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8. TOMA LECCIONES DEL PASADO,
ESCUCHA Y COMPRENDE LAS VOCES DE TU TIERRA,
DE TU GENTE, DEL MUNDO, DE LOS POBRES, DE LOS OPRIMIDOS…

Mauro Busin

El documento: Educar con el estilo del Buen Pastor – Orientaciones para la Pastoral Josefina constituye una excelente herramienta para mantener viva la sensibilidad educativa murialdina, para construir comunión y corresponsabilidad y para interpretar los problemas educativos, sociales y culturales de hoy. Estos pueden ser abordados y estudiados, en momentos y procesos formativos, desde diferentes ópticas: espiritual, carismática, eclesial, antropológica, etc.

La experiencia de alteridad que a veces vivimos cuando nos enfrentamos a un texto escrito por otros y que involucra aspectos particulares de nuestra vida, puede despertar en nosotros reacciones de molestia o rechazo; pero, pensándolo bien, justamente porque viene de afuera y no es reducible a nuestra identidad, esta alteridad es el fundamento de la posibilidad misma de la comunicación y, de hecho, es la única oportunidad que tenemos para acercarnos y llegar a conocer el pensamiento del otro.

Pero cuando hacemos hincapié en esta distancia y se resaltan los elementos de “diversidad” o cuando la lectura se convierte en la búsqueda de un texto que exprese nuestros pensamientos, se reduce también el espacio de la relación y nos condenamos a permanecer pobres de la riqueza del otro.

Si en el texto no buscamos cuanto refleja nuestra sensibilidad, sino al contrario, cuanto hay de diferente, de “otro” de nosotros y de nuestro punto de vista, entonces permitimos el confronto y creamos el espacio para poder releer nuestros puntos de vista y enfocar la realidad con una nueva mirada.

Dicho en otras palabras, la apuesta es dar crédito al punto de vista del otro; no para asumirlo de manera acrítica, sino para hacer de este un polo dialéctico capaz de sostener nuestro camino de discernimiento.

Este espacio es lo que yo creo que se requiere para acercarnos al texto de las nuevas Orientaciones para la Pastoral Josefina; texto que se presenta con un nuevo lenguaje y que contiene algunos elementos de novedad: el ser “orientaciones” y no líneas de acción, el énfasis en la unidad entre educación y evangelización, la atención a los desafíos culturales actuales como punto de partida para la acción pastoral…

Pero, de entre las tantas sugerencias, creo que es en el empuje de fondo, en el “tono” que atraviesa todo el texto, donde vale la pena detenerse.

La opción de no ofrecer una especie de lista de indicaciones práctico-pastorales no se debe sólo al hecho de que el documento recoge diferentes sensibilidades pastorales y se dirige a culturas muy distantes y diferentes entre sí; esta opción permanecería incluso si los interlocutores hubieran sido de una misma cultura y nación.

Se eligió en cambio una propuesta de responsabilidad: hacia nuestro pasado, para asegurar la continuidad carismática; hacia el presente, para vivir el carisma en la caridad; hacia el futuro, para abrirnos a la esperanza.

La actitud que, creemos, nos permite hacer propia y vivir esta responsabilidad es la del discernimiento, indicada en el texto no sólo como una etapa preliminar a la proyectación y a la práctica pastoral, sino como una actitud a asumir, como una “condición formativa permanente”.

Sólo aceptando la responsabilidad de la escucha, abrimos la posibilidad de leer críticamente el presente y creamos espacios para nuevos itinerarios formativos y evangelizadores, sin que esto signifique un negar lo que hemos sido o lo que hemos hecho.

El discernimiento nos exige leer la realidad con ojos de fe, con esperanza en el futuro, con confianza en la acción de Dios y en los recursos del corazón del hombre. Por esta razón, las Orientaciones Pastorales lo indican como un requisito esencial para la definición de los objetivos de la educación pastoral josefina. ¡De aquí surge la clave para valorizar este texto! No se trata tanto de un buscar explicitaciones de los valores evangélicos o carismáticos o indicaciones prácticas operativas revestidas con nuevas modalidades. Entender su significado y hacerlo nuestro, significa hacer de él el punto de partida para un proceso crítico que parta de nuestro modo de leer la realidad para poder descubrir en ella recursos y necesidades, valores y retos, para luego poder imaginar y realizar respuestas apropiadas.

No menos importante, la dimensión comunitaria. Es connatural al discernimiento, tanto que podemos decir que no hay una versión “privada”.

Hoy más que nunca se nos pide que nos pide escuchar a cada miembro de la comunidad, realizar juntos las opciones pastorales, valorizar todo don.

Sólo si aceptamos la parcialidad de nuestro modo de ver y de actuar, más allá y por encima de cualquier tentación de grandeza y de manía de eficiencia, aceptando nuestras limitaciones y nuestros miedos, podemos encontrar juntos los caminos a seguir.

Preguntas para los educadores:
– ¿Cuáles son los retos sociales y culturales que tu ciudad pone a la comunidad cristiana?
– ¿Cuáles son las respuestas que la comunidad debería dar?
– ¿Qué atenciones educativas son requeridas en este contexto?

Mauro Busin

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