9. Una lectura del lenguaje actual del amor a partir del diálogo entre, a través y más allá de las culturas y las disciplinas

Las palabras “más allá”, “entre” y “a través”, “para quién” y “por qué” son términos que habitualmente se utilizan en el diálogo entre disciplinas y entre culturas; tal vez sean palabras claves también en el lenguaje actual del amor. Se trata de entrar en diálogo con atención, respeto, interés, permitiendo que cada cultura mantenga su propia identidad y singularidad. No se trata de reducirlas a una, sino de encontrar formas que permitan el enriquecimiento mutuo. “Yo soy porque nosotros somos”, dice un proverbio de la lengua “bantú”. No se puede existir sin el otro o peor aún contra el otro, sino que se existe gracias a un vínculo de reciprocidad. La autora ha hecho también experiencia de compartir un tiempo con jóvenes de diferentes nacionalidades que necesitaban releer su situación, conocer la de los demás, entender lo que está sucediendo en sus respectivos países, soñar un futuro mejor. “Oh, humanidad! Ciertamente fuimos creados para conocernos unos a otros. Desde luego aquel que vale más a los ojos de Dios es el más misericordioso, fiel y justo. Dios lo sabe, es todo-poderoso”, dice el Corán. Es una invitación a entablar concretamente un diálogo fraterno y constructivo, lleno de amor hacia los demás.

Maria Flora Mangano

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9.Una lectura del lenguaje actual del amor a partir del diálogo entre, a través y más allá de las culturas y las disciplinas
(Maria Flora Mangano)


¿Qué significa “lenguaje actual del amor”? ¿Se puede hablar de él en la sociedad contemporánea, en diversas latitudes, culturas, edades y sensibilidades? Y en caso afirmativo, ¿qué tipo de amor es?

“Actual”, primero de todo, que es de hoy, de este tiempo. Por tanto, no es lo que se podría proponer o lo que ya se ha hecho, sino lo que el presente exige, ahora, a cada uno de nosotros, independientemente del país de origen o residencia y de la cultura. “Actual” para cada persona, sin distinción entre jóvenes y viejos, hombres y mujeres, enfermos y sanos, ricos y pobres. “Actual”, también, en el sentido de ir más allá de las pertenencias: culturales, sociales, pero también políticas, económicas y religiosas.

“Lenguaje del amor”: no de amor o sobre el amor. Sino relativo al amor, que se ocupa de este tema en particular. “Amor” es un término abusado, de compleja significación, a menudo reducido y menospreciado, como tantas palabras que se convierten en habituales. Uno se acostumbra y se corre el riesgo dar por descontado su significado profundo. ¿Amor entre y para quién? ¿Entre las culturas y países? O bien entre la gente: ¿quiénes? O, todavía, entre las diversas afiliaciones: ¿entonces, sería un amor por categorías? Entre y para los jóvenes, entre y para los creyentes, entre y para los pobres, por ejemplo.

Las preguntas son muchas, quizá demasiadas.

Esta es una situación frecuente cuando nos encontramos con temas que desafían nuestra persona integralmente: mente, cuerpo, corazón y alma. Nos cuestionan en profundidad, dando lugar, quizás, a otras preguntas y nuevas dudas y dándonos la sensación de estar perdidos en un laberinto. Dentro de nosotros. Más allá de nosotros.

Más allá, entre y a través de, por quién y por qué son términos recurrentes en el diálogo entre las disciplinas y entre las culturas. Podemos aventurar que son las palabras claves también en el lenguaje actual del amor. Al menos, en la lectura que se propone a continuación. Vamos a tratar de entender su por qué, a partir de la definición de ciertas palabras.

Diálogo
En el lenguaje cotidiano, en muchos idiomas, diálogo es a menudo sinónimo de “discusión, debate”, pero también de “coloquio y charla”. Se refiere a una conversación oral entre dos personas como mínimo. Recuerda el significado original, de origen griego, en la lengua italiana, pero también en otras lenguas romances, como el francés, español, portugués y rumano y en aquellas germánicas, como el inglés, el alemán y las lenguas eslavas. En las principales lenguas habladas actualmente en el mundo, entonces, el término “diálogo” recuerda la acepción antigua, a partir del greco dià, que significa “a través” y logos, que significa “palabra”, “discurso”. Una conversación entre dos o más personas.

