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C2.1 - La pedagogía del amor


Barra C. & Bazán A.

Italiano

Nella prima parte si espone una breve riflessione sulla "Pedagogia dell’Amore": le sue radici bibliche, il suo sviluppo teologico e le sue applicazioni concrete nella pastorale educativa. Il contributo trae le sue origini dalla riflessione sulla pratica pedagogica che si sta realizzando in alcune nostre istituzioni educative, ispirate dalla spiritualità di S. Leonardo Murialdo. "Pedagogia dell’Amore" è seguire l’esempio di quanto fa il Signore. L’Amore come pedagogia.

La seconda parte del contributo tratta di alcuni elementi offerti dalla psicologia circa la capacità di amare propria degli esseri umani.

Español

En la primera parte se expone una breve reflexión sobre la "Pedagogía del amor": sus raíces bíblicas, su desarrollo teológico y sus aplicaciones concretas en la pastoral educativa. El aporte tiene sus orígenes en la reflexión sobre la práctica pedagógica que se está llevando a cabo en algunas de nuestras instituciones educativas, inspiradas en la espiritualidad de S. Leonardo Murialdo. "Pedagogía del amor" es seguir el ejemplo de lo que hace Jesucristo. El amor como pedagogía.

La segunda parte del aporte trata de algunos elementos ofrecidos por la psicología acerca de la capacidad de amar propia de los seres humanos.

Português

Na primeira parte expõe-se uma breve reflexão sobre a "Pedagogia do Amor": as suas raízes bíblicas, o seu desenvolvimento teológico e as suas aplicações concretas na pastoral educativa. A contribuição parte da reflexão sobre a prática pedagógica que se está realizando em algumas das nossas instituições educativas, inspiradas na espiritualidade de S. Leonardo Murialdo. "Pedagogia do Amor" é seguir o exemplo daquilo que faz o Senhor. O amor como pedagogia.

A segunda parte da contribuição trata de alguns elementos oferecidos pela Psicologia à cerca da capacidade de amar específica do ser humano.



Este documento intenta ser tan sólo una muy breve reflexión acerca de la Pedagogía del Amor, de sus raíces bíblicas, su desarrollo teológico y sus aplicaciones concretas a la pastoral educativa. Brota principalmente de la reflexión sobre la práctica pedagógica que estamos realizando en alguna de nuestras instituciones educativas inspiradas por la espiritualidad de San Leonardo Murialdo.

Habitualmente, cuando pensamos en "Pedagogía del Amor" nos referimos al estilo educativo que desarrolló San Leonardo Murialdo en su trabajo con los niños y jóvenes más necesitados… A simple vista, la frase nos suena a "enseñar a amar", "educar con mucho amor", "hacer del amor el eje transversal y organizador de todo currículo formativo"… Toda una cantidad de actitudes pedagógicas que podrían concretarse en lo que llamaríamos: la "Educación del Corazón".

Creo, sin embrago, que si bien todo esto es totalmente cierto y esencial a la "Pedagogía del Amor", el origen de la misma se encuentra mucho más allá, en el mismo corazón de Dios Padre. Me parece que, ante todo, la "Pedagogía del Amor" es ese amor infinito, eterno, tierno, providente y misericordioso que Dios Padre tiene por cada uno de nosotros. Amor que se hace proyecto creativo de vocación a la comunión.

