P. Luis Tirado

P. LUIS TIRADO

* Ambato (Ecuador) 4 de Octubre de 1930

† Rosario de la Frontera (Argentina) 11 de Junio de 2012

 

La tarde del lunes 11 de junio de 2012, el Señor ha llamado junto a si P. Luis Tirado, de la Comunidad de Rosario de la Frontera (Argentina), hospitalizado desde hacía unos días por un progresivo agravarse de su salud ya deteriorada.

Nació en Ambato (Ecuador) el 4 de octubre de 1930. Exalumno de la escuela Josefina “González Suárez”, vivió allí la primera etapa de su formación religiosa: postulantado y noviciado (1947-48), luego Filosofía y parte del Magisterio en Tena y Quito. Realizó su Profesión Perpetua en Ambato, el 15 de Agosto de 1954 y los estudios teológicos en Viterbo (Italia) donde fue ordenado sacerdote el 14 de Marzo de 1959.

Fue el primer exalumno ecuatoriano sacerdote. Al regresar a Ecuador entregó sus primeros años de ministerio como formador en el Seminario de Ambato, despues en San Gabriel y Salinas; director de la escuela de Archidona y luego párroco en El Chaco. Durante ocho años fue director de la radio “Voz del Napo” en Tena; ecónomo en Guayaquil; director en Babahoyo y Bogotá; director y párroco en La Magdalena en Quito; director y ecónomo en Guayaquil; nuevamente en Bogotá desde 1994, en Bogotá hasta 1999, cuando pasó a Valparaíso (Chile) y luego a Argentina: desde 1999 a 2003 en Rosario de la Frontera; 2003-2007 párroco en Villa Soldati y de 2007-2012, nuevamente a Rosario de la Frontera.

Su funeral, presidido por el Arzobispo de Salta, fue una impresionante manifestación de afecto y cercanía de toda la ciudad de Rosario. La gente y los alumnos de los colegios por donde pasaba el cortejo salían a la calle o lo acompañaban en procesión. Estos días he recogido emotivas palabras de muchas personas, entre otras:

“Fuiste un ejemplo como pel sacerdote por tu humildad, bondad, fortaleza, amor y servicio a los demás. Aún enfermo, estabas dispuesto a asistir a los que te necesitaban”.

“Fuiste un buen consejero, confesor y amigo, tenias siempre las pala bras justas para alentarnos”. “En tus bendiciones, encontrábamos la paz y la fuerza que necesitabamos para salir adelante en nuestra lucha cotidiana”.

P. Luis familiarizó rapidamente con la religiosidad popular de la gente de Rosario. Tuvo que enfrentar problemas de salud y algunas dificultades de relación a nivel familiar y comunitario. Por donde pasó, fue el hombre de las bendiciones: filas de niños, jóvenes, adultos que la pedían su bendición al finalizar la Eucaristía; leía en el rostro y en el corazón de las personas y transmitía la palabra de aliento.

Desde Colombia trajo la devoción al Divino Niño. No hay en Rosario un conductor de automvil que no tenga el “carnet del Divino Niño”, entregado por el P. Luis. La Virgen María estaba siempre presente en sus oraciones con el Rosario pendiente de sus manos. A ella pedía la lluvia para el campo: “Danos la lluvia” y esta forma sencilla era muy apreciada por la gente del campo a la que dedicó parte de su tiempo en las capillas donde fue siempre bien recibido.

P. Luis fue el hombre de la escucha. Oímos decir al parroco de la parroquia vecina: “Rosario ha perdido un oído, con la muerte de P. Luis”.

Los jóvenes se acercaban a él abriéndole su corazón y sus heridas: “Hablaba y llegaba”, dicen. A los ancianos los llamaba con el cariñoso apelativo de “papito” o “mami- ta”. Los niños dicen: “nos pedía que fuéramos buenos y que nos portáramos bien”.

Pero sobre todo lo recuerdan como un hombre de oración, atento a los enfermos, pobre con los pobres, campesino con los campesinos. En el funeral, el Arzobispo Mons. Mario lo recordó como “un gran sacerdote”. Este mandato lo había recibido también del Cardenal Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires, cuando al confiarle nuestra parroquia de Villa Soldati le expresó: “visita a las familias, especialmente en los momentos de preocu- pación y angustia. Ayuda, con la mayor caridad posible, a los enfermos, confortándolos y fortaleciéndolos con los sacramentos y lleva el consuelo ante el fallecimiento de un ser querido”. Todo esto lo cumplió hasta los últimos momentos cuando ya sentía que la muerte se le acercaba. Su último gesto fue una bendición que infundió fuerza. Ahora ha escu- chado las palabras de Jesús: “Ven, bendito de mi Padre”.

En el Diario de Salta, “El Tribuno”, un feligrés, al final de su artículo del 25 de junio de 2012, escribió: “Hermano ecuatoriano: gracias por ser un siervo fiel de Dios”.

P. Pablo Cestonaro

Superior Provincial