Multi, inter y trans
Se trata de tres prefijos de origen latino, en el idioma italiano y no sólo, como hemos mencionado.
El primero proviene de mùltus, literalmente “aumentado, acumulado”. Multi-cultural (o multidisciplinar), significa, por tanto, relativo a “más” culturas (o disciplinas). Inter significa “entre y a través de”, por tanto, referido a culturas y disciplinas puestas en comparación, es decir, “una al lado de la otra”.

Se tiene un diálogo multi o inter-cultural (multi o interdisciplinario) cuando se consideran las culturas (o disciplinas) juntas y por separado, se comparan con respeto, atención, interés, y quizás también con participación. Pero cada cultura (y disciplina) permanece ella misma. Se encuentran durante el tiempo necesario para inter-actuar, por necesidad (trabajo, estudio) o por elección. Pero sin compromiso, tal vez sin cansarse.

El prefijo trans añade a los dos significados de inter un tercero: más allá. Se tiene diálogo trans-cultural (o trans-disciplinario) cuando las culturas (o las disciplinas) se ponen en diálogo, de manera que cada una integre, es decir, “haga entera”, complete la otra. No es sólo inter-acción, sino integr-ación, complementariedad.

El diálogo entre, a través y más allá de las culturas y disciplinas, de acuerdo con este punto de vista , no es una mezcla heterogénea, ni el intento (a menudo difuso en los países que se basan en el pensamiento griego, como los europeos y los americanos) de encontrar los elementos comunes de cada cultura (o disciplina). No se trata de “universalizar” las culturas (o los conocimiento) bajo un denominador común, un paraguas que protege y pone al seguro de la diversidad y la diferencia. En la perspectiva transcultural y transdisciplinaria las culturas y disciplinas se valoran en su singularidad, que se mantiene y salvaguarda. No se confunden, ni se pierden o menosprecian: se fortalecen en su identidad, porque cada una se enriquece con la aportación de la otra.

El diálogo multi- e inter-cultural (multi e interdisciplinario) es un primer paso esencial: no habría complementariedad sin interacción. Pero a esta etapa, tal vez, sería conveniente añadir otra, que compromete aún más, ya que implica un esfuerzo de salir de nosotros, de ir más allá de nosotros. Por tanto, más allá de nuestra cultura de origen o adquirida, de nuestra disciplina de estudio o de trabajo. Un paso hacia el otro.

Diálogo y relación
En la lengua bantú, de la que se originan los idiomas más comunes del centro y sur de África, un proverbio dice: Ubuntu ngumuntu ngabantu, que significa “Yo soy porque nosotros somos”. Muntu significa individuo y es el singular de bantu, que significa “pueblo, grupo de personas”, de la que toma su nombre la cultura y la lengua originaria de estos países.
Fueron necesarias casi dos guerras mundiales para radicar en el pensamiento europeo la idea del otro como necesidad. En 1923, Martin Buber, filósofo y teólogo judío de origen austriaco, publicó el ensayo Yo-Tú , que marca el nacimiento de la llamada filosofía del diálogo o filosofía del otro.

El uso de letras mayúsculas y el guión entre “yo” y “tú” es para indicar el vínculo inquebrantable que el filósofo le da a este par de palabras. El yo no puede existir sin el tú y viceversa. La relación entre el yo y el tú no pertenece a ni al yo, ni al tú: ambos existen en virtud de este vínculo. El yo existe porque existe el tú y viceversa. Existen en cuanto están en relación.

El guión, según Buber, es el espacio en el que se supera (en el sentido de ir más allá) el ámbito de cada uno: es una realidad comprendida entre el yo y el tú, un lugar que el filósofo llama “nosotros dialógico”. Por tanto, el espacio entre, a través y más allá del yo y el tú se convierte en el lugar de la relación, del “nosotros”, a partir del diálogo. Es, puede ser, en el mismo diálogo, que se hace relación. El diálogo, por lo tanto, no es sólo el lugar que permite la relación, sino es la relación misma. El diálogo entre, a través y más allá de las culturas y disciplinas, podemos ahora concluir, se hace relación; se convierte, si es posible, en el guión que une el yo al tú.

Hacia el lenguaje actual del amor
Al final de estas páginas me gustaría compartir una reciente experiencia didáctica de diálogo transcultural y transdisciplinario que he desarrollado, a mediados de julio 2013 en Bari (sur de Italia).
He tenido un curso sobre la comunicación de la investigación científica a más de 25 alumnos de master, de doctorado y de investigadores del ámbito agronómico . Excluidos dos Estudiantes italianos, el resto eran de diversos países del Mediterráneo: desde los Balcanes (Kosovo, Macedonia, Bosnia), Turquía, Oriente Medio (Siria, Líbano y Palestina), el Magreb (Egipto, Argelia, Túnez y Marruecos) y Eritrea.