El amor del Padre nos llama a la vida, nos cuida y conduce, nos revela su proyecto de comunión, corrige nuestros desvíos y nos empuja hacia la plenitud de la felicidad, es decir, a la perfecta comunión del amor con Él y con todas sus criaturas. Toda la Biblia nos muestra como Dios va realizando su plan de salvación para con el hombre con su "Amor Pedagógico". Entre los miles de textos bíblicos que iluminan este aspecto esencial de la Revelación Divina, quiero detenerme en algunos de los más conocidos. En el libro del profeta Jeremías (Jr 1, 4 – 10) se nos narra la revelación de su vocación profética como un proyecto eterno y personal de amor para el servicio de su pueblo. El Salmo 139 (138) nos recuerda este amor de Dios que nos crea, nos conoce, nos cuida y conduce. En el Deuteronomio (Dt 7, 6-9) se nos recuerda que este amor de Dios no depende de nuestros méritos, sino que es absolutamente gratuito y anterior a toda respuesta nuestra. Pero es sobre todo el profeta Oseas (Os 11, 1-4) el que manifiesta de modo más explícito este amor pedagógico del Padre que se abaja con ternura maternal para enseñarnos a caminar, atrayéndonos con lazos humanos.

Toda la vida de Jesús es revelación de este amor pedagógico que conduce a la salvación. A modo de ejemplo podemos citar dos concreciones prácticas, son los casos del diálogo con la Samaritana (Jn 4, 5-42) y de la aparición a los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35). Entre los otros libros del Nuevo Testamento vale la pena detenerse en un texto fundamental de la primera carta de Juan (1 Jn 4, 7-21). Allí se sintetiza de modo admirable toda la Historia de la Salvación desde la óptica del Amor. Dios Padre, que es amor eterno, nos manifestó ese amor enviándonos a su Hijo al mundo para que vivamos por medio de Él. Y ese amor no consiste tanto en que nosotros amemos sino en que Él nos amó primero. Nuestra tarea es descubrir y creer en el amor que Dios nos tiene, para permanecer en él. Y si Dios nos ama de esta manera, no cabe otra respuesta que amarlo y amarnos unos a otros. Recordando que el amor al prójimo es criterio de autenticidad del amor a Dios y es signo de que el amor del Señor ha llegado a su plenitud en nosotros. Él nos ha dado su Espíritu de amor para que permanezcamos en Él y Él en nosotros.

Cuando pensamos en el "amor", ese don que Dios Padre nos da por medio de su Espíritu, debemos recordar que no son de amores distintos, (uno a Dios y otro a los hombres), sino un mismo y único amor divino la "caridad teologal" que se derrama en nosotros, nos colma y se difunde de múltiples maneras en el amor a sí mismo, al mundo, al prójimo y a Dios. En tanto que la gracia asume, purifica y eleva nuestra naturaleza humana, el don de Dios de la caridad teologal asume a nuestra capacidad volitiva natural, purificándola y elevándola constantemente hasta formar en nosotros la imagen perfecta de Jesucristo, el hombre pleno, y así llegar a tener "los mismos sentimientos de Cristo Jesús" (Flp 2, 5).

Dando una mirada global al camino educativo que Dios hizo con la humanidad a través de su revelación, se descubre cómo Él va iluminando e impulsando progresivamente la conciencia de su pueblo para prepararse a la plenitud de la revelación en Jesucristo. Esto se nota también en la educación del corazón de su pueblo, a quien gradualmente fue disponiendo para entender y asumir la plenitud del amor revelada en su Hijo Jesús. Si bien el amor de Dios por nosotros siempre fue claramente manifestado desde los comienzos de la revelación bíblica, su bondad, misericordia e incondicionalidad se fueron progresivamente explicitando hasta llegar al testimonio de Jesucristo que nos revela a Dios como "Abba" ("papito querido"), de misericordia infinita y cuya providencia está siempre atenta a nuestras necesidades.

Pero sobre todo en la respuesta humana a ese amor divino donde se nota con mayor claridad el camino pedagógico de Dios para con nosotros.

