Una Familia

La FdM es un don de Dios para nosotros hoy; una nueva oportunidad de vivir y testimoniar el carisma expresando su belleza y riqueza; un vínculo espiritual entre personas con diferentes estados de vida que genera nuevas formas de fraternidad.
Se compone de personas y grupos que inspiran su vida cristiana en el carisma de San Leonardo Murialdo: en ella reconocemos hoy las congregaciones religiosas de los Josefinos y de las Murialdinas, el Instituto Secular y los grupos organizados de laicos pertenecientes a la familia a través de un vínculo especial, con formas de agregación diferentes en los distintas realidades territoriales y culturales.

Josefinos

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Logo della Congregazione di San GiuseppeLa riqueza del carisma de Murialdo se manifiesta en plenitud cuando se expresa en diferentes formas de vivir la vida cristiana y hace madurar una comunión de vocaciones. Los hermanos sienten un vínculo espiritual que los constituye en Familia de Murialdo con todos aquellos que, aunque en diferentes estados de vida, han recibido, junto a ellos, el don dado por Dios al Fundador (Dir. 40).
Los hermanos, considerándose los primeros depositarios de un carisma que es un don del Espíritu a la Iglesia para el bien común, a la luz de la eclesiología de comunión, sienten reforzada su identidad dentro de una realidad espiritual más grande conocida como Familia de Murialdo en la que se dilata el carisma del Fundador (Dir. 41).

Murialdinas

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Logo delle MurialdineNosotras, Murialdinas, sentimos un vínculo espiritual que nos constituye en “Familia de Murialdo” con los Josefinos, las hermanas del Instituto Secular Murialdo y con todos los laicos que son llamados a seguir a Cristo en los pasos de San Leonardo Murialdo.
Nuestra congregación reconoce en particular a aquellos laicos que, a través de un proceso de formación y comprometiéndose con un vínculo estrecho, llegan a participar por vocación y en su propio modo a la espiritualidad de Murialdo (Dir. 50).

Instituto Secular Murialdo

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Il logo dell'IsmurEl Instituto Secular Murialdo es una escuela de santidad, generada por el Espíritu, en la que se vive un carisma específico junto a cada hermano y hermana, en la vida cotidiana.
Una forma de vivir más intensamente la vocación bautismal, permaneciendo en familia, sin distinción en el vestir, en el orar, en el hacer un único apostolado, todo vivido en gran secreto, llegando a ser luz para los demás y glorificando al Padre que está en los cielos.

Laicos murialdinos

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laici murialdiniMurialdo se caracterizó por valorar el laicado. Sabía involucrar laicos de diversos orígenes y profesiones en la acción educativa y pastoral.
Trabajaba con ellos y les confiaba tareas de responsabilidad en la conducción de muchas de sus obras. Él mismo fue muy solicitado como colaborador pues sabía valorizar las dotes de los demás.

Comunidad Laicos de Murialdo

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Logo CLdMLos miembros de las Comunidades de Laicos de Murialdo, colaboran y promueven un apostolado coherente con el Carisma junto a los Josefinos y las Murialdinas. Ante todo, se proponen como personas en comunión entre aquellos que quieren descubrir, caminar y crecer, junto a las congregaciones religiosas y a toda la Familia de Murialdo, en la espiritualidad de San Leonardo para ser testigos en el mundo del amor infinito, tierno y misericordioso Dios tiene para con cada persona

Ex-Alumnos

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Logo ExAllievi

La federación de ex-alumnos hace propia el carisma de San Leonardo Murialdo y se reconoce en la Familia de Murialdo, de la que es parte; está abierta a cualquier tipo de cooperación en consonancia con las directrices de la Iglesia y de la Congregación Josefina..

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Asociación de Madres Apostólicas

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Logo AmaLa Asociación de Madres Apostólicas – A.M.A. – reúne señoras que, en contacto con los Josefinos, han tomado conciencia de la urgencia de que todo cristiano responda a la llamada de Jesús “orar al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” y hacen de la necesidad de vocaciones sacerdotales y religiosas para la Iglesia y para la familia josefina, el deseo de su oración.

La FdM espiritualmente renovada

18 de mayo de 2013 – Fiesta de San Leonardo Murialdo

Queridos amigos,
la solemnidad de San Leonardo nos da la oportunidad de intercambiarnos el augurio más fraterno a través de esta carta dirigida a todos los miembros de la Familia de Murialdo: un don recíproco que acogemos en el gozo de sentirnos “un solo corazón y una sola alma” unidos por un carisma que “apasiona y nos apasiona”.
El tema de este año es una invitación a reflexionar sobre la necesidad de la renovación espiritual. Sentimos el vivo deseo de caminar con la Iglesia así como Murialdo nos lo ha testimoniado.
La renovación espiritual es este “camino que dura toda la vida”, porque “solo creyendo la fe se fortalece y no hay otra posibilidad para tener certeza sobre la propia vida sino abandonándose en las manos de un amor que se experimenta cada vez más grande, ya que tiene su origen en Dios” (Porta Fidei, 7). En efecto, sabemos que el arte de vivir y de renovar la propia vida cada día se aprende en una intensa relación de amor con Jesús.

