundados o a identificar ciertos comportamientos, sin duda condenables, pero absolutamente minoritarios, como la característica principal de una nación. Esto anularía todo el bien fundamentado en los principios de igualdad, en la par dignidad, en los derechos humanos y, lo que es aún peor para nosotros cristianos, nos lleva a olvidar el fundamento bíblico de que todo ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios. Por el contrario, interculturalidad e internacionalidad significan conocimiento y respeto. ¡Y esto hay que recordarlo también a los miembros de la Familia de Murialdo!

7) Muchas veces en estos últimos tiempos hemos hablado de la Pedagogía del Amor y de la Educación del Corazón. Francamente creo que nuestro carisma apostólico aún tiene mucho que decir al mundo de hoy. Hay una gran necesidad de encuentro, entre la gente y especialmente entre los jóvenes, con relaciones cálidas y acogedoras. Como decía nuestro fundador, la educación es un asunto del corazón y no sólo de actividades, o de enseñanza, o de hacer cosas. La verdadera educación es “relación”, antes que hacer tantas cosas. Más que “hacer algo” es necesario “ser alguien” para los jóvenes que nos rodean. La internacionalidad y la interculturalidad pueden ayudar mucho a esta actitud, porque el encuentro de culturas y nacionalidades es un asunto de corazón y de amor. A pesar de los muchos prejuicios que todavía existen en nuestra sociedad, estamos llamados a mostrar este nuevo rostro del mundo, más colorido, más abierto, viviendo la unidad en la diversidad.

8) Es hora de decir fuerte y claro que nosotros, los amigos de San Leonardo Murialdo, estamos del lado de Isaías cuando profetizaba: ¡Si dejas de oprimir a los demás, de despreciarlos, de hablar mal de ellos, entonces brillará tu luz, surgirá como el amanecer! (Cf. Is 58,9-10). O del lado de S. Pedro, cuando dice: “En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, porque ama a todos los que creen en él y viven según su voluntad, sin mirar a qué pueblo pertenecen” (Hch 10,34-35) o de S. Pablo, que escribía: “No hay ni judío ni griego, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal 3,28).
Obedecemos y creemos en Jesús, que ha dicho: “Vayan por todo el mundo … Yo estaré con ustedes” (Mt 28,19-20). Nos dejamos inspirar por las palabras de San Leonardo Murialdo, quien instaba a sus hijos espirituales: “Miren lo bello y lo bueno que cada uno tiene”.

9) “La internacionalidad y la interculturalidad son una cuestión de la mente y del corazón – ha escrito el Superior General en la Circular Nº 6 §2 de marzo de 2008, que invito a todos a releer-. Ellas tienen su origen en el Dios en el que creemos y amamos; Él también es uno y múltiple: por lo tanto, están en conformidad con su Espíritu, como las decisiones y caminos que conducen hacia a la unidad respetando las diferencias. Es el diablo quien divide en lugar de crear unidad (…) Hay un proceso de crecimiento cultural y mental, que nadie puede evitar. El viento del cambio está soplando. Cuando sopla, algunos buscan escondites y refugios, otros… construyen molinos de viento para aprovechar su energía” o bien, levantan sus velas para navegar más rápidamente… o abren sus alas para volar lejos!

P. Mario Parati

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