El encuentro de diferentes culturas, todos nacidos en la misma zona, parecía un reto emocionante y agotador al mismo tiempo: tratar de proponer el diálogo como relación a jóvenes investigadores, científicos, que venían de países en conflicto. Personas de entre 23 a 35 años, la mayoría musulmana, de diferente sensibilidad y formación, algunos de los cuales nunca habían conocido la paz.

El idioma común era el inglés, los contenidos, a menudo, fueron la oportunidad para abordar cuestiones más grandes que nosotros mismos: parecía que ningún país estaba libre de heridas, a menudo aún sangrando, con el pasado y el presente.

Hablar de reconciliación con su propia historia a estudiantes que tenían sus padres en barrios de Beirut, donde en esos días habían explosiones y coches-bomba, o en los territorios ocupados de Israel, aún sin agua, electricidad y gas, o a quienes tenían su propia familia (esposa y hijo) en un campo de refugiados de la ONU en Sudán, fue inolvidable. ¿Cómo proponer que salieran de sí mismos para ir al encuentro del otro a los que venían de El Cairo y sufrían por los repetidos enfrentamientos, afirmando, sin embargo, la inevitabilidad del conflicto y la imposibilidad de una mediación democrática y sin violencia?

La lección duró más de las ocho horas diarias, prolongándose durante las comidas y después de la cena, con conversaciones hasta tarde.

En aquellos días comenzó el Ramadán: la mayoría de los estudiantes del campus de la universidad lo observaban e incluso la mitad de nuestra clase. Significaba aligerar la carga diaria, ya que no podían beber agua ni comer durante las horas de luz. He pedido a algunos de los estudiantes de participar en la oración de la tarde, la única de las cinco diarias previstas por el Ramadán que podíamos compartir. Su respuesta fue entusiasta. Me explicaron el ritual, que se lleva a cabo en lugares separados para hombres y mujeres. Al final de la hora de la oración, cantada a turnos por los alumnos, me preguntaron qué me había parecido. “Para los creyentes de todas las religiones, la oración es el momento más alto de diálogo” -les dije- “No hay diferencia entre la oración cristiana, judía, musulmana. Ni, incluso, con aquella hindú o budista. Es un momento sagrado de silencio y recogimiento, que sobrepasa todo entendimiento, y da alegría y la paz”. Estuvieron de acuerdo, y con algunos fue posible mencionar también el tema de los fundamentalismos religiosos, de la ideología, del odio contra Israel, especialmente para los estudiantes de Egipto, Palestina y el Líbano.

Le sugerí a los estudiantes que vivieran los dos años del máster en Bari, como una oportunidad para ir hacia el otro. Sin olvidar la propia tierra, pero tratando de dar vuelta la página y escribir en una nueva, en blanco, y de la que podrían ser los protagonistas. Habrían podido componerla juntos, a partir de la historia de cada uno con el otro, si así lo deseaban. Estábamos en el jardín en la noche, al concluir el curso y compartiendo un helado. La clase no estaba completa, pero hemos inmortalizado el momento con fotografías de rostros sonrientes, libres – tal vez -, felices – quién sabe -.

Los enfrentamientos en El Cairo continúan incluso mientras se están escribiendo estas páginas, junto a los conflictos no resueltos en Siria y Sudán, para nombrar los más recientes. Y prosiguen los desembarcos en la costa italiana de inmigrantes procedentes de muchos países de África.

No sé si el lenguaje que hemos tratado de utilizar en esos días haya sido el del amor. Sé que es actual, de este tiempo , lleno de conflictos, heridas y contradicciones. Pero también de esperanza y confianza. Un estudiante libanés me envió hace unos días un versículo del Corán, que suena más o menos así: “¡Oh, humanidad! Ciertamente, fuimos creados para conocernos unos a otros. Desde luego, aquel que vale más a los ojos de Dios es el más misericordioso, fiel y recto. Dios lo sabe, es todopoderoso”.

Una exhortación que nos recuerda que estamos en camino, todos, hacia el lenguaje actual del amor entre, a través y más allá de cada uno de nosotros.

Maria Flora Mangano

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