Importancia y significado de la renovación espiritual
La renovación espiritual es fundamental para toda persona que quiera vivir con una cada vez mayor autenticidad su bautismo y su fe en Jesucristo. Para esto, hace falta una formación continua. Nosotros tenemos el inmenso don del carisma de San Leonardo Murialdo, un manantial de agua viva donde podemos apagar nuestra sed para renovarnos y motivarnos nuevamente en la fe.
La renovación espiritual pasa a través de un continuo reapropiarnos de la espiritualidad de nuestro santo, fundada en la teología de la Encarnación, y por tanto, en la conciencia del valor que tiene lo humano en cuanto habitado por Dios, redimido por la sangre de Cristo y templo del Espíritu Santo. Estas son las palabras con las que Murialdo motivaba al respeto y la dedicación que el educador debe tener hacia cada niño y joven, como a otro Jesús. Por otra parte, teología de la encarnación también significa una lectura plena de esperanza y de confianza en el hoy que estamos viviendo.
En el mensaje final del reciente Sínodo de los Obispos, leemos: “Una serena valentía sostiene nuestra mirada sobre el mundo contemporáneo. El nuestro es un mundo lleno de contradicciones y desafíos, pero permanece creación de Dios, herido sí por el mal, pero sigue siendo el mundo que Dios ama, su tierra, en donde podrá renovarse la siembra de la Palabra para que vuelva a dar fruto” (n. 6).
Jesús nos dice que Él ha venido para que “tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Desea para nosotros una vida plena y gozosa, una “vida espiritual”, una vida en el Espíritu Santo. De hecho, cuando se habla de “renovación espiritual” no nos referimos a un esfuerzo nuestro para lograr algo, sino al descubrimiento de un dinamismo que se involucra en una relación de amor con Aquel que nos ama primero.
La renovación espiritual está, por tanto, dentro del compromiso vital y decisivo por conformar nuestra vida a Cristo, para ser capaces de decir con San Pablo: “Ya no soy yo que vivo, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20). Estamos llamados a caminar en la dirección de un olvidarnos de nosotros mismos cuidando las relaciones interpersonales, dando espacio a la escucha recíproca, al compartir, a la comunicación espiritual, a la corresponsabilidad apostólica.
Emprender el camino de la renovación espiritual es la oportunidad y el compromiso de entrar en la contemplación y en el silencio de adoración, de alimentarse y vivir de la Palabra que salva y de avanzar hacia un siempre mayor equilibrio espiritual que nos lleve a una vida unificada.
Necesitamos momentos de contemplación que se entrelazan con la vida ordinaria: lugares del alma, pero también del territorio, que evoquen a Dios: “sólo la vista y el oído habituados al encuentro contemplativo cotidiano con Cristo lo descubren presente, lo aman y lo sirven en el rostro y en la voz de los jóvenes pobres” (Capítulo General Josefinos 2012 n. 24).
La contemplación es algo esencial para la fe y para su camino: con ella traemos al corazón, en la transparencia de Dios, palabras, personas, relaciones, acontecimientos diarios encontrándoles su sentido. Pero, para vivir la contemplación es necesaria nuestra libre voluntad de adherir a la propuesta de amor de Cristo, ya que la presencia de Dios en nuestra vida se percibe como un viento suave (cf. 1 Re 19,11-13), una brisa que nos roza y que, si no estamos atentos, ni siquiera la advertimos.
El amor y la presencia de Dios no se imponen a nuestra existencia. La de Dios es una presencia en puntas de pies, es una suave caricia que nos hace sentir su cercanía dejándonos libres para responder a su amor. Es una presencia tan delicada que, a veces, se nos hace difícil atraparla, distraídos por las mil actividades que caracterizan nuestras jornadas.
Hay tantas, quizás demasiadas, cosas que hacer cada día y Dios quiere ser un soplo de aire fresco que nos renueva, si lo aceptamos en plena libertad. Entonces, su amor va a invadir nuestro corazón y no lo abandonará jamás. Dios nos llevará de la mano si queremos aferrarnos a su mano. Pero ¿cuánto camino tenemos que andar antes de lograr realmente confiar en Él? ¡Antes de abandonarnos por completo, como lo hizo Murialdo, nuestro padre en la fe!
La actitud espiritual de conversión continua nos abre al don de Dios, nos permite dejar que su Espíritu irrumpa en nosotros para limpiar el polvo de nuestros hábitos y destrozar las cadenas de nuestra rigidez, que nos abra a la benevolencia y a la misericordia para con los demás, que nos mantenga jóvenes de espíritu.