- Si tomamos para nuestro análisis los cuatro grandes momentos de "Alianza" que Dios hace con la humanidad a través de su pueblo, vemos cómo Él va proponiendo al hombre una respuesta cada vez más adulta y madura. En Gn 9, 8-17 se nos narra la Alianza que Dios hace con la humanidad por medio de Noe, en ella no se pide ninguna respuesta al hombre, es unidireccional. En la de Abraham, (Gn17), sólo se pide un signo de pertenencia a Dios y a su pueblo, la circuncisión. Si analizamos lo que le pide Dios a su pueblo en la alianza realizada por mediación de Moisés (Ex 19-20), vemos que ya hay una exigencia concreta de respuesta moral en cuanto as su relación con Yahvé y con el hombre (el "decálogo"). Pero es en la Nueva y definitiva Alianza de Jesús donde se manifiesta la plenitud de la respuesta humana guiada por la nueva ley, la ley del Amor que brota del Espíritu Santo derramado en nosotros.

- Si, en cambio, ponemos nuestra atención en el progresivo camino de respeto, justicia y amor que Dios propone a su pueblo para orientar las relaciones humanas, vemos como el primer paso está en la asunción de la ley del Talión (Ex 21, 23-25) como un modo de suavizar los excesos en las venganzas. Surge también en esos primeros tiempos un mandato que resume gran parte del Decálogo y marcará la espiritualidad judía: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Lv 19, 18), considerando como "prójimo" a los "hijos de tu pueblo". Este mandamiento da por supuesto que el criterio básico para amar a los demás es el amor a sí mismo, sin el cual no hay punto de referencia posible. Jesús asumirá este mandamiento pero romperá los marcos estrechos del significado tradicional de "prójimo" diciéndonos que debemos hacernos prójimo de todos los hombres (parábola del Buen Samaritano: Lc 10, 25-37) y entrar en la lógica del amor de Dios que hace explotar todos nuestros esquemas humanos: amar a los enemigos (Lc 6, 27–38; Mt 5, 43–48), perdonar a los que te quitan la vida (Lc 23, 33-34)… Finalmente nos da su nuevo mandamiento "Ámense los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15, 12-13), y hay que tener en cuenta que Jesús siguió considerando "amigo" al mismo Judas aún cuando le estaba dando el beso de la traición (Mt 26, 49-50).

Todas estas consideraciones nos llevan a pensar que Dios obró un largo, constante y gradual proceso de educación del corazón de su pueblo. Cuando nosotros intentamos educar en la Pedagogía del Amor, no hacemos más que seguir el ejemplo que el Señor nos da en su revelación.

"Educar el Corazón" de los niños y jóvenes que Dios nos ha confiado a través de la Pedagogía del Amor significa, entre otras tantas consecuencias, desarrollar aquellos valores que se desprenden directamente del amor:

- Amar a Dios como "hijo" implica estimular el crecimiento de la fe, la esperanza, la confianza en su amor providente, la comunicación con Él a través de la oración…

- Amarse a sí mismo, siendo el "señor" de la propia persona, genera actitudes de autoestima, conciencia de la propia dignidad, humildad, responsabilidad, trabajo…

- Amar al mundo como "señor" del mismo implica el valor de descubrir la libertad del hombre ante las cosas, la capacidad crítica ante la sociedad, el respeto por la ecología…

- Amar al prójimo como "hermano" significa desarrollar la capacidad de entablar relaciones humanas positivas y cálidas, la solidaridad en diversas dimensiones de asistencia, promoción humana y liberación y, especialmente, la evangelización como compromiso en la construcción del Reino de Dios…

A modo de conclusión quisiera recordar que cuando hablamos de "Pedagogía del Amor" no se trata tan sólo de contemplar e intentar imitar lo que Dios obra en nosotros y el modo en que lo hace para enseñarnos a amar, sino también debemos considerar que el mismo amar es educativo, que por tanto se trata también del "Amor como Pedagogía". Que no existe valor pedagógico que impulse con mayor fuerza la realización plena de la persona en todas sus dimensiones que el "Amor".

Es evidente que en la experiencia de Murialdo no hay un gran desarrollo teórico acerca de dicha pedagogía, él simplemente hizo lo esencial: descubrió el Amor de Dios, se dejó amar por Él, lo amó apasionadamente y se puso por amor a su servicio en los niños y jóvenes pobres, amándolos fuertemente y dejándose amar por ellos.

