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17. UNA REFLEXIÓN ACTUAL SOBRE LA PEDAGOGÍA DEL AMOR

Murialdo no nos ha dado un tratado de pedagogía, pero nos ofreció un camino seguro para ser educadores: experimentar el amor de Dios y ponernos al servicio de la gente que nos ha sido confiada, para que también ellos hagan la misma experiencia. Hay que educar el corazón porque es importante captar las necesidades no sólo materiales, sino también espirituales de las personas; ellas manifiestan la necesidad de hacer una fuerte experiencia de ser amadas, no porque sean perfectas o no se lo merezcan, sino porque ya son amadas por Dios. Es la conciencia de ser amadas que cambia las personas, más que todos y gracias a todos los métodos que la pedagogía del amor pueda usar.

Nathalì Montaño Ocejo

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17. UNA REFLEXIÓN ACTUAL SOBRE LA PEDAGOGÍA DEL AMOR

(Nathalì Montaño Ocejo)


Me gustaría comenzar este texto con una pequeña historia…
Érase que se era, en una lejana y calurosa tierra, una jovencita que había crecido bendecida con el gran amor de una familia unida, creyente y activa en el servicio a Dios. Había sufrido, igual que cualquier otra persona, de algunas vicisitudes en su vida, pero siempre había creído que Dios la amaba, sólo que en su corazón crecía día a día la culpa por no ser perfecta para Él. Ella no lo sabía, pero esa carga iba haciéndose más pesada, tanto, que empezaba a perder su alegría…
¿Qué pasó con esta adolescente? ¿Por qué creo que es relevante su experiencia en estos momentos? Porque ella fue rescatada por los seguidores de Murialdo, no lo sabía entonces, pero fue flechada con la “Pedagogía del Amor”. Ahora bien, me aventuro a suponer, que de distintas maneras, cada uno de nosotros ha contribuido con esta pedagogía del amor, que no consiste más que en referimos al estilo educativo que desarrolló San Leonardo Murialdo en su trabajo con los niños y jóvenes más necesitados… A simple vista, la frase nos suena a “enseñar a amar”, “educar con mucho amor”, “hacer del amor el eje transversal y organizador de todo el currículo formativo”… Toda una cantidad de actitudes pedagógicas que podrían concretarse en lo que llamaríamos: la “Educación del Corazón”.
Pero, ¿qué es “educar el corazón”? ¿Por qué Dios nos confía el corazón de niños y jóvenes? Como educador, ¿qué es lo que debo hacer para educar esos corazones? Que cabe aclarar, son los corazones de los niños y jóvenes más necesitados, y no estamos hablando aquí solamente de necesidades materiales, sino de todo tipo, sobre todo espirituales.
“Educar el Corazón” de los niños y jóvenes que Dios nos ha confiado a través de la Pedagogía del amor significa, entre otras tantas consecuencias, desarrollar aquellos valores que se desprenden directamente del amor. Pero, ¿y ahora? ¿Qué pasa en este nuevo siglo, en la Era de la Tecnología y las redes sociales? ¿Dónde queda la “Pedagogía del amor”?
Es evidente que en la experiencia de Murialdo no hay un gran desarrollo teórico acerca de dicha pedagogía, él simplemente hizo lo esencial: descubrió el Amor de Dios, se dejó amar por Él, lo amó apasionadamente y se puso por amor a su servicio en los niños y jóvenes pobres, amándolos fuertemente y dejándose amar por ellos, porque por más que pase el tiempo, el amor permanece.
Encontramos en nuestro camino jóvenes hambrientos de amor, de comprensión, que creen encontrar en las drogas, la delincuencia y otros placeres el sentido de su vida, que han crecido en medio de comodidades antes sólo soñadas, de medios masivos de comunicación que influyen de manera profunda en su percepción del mundo, de padres trabajadores que no pudieron dedicar a sus hijos el tiempo que desearon hacerlo, de una cultura materialista y superficial. Son muchachos temerosos de confesar que tienen inclinaciones sexuales distintas, de no encontrar el verdadero sentido de la libertad o de seguir su vocación a la vida. Sin embargo, el joven de hoy no es distinto en su corazón que el joven de hace dos siglos, sigue necesitando lo que Murialdo nos dijo que necesitaba: sentirse amado por Dios y libre para tomar las mejores decisiones de su vida.
Como ya se ha tratado en otros temas y en la vasta literatura de la Congregación de San José, la experiencia fundante de la pedagogía murialdina es el descubrimiento de sentirse amado por Dios (1Jn 4,16), con un amor infinito, personal, misericordioso, tierno, eterno y actual…
Y es aquí donde continúa la historia… esta joven se sintió plenamente amada por Dios, se percató de que Él la amaba aunque no fuera perfecta, la amaba si se equivocaba, si se caía, si no cumplía con las expectativas de la sociedad… y siempre iba a ser así, sin importar nada más. Entonces, sin proponérselo, trató de hacer que cada joven y niño que estuviera cerca sintiera y viviera esta misma experiencia, en su escuela, parroquia, en otros poblados, su trabajo y en cualquier lugar donde estuviera… han pasado ya quince años desde este primer encuentro y, sin embargo, siente que el tesoro hallado y compartido no se acaba jamás, es ahora una mujer plena, feliz, amada, a la que Dios le da cada día una nueva oportunidad de ser mejor y, que espera, pueda seguir siendo el instrumento que Él necesita para propagar la “Pedagogía del amor”.
A manera de conclusión, podría atreverme a decir que, aunque el tiempo pase, cambien algunos problemas y situaciones, el amor sigue y seguirá siendo la experiencia de vida que logre transformar corazones sedientos y hambrientos, en otros que derrochen amor y cariño a quienes estén a su alrededor. No temamos, pues, que la “Pedagogía del amor” llegue a ser obsoleta o anticuada, confiemos en lo que Dios nos revela, que aunque todo pase, su amor nunca pasará.


Nathalì Montaño Ocejo

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