La vida espiritual de los miembros de la Familia de Murialdo
Para nosotros, hijos e hijas de San Leonardo, la renovación espiritual es crecer en el espíritu de fe que Murialdo ha practicado y nos ha enseñado.
La fe comprende la confianza de poder hacer, con la ayuda de Jesús y el poder de su Espíritu, aquello que por nuestra naturaleza ni siquiera imaginaríamos ser capaces de hacer. La fe incluye la creencia de que podemos ir más allá de nuestras propias limitaciones y, en el nombre de Jesús, hacer cosas que hubiéramos creído imposibles.
El Evangelio confiado a los discípulos se ha convertido en una fuerza que ha transformado el mundo: han sido capaces de hacer cosas imposibles porque creían que Jesús estaba con ellos.
San Leonardo nos muestra dos modelos de gran fe a los que debemos mirar: el padre terrenal de Jesús, San José, y su madre, María Santísima.
Detengamos nuestra atención en San José, se nos invita a hacer nuestro su abandono confiado a la voluntad de Dios, su valor para afrontar las dificultades confiando en el Todopoderoso, su dedicación generosa a Jesús, su afecto por su amada esposa María, su humildad y laboriosidad, su capacidad de silencio interior.
Miremos la fe de María: una fe generosa y serena, activa y solidaria. María dijo su sí a un proyecto más grande que ella, ha aceptado entrar en un misterio del que tal vez podía entrever su grandeza sin ser capaz de comprenderlo plenamente. Se ha abandonado a Dios, a quien ha entregado su libertad. El “sí” pronunciado en la anunciación, ha sido el sí de cada día de su vida, incluso de los días difíciles en que “una espada le ha traspasado el alma” (Lc 2,35).
Vivamos nuestras vidas como José y María: con generosidad y fidelidad, reconocimiento y gratitud, gozo y alegría, con una actitud contemplativa y realizando obras de caridad. En este camino de fe está nuestra renovación espiritual, sustentado por una formación continua que involucra todos los aspectos de nuestra vida.
En la experiencia de San Leonardo, conmovido por el descubrimiento del amor de Dios y por la situación de los jóvenes más pobres de su tiempo, el Espíritu Santo ha derramado este carisma al servicio de la Iglesia para la salvación del mundo a través de la educación cristiana de los jóvenes más pobres y nosotros, como hijos e hijas de Murialdo, estamos llamados a contemplar el rostro de Cristo en el rostro del joven pobre. Ponerse al lado de aquellos que han sido heridos por la vida no es sólo un ejercicio de solidaridad, sino ante todo un hecho espiritual, porque en el rostro del pobre resplandece el rostro mismo de Cristo: “Cuanto hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, me lo hicieron a mí” (Mt 25,40).
El carisma de Murialdo es fascinante y actual, un carisma que consuela y compromete. El Espíritu Santo nos invita a una renovada fidelidad a él. Es el talento que hemos recibido para hacerlo fructificar, para compartirlo en comunión con otras vocaciones, en una lógica de reciprocidad en el que todos comparten con los otros el don recibido.

Amar apasionadamente el carisma, testimoniar una vida gozosamente entregada, compartir el don recibido, todo esto hace es parte integrante de la renovación espiritual a la que hemos sido llamados, para vivir una vida unificada, agradecida y colmada de bendición.
Todo paso de cada uno, en este sendero, hace crecer a todos y hace resplandecer en el mundo, como un don y un signo de esperanza, el camino de santidad de San Leonardo Murialdo.
Nuestro Santo nos ayude a caminar juntos, con gozo y convicción esta senda!
En su nombre todos les abrazamos.

d. Mario Aldegani -­‐ Josefinos de Murialdo
suor Orsola Bertolotto -­‐ Murialdina de San José
Moema Murycy -­‐ Instituto Secular Murialdo
Roberto Frison -­‐ Comunidad Laicos de Murialdo – Italia

Preghiera della FdM

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Oh Señor, Padre bueno y misericordioso,
te damos gracias
por el testimonio evangélico
de San Leonardo Murialdo;
te pedimos que nos ayudes
a seguir su ejemplo
y a caminar en las dificultades de la vida.
Tú que lo has donado a los jóvenes
como amigo, hermano y padre,
concédenos la gracia de continuar
su misión en la Iglesia,
con humilde caridad
y con valiente confianza,
para que el mundo te conozca
y crea en tu amor.
Amén.

Preghiera

El logo de la FdM

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Punto central es la casa.
Ella es símbolo de la acogida que la FdM quiere trasmitir en su compromiso de estar siempre junto a los jóvenes, especialmente los más pobres.
La luz blanca que emana de la casa es el símbolo del amor de Dios del que hemos hecho experiencia y que nos hace capaces de acoger a otros.
La luz es, a la vez, un símbolo que logra trasmitir vitalidad y calor de hogar familiar.
El techo es símbolo de la familia que acoge y se hace cargo, dando afecto y consuelo.
La luz no se queda encerrada adentro, sino que con rayos multicolores, a través del afecto y la “dulzura en el trato” (representados por el color rojo), se difunde.
¡Cada uno de nosotros puede hacer que las cosas lindas de la Familia de Murialdo sean conocidas también afuera!
La irregularidad global del diseño simboliza la vitalidad de la FdM, además de la de los jóvenes en general, muy activos y “desprejuiciados”.

Dónde actúa en el mundo

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