La pedagogía del amor desde una perspectiva psicológica

«Un pensamiento que me petrificó: por primera vez en la vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas y proclamada en la sabiduría infinita de tantos pensadores. La verdad de que el amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre. Fue entonces cuando aprendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y el credo humano intentan comunicar: la salvación del hombre está en el amor y a través del amor» (1).

Siguiendo la línea del documento anterior, intentaremos indagar algunos elementos que la Psicología nos aporta acerca de la capacidad de amar que los seres humanos tenemos, nos preguntamos en primer lugar si esta capacidad existe, y si se puede educar.

No es fácil establecer las fronteras de las ciencias cuando se trata de temas que abarcan tan profundamente la naturaleza humana, como es el caso del amor, me atrevería a decir que es una frontera entre lo trascendente y lo inmanente del ser humano. C. G. Jung va a decir: «En mi experiencia médica, tanto como en mi propia vida, me he enfrentado una y otra vez con el misterio de amor, y nunca fui capaz de explicar su misterio». En este camino vamos a transitar a través de la experiencia humana cotidiana, rozando el misterio del amor. Vamos a ir desde la profundidad del psiquismo, aquello que llamamos inconsciente, hasta experiencias propias sólo de seres espirituales, que podríamos llamar de Psicología elevada, porque mira el psiquismo desde la altura de la meta última a la que puede aspirar el hombre, Dios mismo.

Todos tenemos la experiencia en nuestras propias vidas y en las de las personas que nos rodean, de sabernos amados por alguien, de amar a alguien, o al contrario, de habernos sentido rechazados, no amados, o de rechazar, tal vez incluso la sensación de no poder amar. Nos movemos como en una suerte de polaridad entre amor y no amor, y de eso dependen también nuestras conductas, nuestras opciones y por sobre todo nuestra felicidad. Pero como todas las cosas, hoy en día las palabras sufren un manoseo, que les hace perder significado y llamamos amor a diferentes cosas, sentimientos o acciones. Por eso para empezar habría que definir de qué estamos hablando, me gusta una definición:


     "El amor es la experiencia de un impulso interior,

también de una opción consciente,

que nos lleva a querer vincularnos y extender nuestra propia vida,

para promover el crecimiento integral de la vida humana" (2)


De esta definición se desprenden en primer lugar que el amor surge de una experiencia básica, íntimamente ligada a lo que llamamos inconsciente, es decir que hemos vivido, experimentado y que por algún motivo no podemos recordar conscientemente pero que se vuelve una fuerza motivadora de nuestro actuar cotidiano. A este respecto tenemos varias teorías que nos hablan del desarrollo del "yo", que va adquiriendo la suficiente energía psíquica para ir saliendo de un estado de egocentrismo hasta establecer contacto con el mundo como un ser separado e individual. A este desarrollo están íntimamente ligados los cuidados maternos, es decir, toda una constelación de atenciones, cuidados y del vínculo que se establecen entre el recién nacido y la madre o quien haga el papel de madre, que permiten al infante la sobrevivencia a pesar de la total indefensión en que se encuentra al momento de nacer y, por lo menos, en los dos primeros años de vida.

En esta primera etapa de la vida, el infante va pasando de un egocentrismo normal, a una elección de objeto, es decir de amar a "otro". Para hacer este paso tan importante tiene que renunciar a cierta cuota de energía libidinal que tiene depositada en sí mismo para depositarla en alguien que está fuera de él. Este proceso en apariencia tan simple se ve enfrentado a múltiples obstáculos, algunas veces venidos desde el medio circundante, otras desde sí mismo, de modo que van quedando carencias, vacíos, que la persona va intentando suplir con una serie de mecanismos psíquicos, todo esto siempre con el afán de adaptarse al mundo y sobrevivir.

