Es difícil hoy hacer esta pregunta. Como es difícil, por otra parte, obtener una respuesta que sepa comprender plenamente el sentido más profundo y completo de una condición tan particular.

cornicetta_media

Si se mira la vida de Leonardo Murialdo, impacta el velo de normalidad que envolvió toda la vida de este santo.
Una sucesión cronológica de hechos y eventos que se suceden sin una particular búsqueda de publicidad, sin querer hacerse ver, sin escenas de aquel heroísmo físico o místico que se espera de quienes la Iglesia coloca en los altares.
La vida de este hombre, desde su juventud, se desarrolla según cánones comunes a muchos turinenses de su tiempo. Una vida sin particulares problemas en la casa de via Stampatori, la participación a la piedad popular y a las prácticas devocionales en la iglesia parroquial de San Dalmasio, los estudios.
Incluso los años de formación, pasados en el Colegio de los Padres Escolapios de Savona, parecen agregar elementos y características a un camino que no tiene nada de heroico: crisis religiosa, dudas, “cansancio de espíritu” parecen etapas aún lejanas al sendero de la santidad. Hoy se habla mucho de las “dudas” de Madre Teresa de Calcuta, de sentir lejano a Dios, de su “silencio” durante alguna etapa de la vida. Y justamente la “duda” parece ser un camino normal en la vida de Murialdo.
Superada esta fase y abrazada la vida religiosa, la “normalidad” se despliega en una sucesión infatigable de decisiones y opciones. El apostolado entre los jóvenes, la opción por la formación de los jóvenes necesitados, la asunción de responsabilidades en el Colegio de los Artesanitos, el empeño en los periódicos, en la Voz del Obrero, en la formación de los laicos: todas las decisiones, comprometedoras y desgastantes, se desarrollan sin clamor, sin búsqueda de consenso, sin llamar una atención particular por parte de las jerarquías del mundo político, de la Iglesia.
La frase que recoge esta acción es: “Hacer y callar”.

Hay en tal actitud mucho del carácter y de las raíces de Murialdo. Su formación en un clero marcado por la presencia de figuras extraordinarias como Don Bosco, Cottolengo, Cafasso, y luego también Allamano, Albert y otros tantos, y vivificada por los estudios franceses, culminados en su permanencia en el Seminarios de San Sulpicio – París.

Es una formación rigurosa pero que evita aquello que hoy sería definido como “exposición mediática”: todo se hace lejos de los reflectores, comprometiéndose en primera persona en el Oratorio de San Luis, en la Obra de los Congresos, en las Uniones de obreros Católicos, sin buscar el aplauso y con la única gratificación del bien en sí mismo, del testimonio que no busca honores.

Post

¿Qué es la santidad?

Un camino ordinario, y a la vez extraordinario en su linealidad ejemplar.

Nuestra sociedad tiene dificultad para mantener mucho tiempo un compromiso. Todo es precario, los límites son lábiles; de las decisiones se puede retroceder en cualquier momento.
Se rechaza el asumir responsabilidades en nombre de una inmersión en lo privado que suele significar comodidad e indiferencia.
La vida de Murialdo no conoce paradas.
Suma compromisos sin buscarlos, como si le cayeran del cielo en un encadenarse de eventos ya previstos.
Funda la “Pía Sociedad Turinense de San José”, la Congregación de los Josefinos de Murialdo, como una familia religiosa que se debe ocupar de los jóvenes más débiles y más necesitados. Una inspiración de generoso empeño, agotadora en lo físico y desgastante por las preocupaciones.
¿Cuentan más las obras, o cuenta más la fe? La cuestión no está dividida en la vida de Murialdo, donde las obras se alimentan de la fe y esta sostiene y empuja la creación de nuevas obras.
Murialdo llega a ser un símbolo para su tiempo y para el nuestro.
La normalidad de su obrar lo ha hecho atravesar el siglo XIX, siglo de transformación y modernidad, hasta un nuevo tiempo donde su trabajo brotará en otro testimonio y heredad.
Llegando así al tercer milenio: ¡un signo de sencillez y vida!

La santidad es entonces la vida cotidiana, es el hacer en sencillez y silencio, es la escritura de la propia vida

Por esto la santidad de Leonardo Murialdo es una voz viva en le vocabulario de ejemplos y testimonios de hoy.

This post is also available in: Italiano Inglés Portugués, Brasil