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13. Reflexiones de un educador josefino

Una serie de orientaciones prácticas fruto de la experiencia directa con los adolescentes, porque el desafío pedagógico se gana en el campo. Compartir un trabajo, estar presentes, involucrar a la familia, infundir esperanza, enseñar a servir, hacer preguntas importantes, conocer sus canciones y sus expresiones, cocinar un buen plato de espaguetis, pero no olvidarse de orar con ellos, llamarlos por su nombre, llevarles “tocar” lo divino con la vida sacramental. ¿Difícil? Prueba, no basta la teoría, hace falta dar el paso.

P. Giampietro Gasparin

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13. Reflexiones de un educador josefino

(P. Giampietro Gasparin)


Pertenezco a la Congregación de San José desde hace 45 años. He conocido y apreciado el arte pedagógico de educadores ilustres como P. Gino Gini, P. Bruno Bison, P. Rino Busolo y P. Gino Bisigato. Mi apostolado entre los jóvenes se ha dirigido especialmente a los adolescentes, y sobre todo en el ámbito escolar. Las “consideraciones prácticas” que se enumeran son el resultado de lo que he aprendido de estos grandes maestros que siempre he admirado, así como de la experiencia personal en el contexto de mi ministerio en los EE.UU.

Haz algo desafiante y significativo juntos
Es la mejor manera de conocer las características del carácter y la personalidad de los adolescentes. Organizar una caminata en las montañas, llevarlos a una peregrinación, programar una retiro, diseñar un proyecto de servicio. La realización de algo significativo hecho juntos, crea un vínculo de respeto y confianza entre el adolescente y el adulto.

Estar presente en los momentos de alegría y de éxito en la vida del adolescente
Si los adolescentes asocian los momentos más importantes de sus vidas con la presencia de un guía, especialmente de un sacerdote o religioso, a continuación ellos asociarán la alegría y el éxito con Dios mismo! Comprometernos a estar visiblemente presente en las finales de los torneos, en las ceremonias de graduación, en las fiestas de premiación, en las ceremonias de reconocimiento, etc.

Estar al lado del adolescente en los momentos más difíciles y críticos de la vida
Una muerte en la familia, el divorcio, la traición de un amigo, una enfermedad repentina o un accidente, son extremadamente aterradores y traumáticos para un adolescente. Son experiencias que jamás se olvidarán. Mi mano tranquilizadora en el hombro del adolescente, un abrazo compasivo, una palabra de aliento, una visita a su casa o al hospital producirá una impresión indeleble en los jóvenes.

Trabajar con los padres y toda la familia, en lugar de sólo con el adolescente
Podrás estar con los jóvenes a lo sumo un par de horas por semana. Los padres están con ellos por mucho más tiempo y tienen una mayor influencia en los adolescentes. Tiene sentido trabajar en conjunto con los padres. Involucrándolos directamente en mi ministerio llegan a ser mis más poderosos aliados en el servicio a los jóvenes.

Sé un agente de esperanza, de estímulo, de éxito para el adolescente
La autoestima y la confianza de un adolescente suelen ser bajas. La gente que rodea a los adolescentes tiende a recordarles sobre todo sus errores y limitaciones, en lugar de su potencial, su bondad, su talento. Resaltando y alentando cada progreso, reconociendo abiertamente sus mejoras y éxitos, ofrezco a ellos esperanza y les ayudo a creer en la bondad.

Ofrecer a los adolescentes la oportunidad de ser responsables y servir
Si hay algo que los adolescentes pueden hacer, como y mejor que yo, en cualquier contexto, (programación, dirección, conducción, evaluación, etc.) me pongo a un lado, permito que ellos se asuman la responsabilidad, acompañando con discreción el proyecto que ahora se ha convertido en “suyo”. Aquellos adolescentes a los que adultos significativos les han dado una responsabilidad, harán de todo para mostrarles que se merecen la confianza depositada en ellos.

Pone a los adolescentes ante la terrible pregunta : “¿Esto soy verdaderamente yo?”
Cuando los adolescentes cometen grandes errores, o admiten que han adquirido hábitos vergonzosos o destructivos, o toman conciencia del mal o la maldad en sus acciones, los desafío a “preguntarse”: “¿Esto soy verdaderamente yo?” “¿Esta es realmente la persona que Dios ha creado y ve?” Esta pregunta les ayuda a distinguir entre lo que son a los ojos de Dios y de la Iglesia, y sus específicas malas acciones. Creo que el disociar la persona de las malas acciones da alivio y esperanza adolescentes.

¡Cocina una buena “tallarinada” para ellos!
¡Los adolescentes siempre tienen hambre! ¡La comida que sabe más deliciosa para ellos es cualquiera que sea gratis! Y si se trata de una comida producto de un acto de amor, se convierte en un plato fabuloso! Los adolescentes apreciarán cualquier comida preparada por mí, personalmente, para ellos. Cada josefino debería saber cocinar para los jóvenes, y ofrecerles de manera periódica este exquisito gesto de amistad y hospitalidad por el que Jesús era bien conocido.

Utiliza sus canciones
En los retiros, salidas, peregrinaciones, en todo momento de reflexión y oración, pido a los jóvenes que traigan las canciones de sus listas I-pod. Es asombroso ver cómo presentan canciones que no sólo son populares, sino significativas, enmarcadas en el tema asignado, respetuosas de las circunstancias, que ayudan a la oración. Cuando, después de una semana o un mes, escuchan nuevamente estas canciones en sus I-pod o en la radio se recordarán de esa experiencia de oración!

Ora con ellos
La oración es lo que esperan de mí como persona consagrada y como sacerdote. Debo dar ejemplo orando con ellos antes de las comidas, en los encuentros de oración, en la iglesia, antes de ir a la cama, antes de un partido o de un viaje… Me doy cuenta de que después de un tiempo, los mismos jóvenes quieren dirigir la oración, y que incluso pueden orar desde el fondo de sus corazones! …

Salúdales por su nombre
El saludar a una persona implica la tomar conciencia de su presencia y de su valor. Saludar a un adolescente con un “¡Buenos días!” o un “¡Hola!” significa que me he tomado el tiempo para reconocer la existencia de esa persona y la importancia de este adolescente para mí. Al saludar a los muchachos por su nombre les demuestro respeto e interés por ellos. Muchas actitudes negativas pueden ser modificadas por un simple saludo y un nombre pronunciado con afecto.

Tocarlos
Somos católicos, gente de Sacramentos. Utilizamos signos y objetos materiales para tocar lo divino. Incluso en estos tiempos, que requieren extrema prudencia debido a los escándalos de pedofilia, toco a los adolescentes en cada oportunidad que se me ofrece. Mi contacto favorito es poner amablemente la mano sobre su cabeza, una forma de bendición. Los adolescentes aprecian este tipo de contacto humano directo, y muchos ahora efectivamente me lo piden! El tocar significa transmitir el propio espíritu y la propia amistad a la otra persona.

P. Giampietro Gasparin

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