Así, como la vida no se detiene, la persona llega a la adultez con una "experiencia internalizada" de amor, más o menos sana, con la que se relaciona consigo misma, con sus semejantes y por qué no decirlo, también con Dios.

Por otra parte la definición nos habla de una "opción consciente", es decir, muchas veces amamos porque estamos profundamente comprometidos con algo o con alguien, hemos decidido abrazar una causa, porque creemos en el valor de nuestra entrega, de un compromiso asumido. Esta opción es fundamental para la humanización de la experiencia básica de la que hablábamos anteriormente, para reconocer que el amor no es solamente un impulso que tiene que ser satisfecho. Aquí entra en juego también la libertad humana que abre al mundo de los valores y de la ética.

El amor como opción consciente nos pone de manifiesto que para amar hace falta hacer un esfuerzo, tener voluntad de amar. Querer vincularnos con el otro, extender la propia vida. El salir de sí mismo para ir al encuentro del otro, para extender nuestros propios límites en una búsqueda trascendente, trae como consecuencia un estado mayor de ser, de manera que el acto de amar es un acto de evolución y esto, claro está, implica un riesgo, porque uno extiende sus propios límites sólo superándolos y esto nos acarrea temor, una inseguridad. Tenemos miedo de perder, de no ser amados, y esos temores nos paralizan. Como seres libres siempre podemos optar, podemos elegir el esfuerzo por vencer nuestros propios límites, nuestras sombras y no dejarnos vencer por ellos. Por eso hace falta un progreso hacia el amor, ahí está el sentido de la vida.

Los límites son las fronteras del propio yo. Cuando hacemos extensión de estos límites mediante el amor, lo hacemos hacia el objeto amado, es decir un objeto exterior a nosotros que de alguna manera nos ha parecido atractivo, amable y del cual formamos una imagen interna, una representación de ese objeto incorporándolo psicológicamente a nosotros mismos y a su vez devolvemos , como en un espejo, esa misma imagen, descubriendo al otro potencialidades probablemente dormidas, que fortalecerán la autoestima, la seguridad en sí mismo, y el deseo de responder al amor del que es objeto. Así la búsqueda del propio bien, se vuelve también una búsqueda por el bien del otro, en una íntima reciprocidad, en esta clave se entiende el "amar al prójimo como a sí mismo". La meta del amor va a ser el crecimiento integral de la vida propia y la de los demás, ya que no puede haber amor verdadero que no se interese por el "todo" que implica la persona.

Volviendo al planteo inicial, de si es posible una pedagogía del amor. Me atrevería a decir que no sólo es posible sino que es necesaria, tanto para el educador como para el educando. "La salvación del hombre está en el amor y a través del amor", dice V. Frankl. La persona que ama descubre en sí misma y en el otro potencialidades dormidas, que esperan ser despertadas, se vuelve más generosa, más paciente, se valora mejor a sí misma, se siente más satisfecha y esperanzada, es más solidaria y tiene menos prejuicios , psíquicamente es más sana, tiene menos crisis, se vuelve menos dependiente, menos agresiva y perdona con mayor facilidad.

Si queremos en el futuro tener personas que amen, debemos comenzar por comprometernos con relaciones genuinas y estables de amor. Probablemente el compromiso no asegure el éxito de la relación, pero seguramente ayuda más que cualquier otro factor a asegurarla. Es este compromiso el que nos transforma en educadores que realizan una tarea por amor a los niños y jóvenes.

Bibliografía:

De Castro J., En busca del tesoro escondido. Ediciones Universidad Católica de Chile.

Lukas E.,Psicología espiritua, San Pablo.

Frankl V., El hombre en busca del sentido último, Paidos.

Peck M. S., La nueva psicología del amor, emecé

(1) Frankl V. El hombre en busca de sentido, Herder

(2) De Castro J., En busca del tesoro escondido,. Ediciones Universidad Católica de Chile.


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